Se aprovechó de la relación que tenían y abusó de su hija

Rodrigo está doblemente devastado: el 19 de marzo una persona -hasta entonces considerada su amigo y compañero de deporte recreativo- violó a su hija de 19 años. Pide que la justicia lo llame a declarar y que el caso no quede impune

Como en el 80% de los casos de abusos sexuales y violaciones, el victimario pertenece al grupo intrafamiliar de la víctima, y se desplaza con confianza por el medio pero encubriendo una vigilancia sobre ella. Un mal día, concreta el ataque, y la reivindicación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes abusadas y abusados depende únicamente de que la justicia no los revictimice poniendo en duda sus declaraciones o simplemente omitiendo su rol de protector de derechos de las personas.

Esto es lo que a Rodrigo le da más miedo. Que la violación de su hija de 19 años en manos de quien fuera un allegado de la familia y reconocido en La Plata por ser el dueño del gimnasio Iocco hasta enero de 2019, quede impune. “Nosotros asentamos la denuncia en la UFI Nº11 pero ni si quiera lo han llamado a declarar”.

El tipo se puso un preservativo para abordar a la joven, la culpó de la situación  y ya tuvo tiempo de borrar las conversaciones que lo incriminan de su celular y de iniciar una campaña de desprestigio de la familia de la joven en las redes sociales. Sin contar que ha sacado todos los carteles del barrio de La Catedral donde se lo incrimina por el hecho. Todo eso en menos de un mes.

En cambio a A. todo le cuesta mucho más: aún no duerme sola en su habitación, tiene que ir obligadamente al psicólogo, evita las zonas del casco urbano donde le parece que puede cruzarse al hombre, y de a ratos se pierde en la tristeza. “El miércoles mi hija tomó catorce pastillas juntas como prevención contra el HIV y otras enfermedades contagiosas. El jueves vomitó todo el día. No tiene por qué estar pasando por esto”, expresó Rodrigo con aflicción.

Los hechos

El denunciado por abuso sexual asistió a la casa que Rodrigo comparte con su mujer y su única hija el 19 de marzo para arreglar una canilla de la casa. Al ver que la joven se encontraba sola y aprovechando la relación de confianza que lo unía a la familia –corrían carreras juntos y viajaban por el interior de la provincia desde hacía seis años- la manoseó. A. se quedó paralizada al ver que el hombre iba a avanzando por los espacios como si nada -y lo que es peor- sobre su negativa. Luego la manipuló y terminó llevándola a la habitación donde la joven se vio cercada.

“Papá, si yo intentaba defenderme, él con una sola piña me mataba”, le dijo la chica un día después con derrotera.

Ahora Rodrigo espera que tras pintarle su cuarto, con el inicio de la facultad y el apoyo de él y la mamá, A. pueda abandonar la vergüenza y salir adelante. “Ella tiene que entender que no hizo nada malo y seguir con su vida”, expresa, y agrega que no va a descansar hasta que la justicia actué y  “el abusador deje de caminar como si nada tranquilo por ahí”.

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