El Zar del Tinder vive en La Plata

Con apenas 400 dólares en el bolsillo, un hombre de 38 años que vive en nuestra ciudad viajó a Rusia para presenciar la Copa del Mundo, y se hospeda gratis en casas de mujeres a las que conoció gracias a la red social de citas

Por Ezequiel Franzino

Pongámosle que se llama Joaquín. Y que hizo algo que, en su lugar, muchos ya hubieran posteado en su Facebook, haciéndose los galanes. Pero él no se enorgullece, no se siente ningún dandi, y no quiere que su nombre verdadero salga publicado en esta nota. Su anonimato lo pide desde Moscú, lugar al que llegó con 400 dólares en la billetera, pagando un aéreo de 18.000 pesos, y hospedándose gratis en casas de mujeres a las que conoció por Tinder: un buscavidas con todas las letras.

También un sacrificado. En momentos de soledad, de querer compartir un vino, o en la necesidad de pasar un rato de sexo apasionado, a este hombre de 38 años que vive en La Plata desde hace dos décadas, en alguna oportunidad le tocó viajar en auto hasta Florencio Varela a las doce de la noche, agarrar la autopista para llegar a Avellaneda a la una de la mañana, o meterse en el Conurbano profundo en plena madrugada. Todo eso tuvo que hacer para aprender que, ampliando el rango de búsqueda, con esta aplicación de citas podía conocer un mundo nuevo.

Todavía sin tener planes de viajar al mundial, curioso por naturaleza, Joaquín aprendió nociones básicas de ruso a través de otra aplicación, Duolingo, que sirve para ejercitar idiomas. En paralelo, desde su cuenta premium de Tinder, que le permite conectarse con personas de otros países, buscó relacionarse con mujeres que vivían en Moscú. “Lo hice por el interés de aprender más sobre el país, y porque es gente extremadamente culta. Una de las chicas que conocí sabe seis idiomas, y podés hablar de lo que quieras.  Después surgió la posibilidad del viaje y me ofrecieron quedarme en sus casas y conocernos”, dice Joaquín, desde Moscú.

En la medida que fue conociendo aspectos desconocidos sobre la rica historia de Rusia, presenciar el Mundial se convirtió en una obsesión para él, y poco le importó haberse quedado sin trabajo pocos meses antes de viajar: sacó entradas para ver Portugal contra Marruecos, y un aéreo a un precio irrisorio. Eso sí, el vuelo económico demandó una escala de dos días en Asunción, hecho que para Joaquín se transformó en una oportunidad. “En Paraguay aproveché para visitar a Ninfa, una genia total que conocí por Tinder y que me ayudó un montón”, dice Joaquín, a quien le da pudor hablar de sexo. “Hay tanto boludo argentino haciéndose el vivo acá que prefiero manejar la discreción”, agrega.    

En su estadía en Rusia, Joaquín conoció a Alexandra, Oxana e Ilena, tres mujeres con distintas realidades y edades. Esta condición no necesariamente se traduce en la cantidad de relaciones sexuales que tuvo en el país asiático. De hecho una de las mujeres que le ofreció quedarse en su casa es una señora de entrada edad, que vive con su hija, y con la que Joaquín no tuvo más que una buena amistad. “Soy muy directo, no me hago el enamorado ni nada por el estilo. Hay veces que da para estar, y otras en las que directamente se genera una amistad, sin necesidad de hacer nada que uno no quiera. La verdad siempre te abre puertas”, asegura Joaquín.  

Más allá de la cita futbolera y de las citas amorosas y amistosas, Joaquín aprovechó este viaje para recorrer Moscú, San Petersburgo y algunas ciudades del Anillo de Oro, durmió en trenes rudimentarios, viajó en otros de alta velocidad y está viviendo el mundial de una manera inolvidable. “Poder estar acá es genial, pero no estoy tan preocupado por cómo le va a la Selección. De haber estado en la Argentina, la derrota del otro día la hubiese vivido con tristeza, pero acá estoy disfrutando cada momento”, dice el Zar del Tinder.  

Con el hospedaje asegurado, el escueto presupuesto con el que viajó se convirtió en una fortuna. De hecho, a este ritmo, cuando regrese a nuestra ciudad, el próximo 3 de julio, se vendrá con dinero. “Para los rusos todo está muy caro, pero en comparación con la Argentina es muy económico. Ellos te hablan de 200 rublos como si fuera un fangote de guita, pero son 100 pesos argentinos. Hace una semana que estoy acá y todavía no gasté ni cien dólares”, concluyó Joaquín.

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