Aguer, mentiras sobre el Provolo y verdades sobre el caso Lorenzo

El arzobispo emérito Héctor Aguer junto al cura denunciado por abusos sexuales, Eduardo Lorenzo

Mientras el arzobispo emérito de La Plata dice que en la sede local del Provolo no hubo abusos, es nuevamente acusado por uno de los denunciantes de Eduardo Lorenzo, otro de sus protegidos. Leé aquí lo que dice el expediente canónico que él firmó en 2008

Por Estefanía Velo y Daniel Satur*

La Iglesia Católica está viviendo una semana de mucha conmoción, luego de recibir dos condenas contundentes contra los curas encargados del Instituto Provolo de Mendoza, Nicola Corradi y Horacio Corbacho. Como se sabe, el primero de ellos fue “trasladado” desde la sede fundacional de Verona, Italia, donde también cometió abusos sexuales contra niños sordos. A pesar de ello, la curia decidió enviarlo a Argentina para cumplir la misma función y permitió que otros infantes sufran lo mismo. 

Apenas conocidas las condenas, el Arzobispado de Mendoza difundió un comunicado de “solidaridad” con las víctimas. En la misma línea, este miércoles el Vaticano, a través del obispo auxiliar de La Plata Alberto Bochatey (designado por Francisco “comisario apostólico” para investigar el caso Provolo) dijo en otro comunicado que la Iglesia está comprometida con la verdad y la justicia y espera que estas condenas reparen y den “paz” a las víctimas. Ambos hechos causaron aún más indignación en gran parte de la sociedad que considera a la jerarquía católica como cómplice de esos crímenes.

Entre ambos comunicados “oficiales”, generaron gran controversia las declaraciones del arzobispo emérito de La Plata, Héctor Aguer, quien aseguró que en la sede del Provolo platense “no hubo abusos”. Sin embargo en La Plata, la fiscal Cecilia Corfield está investigando al menos ocho denuncias que existen contra los curas Nicola Corradi y Eliseo Pirmati (este último enviado por Aguer y Bochatey en 2017 a Italia) y José Britez, un exprofesor de informática del colegio. Aguer, el tan mediádito arzobispo que últimamente gusta aparecer en diarios y radios ultrajando a lesbianas, gays, trans y travestis, ahora, revictimiza a los sobrevivientes del Provolo de La Plata. 

Para Aguer no hubo abusos en el Provolo platense ya que “nunca ha habido en la sede arzobispal una denuncia”. Sin embargo, aunque existan denuncias en el arzobispado las máximas autoridades de la Iglesia seguirán negando los delitos cometidos por sacerdotes. Tal es el caso de Eduardo Lorenzo, exsacerdote de Gonnet y excapellán mayor del Servicio Penitenciario Bonaerense.

Al conocerse las declaraciones del arzobispo emérito, Julio Frutos, quien en 2008 denunció por primera vez a Lorenzo, tanto canónicamente como judicialmente, emitió una carta pública. Allí dice: “Hace once años lo anoticié personalmente de que un sacerdote amanecía en la cama matrimonial de su parroquia con un menor de edad y que a la mañana siguiente podía constatarlo con solo apersonarse allí tras caminar las cuadras que lo separaban de su cómodo palacio arzobispal. Fui entretenido con promesas y maniobras dilatorias hasta que decepcionado a los tres meses de ello hice la denuncia penal correspondiente”.

Según pudo constatar este medio, en septiembre de 2008 el vicario judicial José Luis Kaufmann “investigó” la denuncia presentada por Frutos, convocó a otros sacerdotes y laicos religiosos a declarar en la sede eclesiástica y llegó a conclusiones que, si bien salvaron al cura de ser condenado por abusador, permitieron “amonestar” internamente a Lorenzo. Kaufmann expresa en el escrito enviado a Aguer, el arzobispo de ese momento: “Aparecen reiterados hechos que no condicen con la conducta que debe observar cualquier sacerdote y aún más si cumple funciones de conducción pastoral”.

