Un cazador crónico

Fotos: Nicolás Braicovich

El periodista y escritor argentino Laureano Debat habló con Pulso tras la presentación oficial en Buenos Aires y La Plata de su primer libro de crónicas, Barcelona inconclusa

Por Matías Kraber

Son crónicas de la agilidad de un hombre que está solo y no espera. Camina, fuma y va tras sus presas como un cazador de historias. El método no lo inventó él, tal vez sea un reconocimiento al mejor cronista vivo de la Argentina: Martín Caparrós.

Escribir para adivinar un mapa que se le presentaba caótico. Escribir como un otro, un extranjero entre miles, que sobrevive como puede en la perla del mediterráneo español incluso en los días de furia del atentado terrorista en las Ramblas. El narrador es un viajero que sigue el camino de sus propias dificultades, mientras acecha a una ciudad camaleónica como Barcelona: la vedette turística del viejo continente o el nuevo puerto del crisol de razas. Pero una ciudad tan dispar y contingente que le otorga un lugar de cronista inconcluso mutando al unísono con ella durante cinco años mientras publica sin respiro en un blog tipo bitácora que luego devino en el libro Barcelona inconclusa, editado por la editorial Candaya en 2017.

Foto: Nicolás Braicovich

El autor nómade

Laureano Debat nació en Lobería, se licenció de periodista y comunicador social en la Facultad de Periodismo de la UNLP y en 2009 fue premiado con una beca para una maestría en Creación Literaria en la Universitat Pompeu Fabra, de Barcelona.  

Allí empezó todo: el primer año, mientras se dedicaba sólo a estudiar, aterrizó en un piso compartido con dos prostitutas y comenzó a escribir en una pequeña libreta su primer mes de estancia con Sonia y Jimena que está condensada en la pieza narrativa que abre el libro con humor, excentricidad y gancho.

“Cuando empecé a agotarme de escribir sobre la ciudad y vi que el blog ya había cumplido su ciclo, decidí cerrar el proyecto y publicarlo”

-Al comenzar con tu blog, ¿sabías que iba a terminar en un libro? ¿Cuándo fue el momento en que interpretaste que tenías un libro en todo tu material?

-No, nunca tuve la intención de hacer un libro en primera instancia. Pero cuando empecé a agotarme de escribir sobre la ciudad y vi que el blog ya había cumplido su ciclo, decidí cerrar el proyecto y publicarlo. Sobre todo, porque vi que no había algo parecido sobre la ciudad y me pareció apropiado publicarlo.

En el iceberg de Barcelona inconclusa hay mucho insomnio, decenas de cuadernos escritos y diversión porque, a fin de cuentas, Laureano le rinde tributo a la frase de otro maestro de la crónica –Ryszarsd Kapuscinski- “el periodismo es la manera más divertida de ser pobre”. Así el cronista, con ese tono, narra la precariedad de sus trabajos como repartidor de flyers sobre una parrilla argenta en medio de una marea de turistas hiperquinéticos frente a Casa Battló o como vendedor alumno del paraíso de la nutrición -HerbaLife- o su largo rodeo por barrios catalanes en castings para poder alojarse en otro piso compartido con inquilinos que lo entrevistan como un jefe de empresa, en los colmos bizarros del turismo salvaje neoliberal.  

– ¿Cómo fue la metamorfosis de tu pluma en tus nueve años viviendo en Barcelona? ¿Qué resistió y qué se modificó?

-Es difícil discernir qué cambia uno de su pluma. Uno intenta a escribir siempre un poco mejor, intenta abandonar los adjetivos y priorizar los verbos, pulir los barroquismos y ser aséptico en el sentido estilístico. Pero ese análisis queda para el lector. Sí te puedo decir que mi mirada sobre Barcelona ha cambiado bastante, después de nueve años, y me cuesta verla con esos ojos desnudos e ingenuos con que la veía en los primeros años. Dejé de viajar por Barcelona, quizás por eso estaré un año fuera de la ciudad, porque tal vez necesite extrañarla.

En medio de lo fugitivo e infinito bulle de posibilidades el libro de Laureano Debat. Casi en una búsqueda permanente del centro mismo, un ritmo semántico que interpreta lo social y borra las fronteras entre lo que empieza y termina. Un beat de cronista que impulsa hacia el centro del sentido que nos reconstruya como comunidad en la era tecnológica de conductas automatizadas; allí está agazapado Laureano con su gesto de cazador anónimo, mientras gatilla con su ojo para atrapar la singularidad humana en medio del caos.

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