¿Por qué el #VIH es una cuestión política?

Actividad en el Congreso de la Nación

“Si no fuera por el activismo y las organizaciones de la sociedad civil, las políticas públicas con relación al VIH sida estarían mucho peor de lo que están”, dijo Gustavo Pecoraro

Por Pablo Esquivel y Lauti Radovich

Ayer, 1° de diciembre, se conmemoró un nuevo aniversario del Día Internacional de la Lucha contra el VIH sida, que en el mundo en 2018 afectaba a casi 37,9 millones de personas según las últimas cifras publicadas por la OMS, y hoy en la Argentina afecta a 139 mil personas, de las que el 17% lo desconoce. Durante estos años la administración de Mauricio Macri fue responsable de la falta de medicamentos antirretrovirales y esto despertó la indignación del activismo.

Indignación que se traduce en historias en primera persona sobre la falta de políticas públicas para tratar la enfermedad y la necesidad política de que el gobierno entrante de Alberto Fernández tome esta cuestión como prioritaria.

En este sentido, el presidente electo twiteó en estos días en su cuenta: “El Estado va a asumir su responsabilidad en la respuesta al VIH. Asegurar el tratamiento, expandir el testeo, ampliar la distribución de preservativos, financiar la investigación y garantizar la ESI”. Saludamos estas expresiones públicas con la convicción de que son el resultado de la movilización y la lucha del activismo. Y sabemos también que para lograr que estas promesas se cumplan tendremos que seguir movilizades y actives para garantizar nuestros derechos.

Algunas de las políticas de ajuste en Salud que tuvieron impacto directo en las personas que viven con VIH sida en Argentina tienen que ver con:

-Faltantes en medicamentos antirretrovirales.

-Faltantes en los reactivos para realizar los tests.

-Faltantes en la distribución gratuita de preservativos y otros métodos de profilaxis.

-Degradación del Ministerio de Salud a secretaría.

Para indagar en las consecuencias de todo esto hablamos con distintxs activistas y referentxs de la lucha por las personas que vivimos con VIH y todes concuerdan en que estas políticas son una vulneración a varios de los derechos humanos más fundamentales: el derecho a la vida, a la existencia plena, a la no discriminación y a la salud.

Este complejo escenario, lejos de contar con la pasividad de las organizaciones, permitió el encuentro entre diferentes activistas y organizaciones que pudieron salir a la calle y enunciar el conflicto en voz alta. Han dado la batalla contra el estigma que impone socialmente el hecho de vivir con VIH, desafiando a la vergüenza y denunciando la (ir)responsabilidad del Estado en todo esto.

Fue así como la falta de medicamentos fue resolviéndose paulatinamente. Y cuando se producía un retroceso en algún acuerdo establecido con el activismo, la calle volvió a encontrarles en pie de lucha por todas las personas que vivimos con VIH.

Sin embargo, concuerdan, sigue habiendo una necesidad de conquistar una visibilidad más definitiva. Y no solo para exigir al Estado que, a través de la provisión de antirretrovirales garantice el derecho a la vida. Señalan que también necesitan la cura para el VIH. Una cura que le dé respuesta a una pandemia que es hoy el motor de millonarios negocios para las farmacéuticas.

Otros sectores activistas sostienen que “ni siquiera la cura es el horizonte máximo de esta lucha concreta e inmediata”. Recalcan que “la conquista de nuestra visibilidad positiva es también la lucha contra un discurso de odio que cuando reproduce el estigma y la vergüenza hacia las personas que vivimos con el virus también reproduce un odio hacia la expresión de nuestro deseo, que impugna el ejercicio de todo deseo no heterosexual, cristiano, monogámico. Es un dispositivo desde el cual estos sectores construyen política no solo para que nada cambie, sino también para retroceder en cuanto a aquellas conquistas que le fuimos arrancando a este sistema. No hablar del VIH sida es jugar el juego de la invisibilidad y la muerte para las personas positivas”.

Gustavo Pecoraro es escritor y periodista y vive con VIH desde 1993. Destaca que el VIH sida es una cuestión política porque en la Argentina si no fuera por el activismo y las organizaciones de la sociedad civil, las políticas públicas con relación al VIH sida estarían mucho peor de lo que están. Es, y sigue siendo, mérito de estas organizaciones y este activismo que se diera a conocer los faltantes de medicamentos y reactivos de los últimos años.

