La agonía de Pelusa

La emblemática elefanta yace sobre el suelo ante la atenta mirada de los cuidadores

Empeora el cuadro de salud de la elefanta, que continúa echada y no muestra voluntad para levantarse. Los especialistas aseguran que no está sufriendo

Las puertas cerradas del Zoo, las lágrimas en los ojos de algunos trabajadores del bioparque,  y las declaraciones por lo bajo de funcionarios municipales confirman el peor de los escenarios: Pelusa se está muriendo.

Producto de la infección en las patas que padece desde hace cinco años, el pasado sábado, la elefanta de 52 años, que vive en cautiverio desde hace medio siglo, se dejó caer y desde entonces permanece en un sueño profundo, sin ánimos de levantarse. En este contexto, de poco sirven los cuidados permanentes que le están realizando los veterinarios del Zoológico. En la medida en que no pueda levantarse, los signos vitales seguirán bajando y aparecerán complicaciones en sus órganos.

Al respecto, Marcelo Leguizamón, titular del área de Ambiente de la Municipalidad de La Plata, dijo esta mañana en el Jardín Zoológico que “hay que respetar su voluntad. Está tranquila y ha dormido. El hecho de que no esté pisando genera que no sienta el dolor que venía sintiendo en los últimos cinco años y esto hace que ella no quiera o no ponga la voluntad  para levantarse”.

En el afán de generarle un ámbito de tranquilidad, y con la intención de que los ciudadanos no vean al animal en este estado de decrepitud, las autoridades municipales decidieron cerrar las puertas del Zoológico hasta nuevo aviso.

En torno al desmejoramiento del cuadro de Pelusa, el director del Santuario de Elefantes de Brasil, Scott Blais, quien arribó a la ciudad el pasado domingo, dijo con tristeza que “siempre puede haber un milagro, pero en este punto creo que estamos ante los últimos días de Pelusa”.

Aunque el cuadro parezca irreversible, el subsecretario de Gestión Ambiental de la Municipalidad de La Plata, Germán Larrán, dijo: “Esperamos que ella manifieste una voluntad de cambio. Nosotros no vamos a forzarla ni a incitarla a que demuestre interés. Nosotros la dejamos dormir. No sabemos si es un sueño profundo o si es un proceso, común en los elefantes, en el que se acuestan para terminar sus últimos días”.

Según anunciaron, desde la Comuna no está en los planes someterla a una intervención eutanásica. Así lo afirmó Larrán cuando dijo que “Pelusa no está sufriendo. Ella descansa. Duerme en un sueño profundo, que no sabemos a qué profundidad llega, y por ahí mueve la trompa y agarra una naranja y la revolea y se vuelve a dormir. En la medida en que ella esté tranquila no se hará otra cosa más que acompañarla”.

Pelusa estaba esperando ser trasladada a un santuario en Brasil, donde iba a pasar en libertad sus últimos años de vida. De hecho, en los próximos días iba a llegar a la ciudad la caja en la que iba a ser transportada en un futuro cercano. El cambio de dieta para fortalecer sus músculos y las mejoras en su estado de salud que le habían traído los cuidados de una especialista norteamericana indicaban que la aventura podía ser posible. Sin embargo, como si supiera, como si se negase a emprender un viaje por tierra de cuatro días, Pelusa se echó al suelo. Ahora, que tras de medio siglo su salud y su libertad se volvieron un tema de estado, parecería decir: “Hasta acá llegué”.

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