“Salió mal”: narcotráfico, consumo y criminalización

Con estadísticas y testimonios crudos, Walter Martello acaba de terminar un libro donde propone una nueva perspectiva para combatir al narco y explica el circuito trágico de la droga: calle, cárcel, cementerio

Cuando cotejó datos, escuchó testimonios y profundizó su investigación, Walter Martello, Defensor del Pueblo Adjunto General de la Provincia se dio cuenta que la mayoría de los adictos a las sustancias (legales e ilegales) ingresaban al mundo que los consumiría a los 14 años, la edad de su hijo menor. Junto al equipo que coordina en el Centro de Estudios Pensando en Generar Políticas Públicas, decidió continuar el abordaje sobre drogas que había comenzado con Dársela en la pera, libro del que es coautor, y escribió Salió mal.

A lo largo de casi 250 páginas, el funcionario aborda los distintos paradigmas de lucha contra el narcotráfico en la región, propone un cambio de modelo y centra la mirada en los consumidores, cuyos testimonios le ponen voz a una tragedia social que se piensa desde la seguridad, pero nunca desde la salud. Antes de su publicación, Martello habló con Pulso Noticias y dijo esto:

¿Cuál es el estado actual del país en relación a las drogas?

Es preocupante. Argentina dejó de ser un país de tránsito y hoy el 70% de la droga se consume en el país. Ante esto, prima una visión punitiva y represiva. Parece más redituable para la opinión pública hacer un decomiso de sustancias que tratar de pensar cómo tratamos a los adictos. Hay un modelo regional de criminalización que no ha dado respuestas ni ha avanzado en soluciones.

¿Qué implicancias tiene este paradigma represivo? En el libro hablás de “Las tres C”

Si, las tres C viene de una frase de un adicto a quien entrevistamos para el trabajo. El hablaba de la calle, la cárcel y el cementerio y en su relato no podía ver otra salida. El Estado no le ofrecía alternativas, a pesar de que había intentado escapar de ese circuito. Nos dimos cuenta que no había encontrado los dispositivos acordes a su proyecto personal, porque no los había. Hay una mirada deshumanizante en el tratamiento de las adicciones, donde nunca se piensa en la persona sino desde el delito y la comercialización en sus eslabones más débiles.

Decís, también, que el narcotráfico utiliza niños cada vez más pequeños…

Si. Mientras cursaba una diplomatura, un secretario de seguridad del conurbano dio un dato revelador. Él veía una baja en la edad de quienes comercializaban. Antes, los dealers utilizaban adolescentes para repartir la droga, pero tenían el problema de que se la terminaban consumiendo. Se dieron cuenta que usando a los más pequeños no tenían esos problemas, perdían menos sustancias. Fue impactante que lo dijera un funcionario, y que confesara que ante eso no tienen herramientas. Por eso, ante esto, hay que buscar nuevos articuladores. No es un problema de la escuela, pero aparece en la escuela y tenemos que formar a los docentes en estas nuevas realidades. Y así con otros articuladores, no es un problema solo policial.

Después del 2001 avanzó el paco. ¿Qué puede pasar ahora? ¿Cómo afectan las crisis al negocio y el consumo?

En principio, la devaluación sube el precio de las sustancias que tienen origen en otro país. Si es más difícil acceder, hay un estiramiento de la droga, agregándole otras sustancias que la hacen más nociva. En el 2001 apareció el paco porque los que consumían cocaína ya no podían hacerlo, y bajaban la calidad.

En segundo lugar, ante la necesidad de llevar un peso a la casa, no sólo los niños sino también las mujeres entran en el circuito de comercialización, reemplazando las ausencias del Estado. Ante la falta de oportunidades, se vinculan con este mundo y terminan presas. La mayoría de las mujeres que están en la cárcel es por el narcotráfico.

¿Qué se puede hacer?
Todo lo contrario a lo que se viene haciendo: Argentina dejó de tener un ministerio de Salud, y las adicciones son un problema de salud, no de seguridad. El gobierno nacional declaró la emergencia en el área, pero recortó presupuesto. Además, tiene que haber un pacto para que la problemática sea una prioridad y se establezcan políticas perdurables. Pero no creo que estemos cerca de ese momento. Por lo que vimos en la campaña, prima una visión punitivista y los candidatos prefieren no hablar del tema.

¿Qué va a pasar con las nuevas generaciones? El libro se lo dedicas a tus hijos.
Sí, tengo uno de 14 años. Y cuando uno ve que es la edad de inicio en el consumo de alcohol, cuando sus amigos tienen problemas de consumo y miras su contexto, te preocupa. El libro es un mensaje para ellos, es un decirle: estas cosas no salen bien. Es un legado que trato de dejar.

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