Otra vez Policía es sinónimo de muerte

Un hombre falleció luego de que un efectivo de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires le diera una patada en el pecho para “reducirlo”. Las imágenes que se difundieron demuestran que no había necesidad de semejante violencia. Como en una larga lista de casos más

Por Facundo Diorio

Vale aclarar que ahora nos referimos a este caso porque terminó en una muerte indignante, porque tuvo repercusión mediática y porque quedó registrado por las cámaras de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. Pero ejemplifica un sistema que se replica con otros muchos casos de violencia en todas partes del país. Sin ir más lejos, aún duele el recuerdo de los pibes y las pibas de San Miguel del Monte, a quienes también les arrebataron sus vidas, con apenas 13 años.

No hay explicación que pueda justificar la forma en que actuó este efectivo en el barrio porteño San Cristóbal. A pesar de que unos cuatro policías tenían la situación controlada frente a un hombre, uno de ellos le impactó violentamente su pierna en el pecho de una patada, desplomándolo y causando su posterior muerte en el hospital.

“No había motivo para actuar de esa forma”, dijo el tío del hombre en declaraciones. Con su frase sintentiza una obviedad que es lamentable que tengamos que andar reafirmando. Porque no había razón para resolver la situación de esa manera. Como se planteó desde muchos sectores cuando sucedió lo de Juan Pablo Kukoc (el caso Chocobar), o lo de Rafael Nahuel, o lo de Santiago Maldonado. Y la lista sigue, con Omar Cigarán acá en La Plata, con Facundo Ferreira en Tucumán. O con lxs pibxs de Monte, a quienes sus familias extrañarán en cada momento.

¿Por qué lo hicieron?, ¿por qué lo hacen? Y seguramente haya quienes intenten justificar el accionar de este policía violento. Dirán que estaba interrumpiendo el tránsito y amenazando a los automovilistas. Que tenía un arma blanca. Que en realidad pudo haber muerto por el golpe en la cabeza al caer, o por un paro cardíaco. Pero lo cierto es que sin esa patada nada de esto hubiera sucedido.

Este nuevo hecho generó indignación por lo alevoso, por lo grotesco. Y obligó rápidamente a la detención del policía, quien quedó imputado por “homicidio culposo”, en el marco de una investigación que se inicia. Pero sirve para seguir reflexionando sobre lo extremo que está siendo el uso de la fuerza en la actualidad. Aunque, sabemos, no sea patrimonio exclusivo de este gobierno.

La diputada porteña del Frente de Izquierda, Myriam Bregman, fue una de las dirigentes que se sumó a la denuncia del hecho y lo enmarcó en un sistema de violencia que arranca en la formación de los miembros de las fuerzas. “Este caso termina de esta manera porque hay una forma de actuar que conduce a esto”, explicó en declaraciones. “Es muy peligroso”, se quejó, y contó que unos 280 integrantes de esa Policía vienen de cumplir funciones durante la dictadura.

El último dato que relevó la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) habla de un muerto como consecuencia de la brutalidad policial cada 21 horas. Una cifra dolorosa, que hay que seguir poniendo en evidencia. Para que el repudio social logre establecer límites.

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