La Plata, imagen de la desazón ferroviaria

Hoy, la ciudad que supo ser ejemplo de progreso y bonanza para todo el país, luce un aspecto abandonado e inactivo en su ferrocarril, que fractura a la producción de la región. La falta de respuestas por parte del Estado, clave para la situación angustiante que viven los trenes

Por Rafael Tossi

Pasan los años y las promesas oficiales sobre la reactivación del sistema ferroviario siguen en la nada. Uno de los claros ejemplos de esta inacción por parte de las autoridades se puede observar en la ciudad de La Plata, donde toda la infraestructura ferroviaria se encuentra parada e inactiva, muy lejos de la prosperidad que supo tener en décadas pasadas.

La imagen de lo que supo ser y ya no es, cargada de postergación y descuido, es un fiel reflejo de una desinversión en las vías que llevó al cierre total de ramales durante la era menemista de privatizaciones, y que el actual gobierno profundiza en vez de detener.

No solo la estación localizada en 1 y 44 supo ser modelo de desarrollo productivo para el resto del país, sino que los talleres ferroviarios de Gambier, localizados en la localidad de Los Hornos, así como también el Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, ubicado en el barrio Meridiano V, marcaron el prototipo de una Argentina pujante en lo industrial que se erigía como potencia en la región.

Hoy, como sucede en otros ámbitos de la vida económica, la foto que aparece ante los ojos de los platenses es la de un sistema ferroviario devastado y en ruinas, difícil de volver a levantar para transformarse otra vez en el motor productivo que representaba hasta hace pocas décadas.

Símbolo antiguo

En la ciudad de La Plata, por estos días, funciona únicamente el tren que une nuestra ciudad con la estación Constitución en la Capital Federal, y apenas se mueve a cuentagotas el Tren Universitario entre las facultades del Bosque.

Quienes comienzan a peinar canas todavía recuerdan que la ciudad tenía un servicio que unía a La Plata con las localidades de Pipinas, Magdalena y Atalaya, que funcionó hasta 1981, así como también el ramal La PlataBrandsenChascomúsLezama, o aquel que unía a la estación del ferrocarril con el Astillero Río Santiago, que era predominantemente un tren de carga.

Por su parte, el Ferrocarril Provincial que funcionó en Meridiano V entre 1907 y 1977, supo unir nuestra ciudad con el oeste y el sur bonaerense, conectándola con ciudades como San Miguel del Monte, 9 de Julio, Saladillo, Brandsen, 25 de mayo, Olavarría, General Alvear, Ranchos, Chascomús, Ayacucho y Balcarce, entre otras, con una longitud que superaba los 1.000 kilómetros.

A esto se le agregaba el funcionamiento del taller ferroviario de Los Hornos, ubicado en las avenidas 31 y 52. Fundado con la idea de construir un ferrocarril de alta velocidad, conoció su etapa de esplendor en los años 70, cuando empleó a más de 2.000 trabajadores construyendo más de 130 kilómetros de vías por año y generando más de 10.000 empleos en forma indirecta con su producción.

Sin políticas activas

La realidad de los ferrocarriles en la región es por demás decadente y sin vistas de mejorar de cara al futuro. Ante una consulta de Pulso Noticias, el presidente de la Comisión Nacional Salvemos al Tren (CNST), Norberto Rosendo, resaltó que “lo que se vive hoy es fruto de la inoperancia y la incapacidad de una clase dirigente que ha pensado más en sus apetencias personales que en el desarrollo del ferrocarril como eje trascendente para el crecimiento de la ciudad”.

Para el ingeniero ferroviario, “el macrismo no ha tenido una política con los ferrocarriles porque simplemente no tiene una política, o mejor dicho, una planificación de país. La lógica de un gobierno que pone a Guillermo Dietrich como ministro de Transporte, una persona que no entiende nada del tema, es simplemente el negocio inmediato, el rédito de corto plazo, y en esta estructura de negocios evidentemente el ferrocarril como concepción de alcance popular no tiene lugar”.

Golpes de timón que hacen muy difícil el desarrollo y que nos atrasan en relación con otros países de la región han sido la constante. En los talleres de Gambier los trenes no sólo se están pudriendo, sino que también se incendiaron en gran parte vagones. Es vergonzoso. Falta una política de Estado, que el gobierno de hoy no tiene en lo más mínimo”, recalcó Rosendo.

En idéntica sintonía se encuentra el investigador ferroviario Leonardo Rico, quien en diálogo con nuestro medio indicó que “lo que se ve en La Plata, con un sistema abandonado y sin ninguna clase de respuestas por parte del Estado, se repite en todos los lugares del país donde el ferrocarril fue clave para el crecimiento. Lamentablemente los trenes no son importantes para la idea política gobernante”.

Según el creador del proyecto Tren para Todos, el ferrocarril en la Argentina “tiene futuro, pero no nos parece que la forma en que se están llevando adelante ahora las políticas para ese objetivo sea la mejor, porque estamos perdiendo la oportunidad de un desarrollo integral, sostenido y que tenga un impacto mucho más positivo, tanto en la economía como en la generación de trabajo”.

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