Un niño que colecciona libros de fútbol sorprendió a Mascherano

Dylan tiene 11 años, un look de los que va de onda, y sin dudarlo hace todo para perfilarse en el puesto de arquero de un futuro de Primera. Shhh, por el momento no lo despertemos, del sueño de estar disfrutando la etapa de la niñez, los amigos del fútbol infantil y del emocionante aliento de su familia

Por Gabriel Colo López

Lo que continuará leyendo de Dylan (apellido Navarro), es una historia que se la ganó él solito, llegando a conectar y hablar con Javier Mascherano, cuando el “Jefecito” se presentó por primera vez en el Estadio de UNO.

Todo empezó cuando fue a la sede Pincharrata para la presentación de un libro. Ahí, precisamente, tuvo una charla cálida con el periodista que escribe esta nota. Dylan nos pidió que le hagamos firmar un libro de Estudiantes por los campeones del mundo de 1968: aquel día se fue a Berisso súper feliz, con los autógrafos de los dos Flores (El Bocha y el Bambi) y de dos ex presidentes, Gerardo Correbo y Edgardo Valente.

¿Cómo siguió la historieta? Dylan Navarro pidió a su madre Araceli estar la tarde en la que el ex capitán de la Selección Argentina hizo su presentación, a fines de 2019. Terminó yendo con Aldana, su maestra de sexto grado, que es re-fana del León.

-Como ya lo había reconocido el Bocha Flores, este buen hombre lo hizo pasar a una zona del campo de juego, desde donde los hinchas le tiraban camisetas para que se las firme Mascherano. Entonces, creo que el Bocha, ya cansado de doblar la cintura, agradeció que Dylan se ofreciera a ayudarlo y le concedió el sueño de pasar al vestuario, para que Mascherano le firme el libro -explica la madre-.

Fue cuando el histórico delantero campeón del mundo y de la Libertadores, lo hizo pasar a Dylan, quien quedó de frente a Javier Mascherano y a Juan Sebastián Verón.

Además de que el pibe no pasa desapercibido por su corte de pelo, llevaba el libro de “Jefe” (la biografía, que fue escrita por Andrés Eliceche y Alfredo Ves Losada).

Lo que sigue es más asombroso todavía, ya que el crack santafesino, recién llegado a La Plata y afincado en el país luego de un largo camino por Europa y China, le pidió al pequeño un favor. Sí, de Mascherano a Navarro y no al revés.

-¡Conseguime este libro porque yo no lo tengo, te lo quiero comprar!

La puerta del vestuario se volvió a abrir y el niño salió en busca de su mayor. Al poco tiempo, para las Fiestas, ya lo consiguieron.

 “Amo el fútbol… Estaba viendo las fotos que me saqué en la sede y en el estadio”, reflexiona como un adulto, mientras este año juega para la Filial Lauri de Estudiantes, y los domingos lo hace en Gimnasia y Esgrima La Plata.

Sí, eso no deja de sorprender, pero otra vez Dylan da un concepto que derrite de solo escucharlo de su timbre de voz muy tierno y tranquilo.

Cuando en el Lobo le preguntaron de qué cuadro es, el chiquilín –según su mamá-, le respondió, simplemente: “Soy del fútbol”.

Caso atípico el pichón, ya que más allá de los colores que le toque defender, él admira a todos, sea un profesional o algún jugador de su categoría. Recientemente, se lo vio muy entusiasmado con una competencia de arqueros.

“Mientras él estudie, que sea lo que Dios quiera”, le confiesa a PULSO la mujer que trajo al mundo, mientras papá trabaja como chef en la Patagonia.

Con sus hermanos bien podría armar un equipo mixto: Diego 30, Rocío 23, Florencia 22, Aldana 21, Ayrton 18, Matías 16, Dylan 11, Axel 8 y Melody 4.

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Ojalá que Dylan continúe soñando. Es la única receta para crecer y llegar a más momentos como el que vivió con este ídolo mundial.

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