Un dolor que moviliza: San Nicolás grita “Ni una menos”

La ciudad de San Nicolás se vio sacudida por un fuerte caso de violencia de género el pasado viernes. Daiana Almeida, la joven enfermera, suma pesar en la localidad bonaerense al convertirse en una nueva víctima del sistema machista que la justicia respalda en su carencia de accionar 

Por Carolina Mitriani para Pulso Noticias

Soñaba con ser mamá. Sólo nació el dolor. Daiana Almeida tenía todo listo para casarse en el mes de Febrero pero un desgarrador final le arrebató la posibilidad de seguir soñando, sanando y germinando. 

Salía de trabajar en el Hospital San Felipe de la ciudad de San Nicolás como cada medianoche, tras cumplir sus horas laborales en enfermería. Como una broma de mal gusto, quien fuera su paciente semanas atrás -luego de ingresar con graves heridas a la guardia hospitalaria, fruto de una riña carcelaria- se encuentra como principal sospechado de haber puesto punto final a una vida llena de proyectos.

Silvia, madre de Daiana Almeida, acompañada de sus familiares en la movilización. Foto: Virginia Bertetti

Las redes sociales oficiaron de pantalla para desesperantes horas en las que se esperaba una señal de esperanza que notificara que Daiana estaba bien. Como muchas mujeres, salió y nunca más volvió. No fue el largo de la pollera, no fue la hora, no fueron las fotos provocativas. Fueron sus ganas de ser libre. Fue un femicida. 

Caía la tarde en San Nicolás cuando los rastrillajes en la zona conocida como Molino Santa Clara dieron a luz la moto en la que ella solía desplazarse, en la que pudo observarse su último trayecto a través de distintas cámaras de seguridad. A los pocos minutos, en las cercanías, lo que nadie quería ver: el cuerpo de Daiana había sido descartado en un descampado. Con saña, la joven enfermera fue asesinada tras recibir cortes en su cuello, seguido de un golpe en la cabeza; como si fuera poco, su torso estaba desnudo y los signos de defensa resultaron evidentes ante las pericias.

Sus 30 años quedaron reducidos a las cenizas que el acusado creó con las prendas de vestir que habrían estado en aquel descampado la noche en la que reinó el dolor. Huyendo a pie, camino a Rosario, fue encontrado Miguel Ángel Nievas. Cerca del cierre de la movilización fue notificada personalmente la madre de Daiana acerca de la detención. La causa a cargo del fiscal Ariel Tempo se encuentra caratulada como “privación ilegítima de la libertad agravada, homicidio criminis causa, homicidio agravado por violencia de género y abuso sexual seguido de muerte” y una ciudad entera espera en la simplitud de sólo dos palabras: condena perpetua.

Histórica movilización nicoleña. Foto: Leo Cuevas

Una fila de ambos encabeza la marcha con una bandera que reza “No aparecemos muertas, nos matan”. La fuerte voz de uno de los compañeros de trabajo de Daiana comanda las cuadras llenas de nicoleños que mezclan en el aire bronca y tristeza. Una de las movilizaciones de mayor convocatoria en la historia de la ciudad abraza simbólicamente a Silvia, una madre que ya no puede abrazar a su hija y sólo tiene como consuelo llevar flores a la tumba, rogando por una resolución que no dé lugar a otra víctima.

El desamparo estatal en políticas de género es tal que Miguel Ángel Nievas -principal y único acusado en el caso- cuenta con un fuerte prontuario que incluye causas por robo, abuso sexual y homicidio. La falta de consonancia entre los tiempos de prisión es lo más llamativo, dando como saldo el incumplimiento de la totalidad de sus sentencias en la unidad penal. Cabe destacar que la Unidad Penal 3 cuenta con uno de los mayores índices de sobrepoblación, teniendo poco sentido de rehabilitadora. Sumando a esto, las malas praxis de quienes garantizan libertades equívocas es quimérico pensar en la reinserción social óptima de quienes cumplen la totalidad de sus sentencias.

Foto: Las Mariposas SN

“$11,36… menos que un alfajor”, así definen las representantes de Las Mariposas San Nicolás al presupuesto que se destina diariamente por mujer en nuestro país en políticas de género. Esta agrupación trabaja ad honorem brindando todo el acompañamiento que un estado ausente no aporta, además de la empatía digna de pares que vivieron desde muy cerca los vestigios del machismo.

Las biromes con las que se firma el rumbo de la vida de cada mujer argentina resultan tan dañinas como las armas que portan los que dan el punto final en la escena del crimen. El reloj sigue corriendo, los rostros en afiches que auguran una aparición sana y salva se renuevan constantemente. El dolor crece y la política desaparece.

Daiana Almeida soñaba con escuchar un “sí, quiero” pero el cielo de San Nicolás cambió sus acordes para estallar al grito de “justicia”. La utopía, nuevamente, no tiene lugar. La historia se repite: las pibas en la basura y el Estado ausente.

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