Nadie nos va a explicar

Hace unos años formamos la banda Isla Mujeres junto a mi amiga de la infancia Amparo, con quien nos mostrábamos canciones propias y después las armábamos en conjunto, ella con la guitarra y yo con los teclados, ambas cantando. Empezamos a tocar rápidamente junto con otras amigas que se sumaron, primero Cecilia Ann en batería, después Elena en bajo y voz y después Fausti, como nueva baterista y voz. Poco a poco fuimos creciendo y construyendo un espacio potente y liberador que significa mucho para nuestras vidas al que le dedicamos mucho esfuerzo y deseo.

Durante este período de la banda y aún hoy, les diferentes periodistes insistieron e insisten con el tema de lo femenino en la banda. Algunes con sorpresa, remarcándolo como novedad, algunes curioses por saber si fue una elección premeditada lo de que la banda esté íntegramente hecha de mujeres, dando un mensaje implícito de que todas las bandas hechas por hombres son lo corriente y nadie lo cuestiona. También hemos recibido opiniones al término de nuestros recitales del tipo: “Está bien lo que hacen, cumplen” o “Están bien ensayadas” y también preguntas como: “¿Cómo hicieron para conseguir una baterista mujer?”. Nos han explicado la primicia, previo a subir a un escenario, de que hay que afinar los instrumentos antes de tocar. Nos han dicho cómo tenemos que mover nuestro cuerpo de una manera más agraciada en un vivo (real), nos han hecho comentarios desafortunados desde un lugar de envidia entre otras cosas y casi siempre hombres cis. Esto no es casual. Hay una historia detrás de ello. No podemos ignorarla y nos hacemos cargo del lugar político que representamos subidas a un escenario haciendo lo que queremos hacer.

Las declaraciones decadentes de Palazzo sobre el cupo femenino en los festivales me producen una mezcla de bronca y risa al mismo tiempo por el tinte absurdo y cínico que portan. Creo que es más grave de lo que parece, pero entiendo que lamentablemente el mundo se conforma por este tipo de seres con cierto poder para comunicar y gestionar cultura con los cuales no queda otra que enfrentarse, de la manera que podamos. Lo importante es que esta es una de las tantas decadencias humanas que sirven para que estemos lo suficientemente asqueadas y con la furia necesaria para actuar en consecuencia o empezar a pensar en ello. Sin embargo, me parece que aún no nos ha alcanzado y no terminamos de despertarnos. Pertenecemos a una cultura de naturalización de la injusticia y la violencia en todo nivel y no somos realmente conscientes de lo que esto significa realmente para nuestras potenciales vidas. El patriarcado y el capitalismo sientan las bases de un sistema construido puntillosamente para que en cada rincón de la tierra las mujeres, las travas, les trans, las lesbianas, los putos, todas las disidencias a la heteronorma y todes les marginades de la sociedad (pobres, putxs, comunidades originarias, gordxs, locxs) seamos relegadxs a espacios invisibles o sin voz.

Para dar batalla a lo que nos oprime, el panorama no es para nada alentador. Sabemos que una mujer o cualquier clase de sujeto disidente representa, en este mundo, una amenaza al orden capitalista/heteropatriarcal cada vez que intentamos apropiarnos de lo nuestro, denunciar lo que nos oprime o simplemente aparecer, existir. Tenemos el caso reciente de Natacha Jaitt, una muerte curiosamente conveniente dado el contexto de denuncia de una red de violencia sexual y el posterior manejo de los medios hegemónicos disfrazando continuamente el horror.

Pero no habría razones para quedarse en este mundo si no fuese por el deseo de pelear por esas vidas potenciales que quieren robarnos. “Nuestra venganza es ser felices” leí por ahí. Y me da esa idea de que podemos revolucionarnos y animarnos a ser la amenaza que teme el sistema, abandonar el conformismo y transgredir, dar vuelta el sometimiento que se nos propone día a día en la calle, en la mesa, en la tele, en las escuelas, en los vínculos sexoafectivos y en los partidos políticos por nombrar algunos ámbitos.

Lamentablemente tenemos que hacer un esfuerzo muy grande para ello, pero no estamos solas. Hay que repartírnoslo y hacerlo carne propia. Y si eso no nos pasa, entonces escuchar muchas voces que hablan todo el tiempo y que son valiosos ejemplos de lucha. No estamos solas, sepámoslo, pero nadie nos va a explicar cómo se hace, debemos organizarnos.

*Por Julia Barreña (Tecladista de Isla Mujeres)



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