“Se le atribuyen al Pbro. Lorenzo el haber: ´humillado, insultado, y menospreciado`, ´calumnias gravísimas´, ´carácter violento, irritable e irascible´, ´injurias y acusaciones´, ´manejo de menores´, ´preferencia de trato con varones´, ´enfrentamientos con distintas personas´, ´notas de agravios o amenazas´, ´frecuente habladurías contra personas´, ´se dirige de forma despectiva a gente mayor´, ´gran cantidad de enfrentamientos con catequistas, gente de la comunidad´”. 

Otras de las conclusiones a las que arriba el vicario Kaufmann es que “uno de los jóvenes mencionados, se queda habitualmente a pernoctar en la casa parroquial (…) cosa que reconoce abiertamente el mismo Padre Lorenzo aunque dice que cuando él no está”. 

Ante esas conductas, y otras, Kaufmann asegura en el expediente eclesiástico que “estamos ante un sacerdote que tiene un proceder habitual encuadrado en los delitos en el canon 1389: ´abuso de la potestad eclesiástica´. Todo lo cual reviste cierta gravedad y conviene que, al menos, el sacerdote sea canónicamente amonestado (por escrito y ante dos testigos)”.

Entre las sanciones impuesta por las autoridades eclesiásticas, lo comprometen a “no hacer más reuniones con comidas incluidas” –según indican los denunciantes, Lorenzo se reunía con jóvenes donde había comidas y alcohol y luego los manoseaba y hasta llegaba a violarlos-. Otra sanción es que “se abstenga de continuar con la costumbre de hablar de más” y que pida perdón a las personas humilladas. 

En diciembre de 2009, la máxima autoridad de la Iglesia de aquella época le solicitó a Lorenzo que proceda con prudencia y evite la exposición pública. Cuestión que el actual arzobispo Víctor Fernández ha dejado de lado, ya que motivado por él mismo en enero de este año han intercambiado cartas a través del diario El Día. Tampoco impidió que aparezca en canales de televisión amedrentando y amenazando con iniciarles causas penales a quienes “hablaron en su contra”, o mejor dicho, a quienes contaron lo sufrido por él.

A pocos días de que se concrete un casi seguro procesamiento y una probable prisión preventiva de Lorenzo ¿podrán Aguer y “Tucho” Fernández decir que nunca estuvieron al tanto de los hechos? O más bien, luego serán los encargados de pedir perdón como lo hizo el obispo auxiliar de La Plata, Alberto Germán Bochatey, por los delitos del Provolo.

El denunciante de Lorenzo, Julio Frutos, dice en su texto de respuesta a Aguer que el arzobispo emérito “es un provocador. No un provocador cualquiera, sino uno sagaz, inteligente y ávido de notoriedad. Se asemeja a ese ilusionista que camina sobre las aguas como si poseyera atributos sobrenaturales y cuando acercamos la lente vemos que apoya cada paso en imperceptibles piedras sumergidas”. 

Frutos agrega que desde hace tiempo pudo darse cuenta de “que las declaraciones aguerianas son bombas de estruendo que se tiran para distraer, asustar o desorientar, nunca esclarecer. Las realiza  consciente de apoyarse en conceptos que atrasan siglos o en postulados que puede rebatir cualquier principiante de las disciplinas en las que opina”. 

Y que, al calor del caso Lorenzo que lo tiene como denunciante, “si algo quedó palmariamente demostrado es que Aguer nunca mostró vocación de buscar la verdad de los hechos, ni de aceptar la realidad,  ni de de aplicar los remedios indicados para enfrentar la problemática del abuso sexual eclesial”.

* Una producción de La Izquierda Diario y Pulso Noticias.

ACÁ PODÉS SEGUIR TODA LA INVESTIGACIÓN DE EDUARDO LORENZO, EL CURA IMPUTADO POR ABUSOS SEXUALES AGRAVADOS


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