El políticamente correcto “no estar en las calles” de Alberto Fernández

Alberto Fernández en su paso por Tucumán

El candidato a presidente del Frente de Todos hizo declaraciones que parecieron desalentar la lucha de las organizaciones sociales que reclaman por el hambre en la Argentina. Su planteo puede leerse de diferentes maneras, menos de alguien que se la juega

Por Facundo Diorio

El candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, se refirió anoche al reclamo que mantienen diversos movimientos sociales por la sanción de la ley de Emergencia Alimentaria, e instó a que “eviten estar en las calles y generar situaciones que puedan llevar a la confrontación o la violencia”.

Lo hizo tras ser consultado por los hechos de violencia que se generaron cuando la Policía reprimió a una columna de manifestantes durante una movilización en la avenida 9 de Julio. “Todos sabemos de la justicia de los reclamos, pero debemos intentar no complicar más el escenario difícil que tenemos”, reconoció en una conferencia de prensa desde la provincia de Tucumán, donde encabezó un encuentro con representantes industriales y la CGT.

Lejos de poner el énfasis en el repudio a la violencia de la represión policial, quien tiene amplias chances de ser el próximo presidente instó a los argentinos (aunque no deja de ser un mensaje indirecto a esas organizaciones) a “no perder la calma”, porque, dijo, “lo peor que puede pasar es que los nervios le abran paso a los violentos”.

El hombre fuerte detrás de Cristina Fernández consideró que si el presidente Mauricio Macri “está dispuesto a corregir las partidas presupuestarias necesarias para que la alimentación llegue a todos los argentinos, bienvenido sea”, pero insistió con el pedido de “serenidad”.

¿Está Fernández diciendo lo que conviene en tiempos electorales o es realmente una prefiguración de su intención de gobierno? Hay quienes podrían pensar que intenta seducir a los defensores a ultranza de la democracia parlamentaria, que descartan siempre la movilización en las calles. O hasta habrá algún otro que entienda que está cuidando a los manifestantes de los posibles costos de la represión. Pero también puede haber quien crea que en realidad ya está anticipando el espíritu de su gestión.

Cualquiera puede hacer su interpretación. Pero es inevitable preguntarse por qué no habría de decir lo contrario. Que sí está bien que la gente se manifieste por el hambre y la miseria que viene generando este gobierno a través de sus medidas. Y sobre todo si se habla de algo tan básico como el acceso a los alimentos, o del ínfimo salario de un trabajador cooperativista. ¿Quién puede vivir con 7.500 pesos? ¿Habrá pasado alguna vez Fernández por la situación que viven los sectores más postergados como para decidirse a salir a la calle, pasar la noche y el frío?

Por lo pronto, las protestas sociales se seguirán intensificando conforme se agudice la crisis económica y el gobierno continúe sin dar respuestas concretas. Y como cualquier expresión de descontento, representan una amenaza tanto para los que se van, como para los que vienen. Si las quiere evitar, tendrá que demostrar que está dispuesto a satisfacer esas necesidades. Y de no hacerlo, deberá al menos respetarlas.

Después de todo, a excepción del actual gobierno, fueron siempre los grandes movimientos populares quienes le marcaron al cancha a cada uno de los presidentes. Si la soga al cuello de los trabajadores no se descomprime, quienes asuman en diciembre no serán la excepción. Porque no alcanza para vivir dignamente.

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