Sucre: la cultura freestyler de La Plata encontró su lugar

La improvisación con rimas es un fenómeno que no para de crecer entre los jóvenes latinoamericanos. En nuestra ciudad existe una productora que, a base de organizar eventos y competencias, fue ganándose un lugar en la escena. Los cañones apuntan al Festival Capital, el 5 de octubre en la República de los Niños

Por Lautaro Castro

En los últimos años, el freestyle ha ido ganando terreno en la cultura urbana del país. Cada vez más pibes y pibas se acercan a las plazas y se animan a improvisar rimas sobre una base musical de hip hop, como una forma de canalizar sentimientos y realidades. Hace tiempo que dejó de ser novedad para convertirse en algo cotidiano.

La historia de la productora Sucre va de la mano con esta tendencia. Nació hace tres años, en La Plata, con el objetivo de instalar y difundir la cultura freestyler en la ciudad y alrededores. Desde entonces, el crecimiento fue constante: “Empezamos con competencias en plazas, donde los pibes suelen hacer una ronda para rapear y otros los miran. Hoy las combinamos con eventos en distintos escenarios y teatros. También tenemos talleres de rima como espacios de formación. Buscamos generar diferentes lugares de encuentro”, explica Ludmila Cumo, quien se desempeña en el proyecto como host (organizadora general).

Para encontrar el punto de quiebre que marcó el desarrollo de la disciplina hay que retrotraerse al año 2012, cuando surgió la competencia “El Quinto Escalón”. Esta experiencia, que durante cinco años congregó a miles de jóvenes en el Parque Rivadavia de Caballito, tuvo tanta repercusión en YouTube que se expandió rápidamente a distintos puntos del país. Así, el freestyle comenzó a federalizarse.  

“Se fue corriendo la bola y eso hizo que otras competencias comenzaran a crecer. La idea era que aquellos chicos que no se podían acercar hasta Buenos Aires accedieran a puntos de encuentro más cercanos, como por ejemplo la Sucre en La Plata. Hoy tenemos un promedio de 150 inscriptos por domingo y eso antes era impensado”, cuenta Ludmila, estudiante de Comunicación Social en la UNLP.

El rango de edades de los chicos que hacen freestyle oscila entre los 17 y 25 años, aunque también ha habido algunas participaciones de menores de diez. En el caso de los que recién empiezan, Cumo destaca el apoyo de los demás: “Hace poco, un chiquito de siete años fue a la plaza con los padres, se anotó y la rompió. Era la primera vez que rapeaba adelante de la gente. Los que estaban le hicieron el aguante en todo momento y eso te da la pauta de que existe un apadrinamiento hacia aquellos que todavía no se animan o se están iniciando”.

La liga local consta de una etapa clasificatoria a la que se anotan todos los que desean competir. A medida que pasan las batallas, un jurado decide quiénes son los más aptos para rapear en las distintas fechas. Finalmente, en cada una de estas jornadas, entre 16 y 24 competidores darán lo que mejor de sí para consagrarse campeones. 

Ganar una fecha puede significar la puerta para participar en certámenes a nivel provincial y nacional, organizados por productoras extranjeras como Red Bull o Batalla de Maestros (BDM) ¿Qué es lo máximo a lo puede aspirar un freestyler? Ser campeón de la Final Internacional de Red Bull Batalla de los Gallos, la competencia más importante del mundo. El argentino Valentín Oliva, conocido como Wos, se consagró el año pasado y el 30 noviembre defenderá el título en Madrid.

¿Qué aporte crees que hace el freestyle a la cultura juvenil?  

—Rompe todo tipo de barreras. Podes ver chicos de 10 años rapeando con otros de 25, enseñándose cosas mutuamente. O uno de City Bell compartiendo una birra con alguno de la villa. Los pibes con las pibas…No importa edad, sexo u origen que tengas. Siempre va a resaltar el ingenio y la capacidad de expresar con rimas. Es una cultura que nació en la calle como una forma de protesta, para exteriorizar muchas cosas. Lo destaco en las chicas que rapean hoy, que lo utilizan para marcar actitudes machistas en el ambiente o la lucha que llevan adelante. 

Para llegar lejos como freestyler, aclara Ludmila, es necesario contar con una formación lo más completa posible. Esa será la base para una buena improvisación: “Hay que leer sobre cultura general, historia, música; mirar documentales; saber de gramática, estructuración de rimas y un montón de cosas de la lengua. Todo eso, complementado con práctica. El más capacitado es el que más sabe, esa es la realidad”.

El 5 de octubre, en el marco del Festival Capital, Sucre tendrá su espacio. La idea para ese día es organizar una competencia exhibición 3 vs 3, de la que participarán los tres punteros de la liga local, el ganador de la fecha 7 (se conocerá este domingo), Saga –referente femenina a nivel nacional- y G5, uno de los exponentes con mayor ascenso en el último tiempo.

¿Qué implica para ustedes formar parte de este tipo de eventos?

— Nos permite mostrar lo que hacemos a un público amplio. De todas formas, es algo que venimos experimentando desde hace un tiempo, por ejemplo, con eventos que organizamos en Pura Vida o Rey Lagarto. A esos lugares va un público más rockero y, más allá de eso, la gente se copa y la pasa muy bien. Nos gusta el desafío de exhibir esta rama de la música en otros tipos de ambientes.

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