Si faltaba algo: el Libro UNO que hablará por tantos hinchas del tablón

Mientras la comisión directiva trabajaba en los detalles del regreso, y los obreros a cada segundo colocaban un material de la construcción nuevo en la casa, hubo un equipo editorial que realizó el Libro “UNO, Estadio Jorge Luis Hirschi”. Un colaborador de Pulso Noticias participó de esa obra de colección

El estadio Centenario que Uruguay se construyó en ocho meses para el primer Mundial en 1930 se llamó Centenario, para celebrar el cumpleaños de la Constitución que un siglo antes había negado los derechos civiles a las mujeres, a los analfabetos y a los pobres. “En las tribunas no cabía un alfiler cuando Argentina y el local disputaron la final”, escribió Eduardo Galeano en el Fútbol a Sol y Sombra, un librazo.

El estadio “Jorge Luis Hirschi” lleva el nombre de un hombre que a principios del siglo diecinueve reunió a tantos pibes para jugar a la pelota. Su apellido de origen suizo hoy es más nombrado que nunca, lo que pone orgulloso al veterinario platense Mario Fregossi –ex referí también, que llegó hasta AFA- que tiene lazos familiares directos con los Hirschi. “Viví al lado de su hermano Omar hasta el último día de su vida. Omar era el 10 y jugaba mejor que Jorge, que era 11”, le dice a PULSO. Este año, el “Hirschi” ,ese terreno que sigue en el mismo lugar desde hace 102 años, es epicentro de todas las miradas por una inauguración que tardó 14 años.

Pero además habrá de ser el título de otro librazo: “UNO, Jorge Luis Hirschi”. Una perla en el océano de papel del archivo de libros que engalanan al Club Estudiantes de La Plata y al deporte en general. La empresa Grafikar concluyó esa obra pero recién se presentará a fin de este mes (no tiene definido el día) en el propio Estadio. Se la jugaron y les salió muy bien, porque está casi agotado. Los primeros mil que lo adquirieron tuvieron un privilegio: fueron fotografiados y filmados para ser incluidos en las páginas a color, de este Libro que –a tono con la maravillosa cancha- tiene tecnología de altísimo nivel: incluye relatos, videos, y permitirá que aquellos no videntes puedan acceder al contenido, gracias al trabajo con las autoridades de la Biblioteca Braile.

“UNO, Estadio…” está dedicado a la vida deportiva, social y cultural que transcurrió  desde aquella Navidad de 1907 de la inauguración real, hasta estos días, en que los arquitectos y los ingenieros dieron nacimiento a un nuevo espacio, moderno, reemplazando a los tablones que dejaron una marca en el fútbol mundial. Ya no están el restaurán, la pensión, las piletas, el tinglado, la auxiliar.

Palabra de escritores

El “field” que ahora está cambiado desde todos los ángulos que se lo mire, cuenta por supuesto con las fotografías de los momentos más atrapantes de la historia: desde Los Profesores, el inventor de la rabona (Beto Infante), los clásicos, aquellos enfrentamientos a capa y espada con los equipos de Avellaneda, y una particularidad: “La única vez que realmente Estudiantes logró dar la vuelta olímpica al finalizar una final fue en 1969, hace cincuenta años, después de ganarle 2 a 0 el partido desquite a Nacional de Montevideo”, narró Gabriel López, periodista de PULSO, que se encargó de trabajar sobre el tramo de 1960 a 2005, cuando empezó la demolición, el peregrinaje y la construcción.

Felipe Rodríguez, otro escritor platense, se encargó de afinar su visión para plasmar en el papel todos los avances, lo nuevo, el futuro. “Investigar planos, charlar con gente especializada, tiene que llevar a que cualquier persona pueda comprenderlo; además, no fue fácil conseguir la información. El mismo campo de juego es completamente innovado  y, aunque en un principio se pensó que era artificial, un 90% es césped natural. UNO fue pensado no únicamente como un estadio de fútbol, sino con un concepto innovador, como un anexo del bosque con la ciudad, con características sustentables”, destacó el más joven del equipo editorial.

Entre fotógrafos, camarógrafos y diseñadores, fueron once integrantes. El Estadio los movilizó como si fueran a jugar realmente una final, contando lo de ayer y lo de hoy. A propósito, quien comenzó la novelesca obra con su pluma exquisita, es el socio Rafael Labourdette, quien ya había tenido la posibilidad de sorprender con un libro sobre la vida del símbolo del amateurismo en Estudiantes: “El Toro” Calandra. Desde el primer clásico, el primer hecho de violencia, y el incendio de la techada, pasando por la línea delantera que ahora le dará nombre al bajo tribuna de calle 55, “El Paseo de Los Profesores”. Sí, es que Guaita, Scopelli, Ferreyra, Lauri y Zozaya paseaban a todo el mundo que llegara a esta tierra… cuando era más polvo que pasto.

Con su hinchismo que le brota por los ojos, el Rafa –aquejado por algún problema de salud- se hizo firme en cada renglón de este trabajo y en diálogo con PULSO no pudo dejar de hablar como lo que es: un agradecido de tantos regalos que el Pincha le hizo en sus 58 año s de vida. Y aclaró: “el pino que han colocado no es el tradicional, es un ciprés, que es el prolijito, lo sé porque estudié agronomía unos años. El que estaba era una que expande sus ramas y hojas hacia los costados. De chicos íbamos a jugar al metegol cualquier día, en una niñez en que sólo nos molestaban las hojitas que caían sobre el juego”.

Hay quienes a su barrilete de sueños de hincha florecido en los años ’60, más tarde los llevó a ese “sacerdocio” de cumplir un rol en la dirigencia. Por caso, Daniel Ridner, que empezó en 1986 en Cultura y Relaciones Públicas, y aprovechando el marco festivo, entre mil anécdotas, evocó una de la última fiesta que mezcló a futbolistas, números artísticos y sorpresas: “Me acuerdo que para los 100 años (en 2005) trajimos a la murga Falta y Resto. Nunca voy a olvidar que ese mismo día se cumplían dos años de la desaparición de López y cuando pasaron por delante de la cancha obviamente paramos todo para hacer un minuto de silencio”.

Muchos de los campeones del mundo empiezan a ponerse el mejor traje, que después deberán sacarse para lucir la rojiblanca a rayitas. Por allí andará Ruben “Pelusa” Bedogni, delantero al que Zubeldía le hacía tirar desde la esquina hasta que le saliera perfecto. Esa filosofía Pincha de la perfección que es un reflejo de su escenario flamante. Pero no todo es material. Los que están allí adentro saltando, abrazándose, emocionados, son los que realmente quedan en el alma. Los consejos para los chicos del mañana, función que justamente Bedogni lleva a cabo en la escuela secundaria que está en el Country: “¿Sabes que pasa, Colol? La etapa de jugador es corta y lo más valorable es el recuerdo como persona, que es lo que mantiene la vida del hombre y deja el ejemplo para sus hijos. En eso apunta Estudiantes desde siempre, y lo llevó a ganar títulos, a los juveniles que además del desarraigo hoy viven en un mundo con unas diferencias sociales cada vez más intensas”.

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