De Paco Rimenver al Martín Fierro

Pulso Noticias habló con el actor Diego Cremonesi, luego del premio que obtuvo por su papel en Un gallo para Esculapio: “Vengo filmando mucho y es un momento que me tiene contento y agradecido”

Por Matías Kraber

Hay momentos de buena explosión. Papeles que llegan para transformar la vida de un actor: primero Ráfaga, un superhéroe del Conurbano en la magistral Nafta Súper, después su papel de Roque en la serie de Bruno Stagnaro Un gallo para Esculapio, que le valió su primer Martín Fierro como revelación. Ahora se hizo un paréntesis en medio de la vorágine y dice “llamame que puedo hablar”, mientras hace una pausa en el rodaje de Devoto, un filme del platense Martín Basterreche. “Hola, Diego, ¿hablamos?”. “Dale, sí, ahora tengo señal y puedo hablar un rato”, responde siempre sencillo y al pie el actor platense del momento: Diego Cremonesi.

¿Cómo tomás todo lo que te viene sucediendo?

Primero que nada, muy feliz. Uno como actor es lo que va buscando y lo que va esperando: papeles que generen un mayor desafío en contextos cada vez más importantes, y que también propongan un mayor nivel de responsabilidad. Es parte de un aprendizaje y del camino madurativo como en mi carrera, así que súper feliz con las oportunidades que vengo teniendo, tanto en tele como en cine. Por suerte, en los últimos años vengo filmando mucho y aún hay muchas cosas por estrenar en el futuro cercano, así que es un momento que me tiene muy contento y agradecido.

—Estás en pleno rodaje y fue un año que arrancó así, ¿verdad?

—Sí, fue un año que arrancó  con todo. Primero El marginal 2 que se filmó entre enero, febrero y marzo y ya está todo completamente filmado; sale a la luz después del Mundial, a mediados de julio. Después, filmé con la directora Natalia Smirnoff La afinadora de árboles, y también estuve con la película de El Potro Rodrigo: El Potro, la película, de Lorena Muñóz, que es la directora de Gilda; la película aún sigue filmándose pero yo ya terminé mi participación y, por suerte, ahora estoy filmando una película acá en la plata que se llama Devoto, de Martín Basterreche, director platense. Así que vengo con bastante actividad.

—¿Qué podés adelantar sobre tu papel en El marginal 2 y sobre esta segunda temporada?

—El marginal 2 vendría a ser una precuela de lo que ya se vio; la historia se desarrolla tres años antes y cuenta la llegada de los hermanos Borges a San Onofre, a la cárcel, y cómo ellos, poco a poco, pasan a transformarse en lo que vimos en la primera: en jefes del penal, por decirlo de algún modo, donde se van a encontrar con “el Sapo”, un tipo muy terrible al mando de los presos, personaje interpretado por Roly Serrano. En cuanto a mí, si bien no puedo entrar mucho en detalles, te diré que es un personaje que tiene bastante color, porque es un tipo ajeno al mundo carcelario y la verdad que cuando llega la pasa mal. Ya en el tráiler van a poder ver cómo me maltratan. Es un tipo que, realmente, queda en una situación humillante: un personaje hermoso porque es un tipo frágil y sensible y, en ese contexto, de gente tan fuerte, tan mala y tan dura, es muy divertido. Aparte, las producciones de Underground son increíbles. Encima nos dirigieron Caetano y Alejandro Ciancio. Hace poco, por ejemplo, estuve con Bruno Stagnaro, digo: son sueños que voy cumpliendo, ¿viste?.

¿Qué se te cruzó cuando escuchaste tu nombre como revelación en los Martín Fierro?

Muchas cosas, varias de las cuales ya me estaban dando vueltas a partir de la nominación. Lo que quiero decir es que yo ahí ya me sentía premiado. Obviamente que haber ganado el premio fue un plus que me puso muy feliz y del cual estoy muy agradecido pero, de todas maneras, yo sentía que era un premio a un camino muy largo que vengo haciendo, junto a mi mujer, mis amigos, mis maestros. Creo que nombré a bastantes ya, en los agradecimientos, pero es verdad que es eso: la confianza. Porque, en general, tomar este tipo de caminos conlleva decisiones difíciles y que no siempre van a ser apoyadas por los demás. Decisiones donde la tenés que tener muy clara con vos mismo y confiar mucho, por todo lo que te estás jugando, sabiendo que también hay muchas chances de que te salga mal. En ese sentido, este tipo de cosas a mí y al resto de los actores nos hacen felices, porque son un mimo al laburo y, a la vez, esperamos que sea una ayuda a la confirmación de ese trabajo, a la afirmación, por lo menos, de un ritmo. Porque yo tengo muy claro que fui parte de una de las producciones más importantes de los últimos años, no por mí, sino por lo que se estaba gestando ahí: por Stagnaro, por Staltari escribiendo, por los actores que estaban en juego, por el tipo de producción, el tamaño y el personaje que me habían dado, un papel que no podía fallar, que tenía una carga dramática muy grande. Todo eso sumado al temor de no saber si vamos a estar o no a la altura de las circunstancias.

Diego nunca olvida a su gran alter ego: Paco Rimemver, un personaje jocoso que estuvo alegrando turistas en cruceros a través de sus canciones románticas. Un personaje entrañable que nació en la ciudad de La Plata en la escena de fines de los 90 y se quedó como un obrero que sostiene la economía de actor independiente: “Debo admitir que Paco me enseñó mucho más a mí que lo que yo le pude aportar a él, como personaje”.

Diego Cremonesi, por Luis Barandarian
—¿Qué nos podés decir de tu alter ego, Paco Rimenver?, ¿cómo es, después de tantos años, la convivencia con ese personaje que en La Plata es un clásico?

—En La Plata siempre fue más conocido que yo. Nosotros, con el grupo Los Rimenver -y después yo solo-, nunca lo pegamos a nosotros sino que intentamos darle una entidad propia. En eso, creo que Paco es un tipo que tiene su movida, su historia y, en un punto, es un tipo mucho más valiente que yo. En cuanto a mí, el tipo me permite cosas alucinantes y que no me hubiese animado a hacer si no fuera de su mano. Además, me da un contacto cara a cara distinto con el público, desde un lugar popular. Esas animaciones en casas, casamientos, cumpleaños, me han permitido ganar un oficio tremendo en el trabajo

¿Qué cosas te aportó Paco?

— Fundamentalmente, eso del “estar ahí” o el contacto con el otro, la velocidad de reacción, la lectura de cada particularidad. Para mí, el actuar precisa que uno no tenga forma, que no tenga una forma definida sino que se adapte a las circunstancias, y ahí Paco Rimenver me permitió hacer cosas inauditas: desde trabajar en un encuentro internacional de motoqueros en Ushuaia hasta participar en fiestas de la Ammia, cumpleaños de 20, 30, 40, 80, fiestas de jubilados, casamientos de dimensiones enormes o asados para 10 personas. Todo eso siento que me ha ido curtiendo y enseñando mucho y, a la vez, me ha dado una posibilidad lúdica que es vital en esta profesión: el espíritu de juego y el espíritu de diversión los tenés que tener intactos, sobre todo para que no te gane lo burocrático y la desesperación laboral, eso me parece que es vital. Ojalá Paco Rimenver sea algo que pueda mantener mucho tiempo más, que puede seguir creciendo, desarrollándose, y que me puede llevar vaya a saber a dónde, ¿no? A dónde él tenga ganas.

 

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