Volver a 1 y 57, ese lugar que siempre estuvo conmigo

Foto: Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)

Por Camila Pérez Rodríguez

Tenía unos 14 años y estaba fascinada por ver semejante estructura desde adentro. Nunca había estado en el campo de juego. De repente, apareció mi viejo con una pala y empezó a marcar el círculo que nos íbamos a llevar a casa: un pedacito de 1 y 57 para el patio… esa fue la última vez que estuve ahí.

Cuando salimos abrazando nuestro cascotito verde como un tesoro, unos hinchas estaban ofreciendo una estampa muy artesanal con un stencil con la figura del emblemático cartel de 1 y 57. Yo elegí pintura roja sobre una remera blanca.

Con los años, el pedazo de pasto se perdió entre el resto y la remera se achicó o yo me agrandé. Igual nunca dejé de recordarle a cualquiera que visitara mi patio que ahí había pasto de la cancha de Estudiantes. Tampoco dejé ir la remera, por supuesto que no. Con mucho cuidado recorté la estampa y la transformé en un parche.

Así como el pedacito de verde que se fundió con el de mi patio, así como la estampa casera del cartel de 1 que mutó en parche para otra remera, así Uno dejó atrás los tablones para ser hoy uno de los estadios más avanzados y modernos del mundo.

Difícil resumir en unas pocas palabras todo lo que significó caminar por primera vez por el Paseo de Los Profesores. En primer lugar sentí sorpresa, porque no esperaba un espacio tan amplio, tan amigable y eso mismo le pasaba a todas y todos los hinchas que ingresaban, luego de sacarse la selfie obligada bajo el cartel que les daba la bienvenida a casa. Después me invadió la alegría, acompañada por los y las artistas que estaban recibiendo a toda la familia pincha. 

Luego de pasar un largo rato en el Paseo llegó la hora de entrar a la cancha. Tal vez pospuse el momento porque me generaba un poco de ansiedad: un lugar tan deseado estaba muy cargado de expectativas y deseos. Pero otra vez, Estudiantes cumplió. La cancha era mucho más de lo que alguna vez había proyectado. Cuando el sol se escondió y las tribunas ya estaban colmadas, la iluminación del nuevo estadio dejó a todos boquiabiertos.

La familia pincha revivió los momentos más gloriosos de la historia del club, que resultaron ser también los más emotivos para quien escribe.

Al final, el partido de cierre nos permitió volver a gritar un gol del Tecla, de Caldera, un penal de la Bruja y hasta un cabezazo de Chiquito Bossio (como con Racing) que hizo enloquecer a la hinchada.

En resumen, fue una jornada que combinó los recuerdos de las glorias pasadas con un poco de nostalgia pero que también mostró y exhibió lo que el club está haciendo en el presente. La nueva cancha es una muestra patente de los tiempos modernos que corren, pero también lo fue la inclusión de las jugadoras del fútbol femenino del club, que no se achicaron ni un poco y cerraron el gran festejo con unos cuantos gritos de gol.

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