La lucha social y política por el cumplimiento de estas obligaciones viene de larga data, según Pecoraro. “Es por su constante exigencia desde los tiempos menemistas, que existe una Ley de sida que incluso impuso una redoblada exigencia de su actualización urgente después de más de veinte años de promulgada. Es, muy claro para todas y todos, que la degradación a Secretaría del Ministerio de Salud de la Nación bajo el gobierno de Mauricio Macri, puso a la salud de la población (y en eso incluyo -claro- a las personas que vivimos con VIH) como algo menor, secundario, de poca importancia, sin necesidad de aumento del presupuesto. Es así que nuestro cuerpos políticos se corporizan (valga la redundancia) en expresiones políticas de hecho”, reflexionó.

Plantea que se llega a otro 1º de diciembre, “distinto, pero igual”. “Ahora podemos pensar que puede volver a nivelarse nuestra calidad de vida si nuevamente salud es un Ministerio, si dejan de existir los faltantes, si hay un aumento de presupuesto, si vuelve a funcionar la Dirección Nacional de sida en relación y articulación con las organizaciones de la sociedad civil, si se aprueba finalmente la nueva Ley de Sida que trabajaron durante varios años esas organizaciones. Ojalá sea así aunque no perderemos el alerta, porque para eso todo cuerpo es político. No a veces, o según quien gobierne”, destacó terminantemente.

Desde la organización Mesa Positiva de Rosario, que reúne disidencias positivas y desarrollan una militancia sobre el tema también se refirieron a esta situación. “Recibir el diagnóstico positivo de VIH va siempre acompañado de un temor muy fuerte al estigma social. Estigma mantenido desde la ignorancia y los prejuicios, estigma que se vuelve violentamente intimidante en las aplicaciones de ‘levante’ y que nos relega a volver a encerrarnos en un nuevo armario para tragar pastillas y controlar nuestra carga viral con cierta periodicidad”. Saben que “hacerle frente al diagnóstico implica contar con una red de contención afectiva”. Pero también plantearon que “no podemos quedarnos con eso”. “Estamos sin Ministerio de salud, con recortes en preservativos, medicación, reactivos para controles de carga viral y para testeos, leche maternizada y otros insumos. El VIH es un virus político, nos atraviesa sin miramientos, profundizando las diferencias y desigualdades genéricas, raciales, de clase e identitarias que conforman nuestras multitudes”.

Las exigencias son contundentes. “Necesitamos volver a poner en agenda el pedido de la cura. Queremos producción nacional y pública de medicamentos. Insistimos en que toda muerte a causa del SIDA es una responsabilidad social y colectiva, acarrea una responsabilidad política y es efecto de políticas estatales. Nuestra salud es un derecho y no se negocia. Sin medicamentos para el VIH, nos morimos. Queremos la cura del VIH.”

El periodista y escritor, Lucas Fauno, también se posicionó. “Estoy seguro de que es completamente negligente y hasta peligroso pensar nuestras situaciones de salud como algo distante a la política. Cuando a mí me falta medicación, me faltan reactivos, cuando los reclamos se los tengo que hacer a una secretaría, porque somos uno de los pocos países en el mundo que no tenemos ministerio de salud, estoy hablando de un sistema de salud, de decisiones del Estado”.

Resaltó con claridad que “el Estado nunca está ausente”. “El Estado ha tomado decisiones sabiendo las consecuencias sobre nuestros cuerpos. ¿Y cuáles son esos cuerpos? Los abyectos, periféricos, los que no responden a la heteronorma, al machismo, a su conveniencia capitalista”.

Estos cuatro años del gobierno de Cambiemos han sido duros para las personas que vivimos con VIH. Sin embargo, haciendo el esfuerzo de construir una oportunidad a partir de una dificultad, nos ha servido para poner el tema en agenda, para gritar en el terreno de lo público que el Estado es responsable de las muertes por SIDA, de todos los faltantes que garantizan el derecho a la salud de las personas que vivimos con VIH, que debemos seguir batallando en contra de un estigma social que condena nuestro deseo a la vergüenza y la clandestinidad y que por todas estas cuestiones el VIH es una cuestión política.

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