Es rusa, vive en La Plata y no quiere que el Mundial tape la mugre

Olga Ekkert es feminista, defensora de los Derechos Humanos y en esta nota reflexiona sobre el fútbol, la política de Putin y la crisis en Argentina

Por Ezequiel Franzino

Esto podría ser una típica nota de color: la chica de Rusia que vive en la Plata, que cuenta cómo se vive el mundial a 17.000 kilómetros de distancia y cómo divide su corazón entre una nación y la otra. El tema es que, antes que rusa de nacimiento y platense por adopción, Olga Ekkert es feminista y defensora de los Derechos Humanos, una condición por la que no puede ver el evento deportivo más importante del mundo de otra manera que no sea como una forma de querer tapar la mugre debajo de la alfombra. La mugre tanto de acá como de allá.

“No estoy muy pendiente de que ganen Rusia o Argentina, teniendo en cuenta los trasfondos que hay y todo lo que se intenta ocultar con el fútbol”, dice Olga, que tiene 28 años y es licenciada y profesora en Comunicación Social. A su vez, agrega: “Esta copa se vive de manera diferente, están pasando tantas cosas que el Mundial quedó en un segundo plano. No se pueden desconocer todas las luchas que se están dando”.  

A ella, que trabaja brindando asistencia a mujeres víctimas de violencia de género y que surfea la ola verde desde el momento cero, no le entra en la cabeza que en su país se haya aprobado una ley para justificar la violencia doméstica, que existan campos de concentración y que se persiga a los homosexuales. “Me cuesta entender el apoyo que tienen Putin, siendo que en Rusia hay persecución, racismo y no se toleran las diferentes identidades”, dice Olga y agrega: “Rusia es un país donde el feminismo tiene una connotación negativa y donde la felicidad de la mujer tiene que pasar por el matrimonio y los hijos”.

Al poco tiempo de haberse disuelto la Unión Soviética, con sólo seis años de edad, en 1996 Olga viajó para la Argentina junto con sus padres y su hermana, desembarcando primero en La Boca, y luego en la ciudad de Neuquén. A los 18, como tantos otros chicos del interior, se vino a estudiar a La Plata, donde vive en la actualidad y aún conserva algunas tradiciones rusas. “Todavía me descalzo antes de entrar a mi casa, festejamos navidad en las dos fechas, mi madre cocina la sopa roja y pastas calóricas”, cuenta Olga, que a veces desempolva los viejos cassettes y discos de música rusa para conectarse con su Raduzhny natal, en Siberia, donde las temperaturas llegan a los 65º bajo cero.  “El vodka también es una costumbre que mantenemos en casa, aunque allá hay todo un tema con el alcohol, los hombres y la violencia”, aseguró Olga.

Después de tanto tiempo viviendo en nuestra ciudad, Olga no sólo se adaptó perfectamente a la cultura y al idioma, sino que la realidad que afecta al país le pega directamente. “Me siento argentina, y en este contexto social, político y económico en donde mucha gente lo está pasando mal, uno agradece tener un trabajo fijo, techo y comida”, asegura Olga, que vive junto con su pareja, su perro y su gato.

A pesar de que viaja con cierta periodicidad y más allá de que extrañe a sus familiares, Olga siente que Rusia ha quedado muy lejos: “Sobre todo por la cultura, no creo que pudiera volver a vivir allá.  Si te fuiste en algún momento, al volver se siente como un país que te expulsa”.

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