El drama a distancia de la nicaragüense que vive en La Plata

María Félix Roiz nació en Nicaragua y estudia Diseño en Comunicación Visual en nuestra ciudad. En menos de dos meses, su vida y la de su familia se convirtió en un desastre por la situación en su país. En diálogo con Pulso Noticias, contó: “Desde La Plata me enteré por Facebook de que habían incendiado el restaurante de mi madre”

Por Ezequiel Franzino

María Félix Roiz llegó a su departamento, ubicado en el centro de La Plata, y abrió Facebook para enterarse de las novedades de su Nicaragua natal, que en los últimos dos meses viene atravesando una crisis política y económica que ya dejó al menos 212 muertos, 2.400 heridos y 60 desaparecidos. Entró a ver una transmisión en vivo y tardó cinco segundos en darse cuenta de que ese lugar al que un grupo de paramilitares estaba sacudiendo con morteros y bombas molotov era el restaurante de su madre. A 6.000 kilómetros de distancia no pudo hacer otra cosa que quedarse congelada frente a la pantalla de su smartphone, viendo cómo ardían las sillas, las mesas y el techo de ese lugar al que su madre le dedicó 19 años de su vida.

“Le escribí a mi mamá y no me contestaba. La llamé y tampoco. Me desesperé, fue horrible. Cuando pude hablar con ella me pidió que me tranquilizara, me dijo que ya estaba, y que comparando con personas que habían perdido a sus hijos esto era una cosa menor”, dice María Félix, que en La Plata estudia Diseño en Comunicación Visual.

Así quedó el restaurante de su madre

El caos en su país se desató el pasado 18 abril, a partir de que el gobierno de Daniel Ortega anunció una reforma que apuntaba a aumentar las contribuciones de los trabajadores y empresarios, sumado esto a medidas que atentaban contra el bolsillo de los jubilados. La paciencia se colmó: hartos de este gobierno perpetuado en el poder desde hace once años, los estudiantes tomaron las universidades y el pueblo salió a las calles para pedir la renuncia del presidente. Lejos de escuchar la voluntad popular, con balas de plomo, las fuerzas oficiales y grupos paramilitares comenzaron una arremetida insaciable. En menos de tres meses, Nicaragua se convirtió en un hervidero, y la familia de María Félix Roiz, como casi todos los nicaragüenses, empezó a vivir una pesadilla.

Antes de que pasara todo esto, la madre de María Félix tenía un auto, casa y trabajo,  una vida cómoda aunque sin lujos. Pero ahora que su restaurante ya no existe se tuvo que mudar a Miami, en donde está tratando de conseguir algún empleo que la ayude a salir adelante. No es la única de la familia que emigró: la hermana de María, que tiene 18 años y que se había venido a La Plata para estudiar Nutrición, está a punto de mudarse a España, a lo de una tía. Sus primos ya emigraron hacia Panamá y Costa Rica. Y en Managua quedaron sus abuelos, algunos tíos y su padre, que no sabe por cuánto tiempo más podrá enviarle dinero.          

“Mis padres no quieren que regrese, pero pese a que mi elección siempre fue vivir en Argentina, hay momentos en que necesito estar allá. Es muy duro pensar que a tu papá lo pueden matar de un disparo en cualquier momento. La vida es tan volátil que me replanteo si merece la pena estar tanto tiempo afuera de mi casa”, dice María Félix, con un nudo en la garganta.

En este contexto, hoy busca trabajo de manera desesperada, y el mes que viene abandonará el departamento que alquila. Sus amigos en la ciudad, que la contienen y acompañan, le aseguraron hospedaje hasta fin de año. “Estoy viviendo un momento de incertidumbre total. Aunque tengo amigos que me hacen el aguante, al estar tan lejos me siento muy sola”, dice María Félix.   

Con su país en llamas y su la familia desperdigada por el mundo, a esta joven le resulta imposible tener una vida normal en Argentina. “El otro día subí una historia a Instagram donde festejábamos en el Congreso la media sanción de la legalización del aborto y me agarró mucha culpa saber que lo iban a ver en Nicaragua. Lo mismo me pasó con un paseo en bicicleta que hice. Aunque sea para pasarla mal, me pasa que tengo muchas ganas de estar con mis seres queridos en este momento”.

María tiene ganas de abrazar a su abuelo, ese periodista que estuvo preso por defender con su pluma a la revolución, y al que ahora el gobierno tildó de traidor. Y tiene ganas de compartir tiempo con su padre, ese que a los 16 años se alistó en las columnas guerrilleras del FSLN y que pasó seis años en la montaña para luchar contra la dictadura de la familia Somoza.  

La revolución sandinista fue una cosa, y lo que hay ahora es otra totalmente distinta. De hecho muchos sandinistas dejaron de serlo, porque la situación no da para más”, concluyó María Félix.

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