El Festival Capital convirtió a La Plata en un epicentro musical

El Estelar Manuel Moretti, cálido con el público platense que lo vio nacer (Fotos: gentileza de Sebastián Pavlotsky)

26 bandas en escena, feria, juegos, stands de comida y ecología, por más de doce horas hicieron de la República de los Niños una verdadera fiesta a la que asistieron más de 15 mil personas. Un evento que promete reeditarse

Atrás quedaron los tiempos en que había que trasladarse unos cuantos kilómetros para ir a un recital lleno de bandas. Este fue un año de suerte para La Plata porque con el Festival Capital se sienta un precedente para la ciudad como epicentro de la música.

Lo cierto es que el sábado asistieron a la República de los Niños -a una jornada integral de doce horas- más de 15.000 personas; en donde a pesar de que los artistas musicales fueron protagonistas, hubo lugar también para compartir juegos, pintarse con glitter, recorrer La Vintage y observar las distintas propuestas sostenibles de stands como Mugre. También habían un par de food trucks y un espacio destinado a la bebida, lugares que tenían largas filas porque no llegaban a contener la amplia demanda.

La idea de la productora Gonna Go -que entre otros eventos organiza los Baradero Rock- no decepcionó a los locales, y puso al evento a la altura de la sed musical de los asistentes. El final del mediodía fue el comienzo del Festival en la voz de los platenses Looking up, seguida por la multifacética Sol Pereyra y el poeta español Muerdo. Ya después, llegó Miss Bolivia, que con su multi fusión y la de su equipo, selló la primera parte del Capital.

Para las cinco cuarenta de la tarde el predio estaba en su máximo explendor, copado de gente jugando metegol y disfrutando de los dos escenarios que funcionaban sincronizados: el Lng y la Carpa Monster. A las seis fue el estallido de Cuarteto de Nos, uno de los grupos más convocantes del sábado que la rompieron en el Spotify con clásicas como “jueves” pero que paseó a los espectadores por varios de sus últimos cortes. 

La puntualidad con que comenzaban y terminaban las bandas fue estricta, y salvo por el cierre que se demoró unos minutos, la gente se trasladaba con prisa de un escenario a otro para no perderse de nada. La noticia de la noche la dieron los Jeites: primero porque desbordaron la carpa y la gente se amontonaba afuera para escucharlos sonar, y después porque anunciaron que el 3 de noviembre iba a ser su última fecha oficial en el Kónex. Un impass en la banda que dejó varios cabezas descolocadas en pleno movimiento.

Ya después, cuando la luna se acomodaba entre las nubes y las cúpulas de la mini ciudad de La Repu, llegó el último tramo del festival. Lisandro Aristimuño y su banda de vientos sonaron como los dioses, una de las voces más destacadas de la jornada. Después, en diagonal sonó El Kuelgue, histriónicos y versátiles también fueron uno de los más acogidos por el público.Y después ya vino el cierre, con grandes bandas originarias de la ciudad como Los Estelares y Guasones, que reivindicaron a las diagonales con sus letras y entre tema y tema agradecieron la presencia en esa noche. Y cuando se escuchaban las cumbiachas que cerraban la fiesta en la Monster llegó el turno de La Delio Valdez, un final a todo baile a la una de la madrugada. Tal vez ahí sí, como en todo final, la gente quería un poco más.

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