La guerra comercial de Trump ahora le apunta a Huawei

De la redacción de L´Ombelico del Mondo

El último miércoles Trump firmó una orden ejecutiva para prohibir la compra de material tecnológico a empresas que constituyan una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Por eso el Dipartimento de Comercio dio la orden a las empresas norteamericanas de suspender sus negocios con empresas chinas salvo que haya un permiso explícito.

Huawei es el segundo productor de celulares en el mundo después de Samsung y por encima de Apple. Pero además se especializa en la producción de tecnología para redes: cables submarinos, dispositivos para redes móviles y fijas. Es la primera empresa en el mundo en cantidad de patentes de tecnología 5G. Huawei nació en 1987, hoy es una de las pocas empresas totalmente privadas de China, y en 2018 declaró ganancias por 108mil millones de dólares. Pero para los EEUU no es otra cosa que una pantalla para el espionaje internacional del gobierno chino.

Justamente por eso, Trump comenzó este año una escalada de medidas contra la tecnología china, e instó a sus principales aliados en el mundo a hacer lo mismo. Desde 2018 la administración pública estadounidense dejó de adquirir productos tecnológicos chinos, producidos por Huawei y ZTE principalmente, que desde este año son prácticamente inencontrables en las tiendas norteamericanas.

Según la Casa Blanca, las empresas tecnológicas chinas están invadiendo el mercado de las telecomunicaciones para permitir a Pequín el acceso a datos e información sensible en el mundo occidental. El sistema, conocido como backdoor o puerta trasera, permite a los desarrolladores de una determinada vía de comunicación de contar con un acceso secreto a la misma y de esa manera hacerse con el contenido que se está transmitiendo.

El momento más álgido de esta disputa se dio a principios de 2019 en Europa. Allí están comenzando las licitaciones para la construcción de la res 5G en el continente, una red de última generación que permitiría la construcción de las llamadas “ciudades inteligentes”: la red inalámbrica que comunica el transporte público, las empresas de recolección de residuos, de infraestructura y el Estado y permite servicios más rápidos y tecnológicos. Huawei es hoy la única empresa capaz de garantizar una tecnología efectiva para este proyecto europeo.

EEUU ha intentado durante los últimos meses evitar que los países europeos permitan a empresas chinas licitar servicios 5G en su territorio. Sin embargo, y luego de la presentación de sendos reportes de inteligencia, varios gobiernos como el del Reino Unido y Países Bajos han descartado la posibilidad de expulsar a Huawei de estos concursos. Trump, embarcado en una guerra comercial sin precedentes con Pequín desde marzo de 2018, decidió entonces subir la tensión y prohibirle a las empresas estadounidense de proveer software y tecnología vital para la producción de Huawei.

Android es el sistema operativo desarrollado por Google y el más difundido en el mundo. Google sella contratos con empresas productoras de celulares y tablet como Samsung y Huawei para beneficiarse mutuamente: las productoras de tecnología tienen un software para sus aparatos y Google se beneficia con la publicidad que ya viene en las aplicaciones Android como Youtube o Gmail.

Luego de conocerse la orden ejecutiva de Trump, Google se vio obligado a suspender la licencia de uso de Android a Huawei. Pero esa licencia es sobre el sistema operativo con todas sus aplicaciones, y no la versión base del software. En China, donde las aplicaciones de Google tienen muy poca difusión, Huawei ya distribuye una versión de Android base modificada. El software, es de código abierto, es decir que las empresas con licencia de distribución pueden modificarlo libremente, pero por una cuestión de mercado internacional suelen comprar la versión que Google vende con sus aplicaciones. Esto significa que Huawei está en condiciones de elaborar una versión alternativa de Android para sus smartphones a nivel global, pero sería una elección muy costosa y larga.

Los problemas con Android no tienen que ver con los celulares ya vendidos, que seguirán teniendo sus aplicaciones al día por un tiempo razonable, sino con aquellos que la empresa se preparaba para vender. A finales de marzo Huawei había presentado sus modelos P30 y P30 Pro, que tras la decisión de EEUU quedaran probablemente rezagados en la competencia con Samsung y Apple.

Huawei podría intentar con una nueva versión de Android o un software propio. Pero en el mercado de las tecnologías esa vía ha sido muy difícil para quienes intentaron. Windows Phone, Tizen, BlackBerry OS y Palm OS, por ejemplo, fracasaron en ese intento. Sin embargo, la capacidad de producción tecnológica que demostró en el ámbito del 5G deja prever que la empresa, con o sin ayuda del gobierno chino, tiene las herramientas para reponerse del golpe.

El dipartimento de comercio lanzó esta semana una licencia temporal (desde el 20 de mayo hasta el 20 de agosto) para que Huawei pueda ofrecer actualizaciones de Android a sus usuarios mientras éstos se cambian de marca. Algo que no parecería, por ahora, ser necesario, a menos que la Casa Blanca decida sostener su postura por un largo plazo. Algo que afectaría inclusive los mismos intereses norteamericanos.

Intel, Qualcomm son otras dos empresas que no pueden vender sus procesadores y componentes a Huawei desde la semana pasada aunque Huawei ya tenía un stock almacenado de componentes para sostener la producción durante por lo menos tres meses. A esto se agrega el hecho de que el gobierno Trump no ha sido particularmente coherente en sus decisiones con respecto a la guerra comercial con China. De hecho, la decisión tomada la semana pasada afecta a muchas empresas norteamericanas imposibilitadas en seguir sus negocios con China. Un manifiesto firmado por 170 empresas, lideradas por Adidas y Nike, fue entregado a la Casa Blanca para pedir al presidente que revierta las medidas contra China y que atentan contra sus intereses.

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