El carnaval de barrio Hipódromo, “la mejor política contra la inseguridad”

Para Alejo Franco, uno de los organizadores del carnaval de este sábado en 39 y 115, este festejo popular es “resistencia”, “dignidad” y “alegría”. La apropiación de los vecinos y el rol de la cultura en “tiempos desdichados”

Desde hace cinco años, Alejo Franco y un colectivo de centros culturales y gastronómicos del barrio Hipódromo vienen organizando uno de los carnavales que le da vida al verano platense. Este sábado, mientras los gurises corran tras la espuma y la música suene al ritmo de tambores, él estará, corriendo también, para garantizar que todo sea”una fiesta pagana maravillosa”.

Charrúa hasta la médula (su padre se llama Uruguay, su ídolo Zitarrosa), entiende al carnaval como una mixtura propia de quienes lo habitan y construyen. Alejo, cuyo nombre artístico es Washington Sinatra, recibió a Pulso Noticias en su casa “incógnita”, en el corazón de un barrio de adoquines, y contó que el sábado habrá murgas porteñas y de estilo uruguayo, bandas en vivo, juegos de agua y espuma y puestos de comidas y bebidas de los distintos emprendimientos y espacios culturales de la zona. Con una fuerte presencia de mujeres y el reclamo por el derecho al aborto legal, la voz de protesta también dirá presente, porque el carnaval también es eso.

“El carnaval es la mejor política contra la inseguridad”, aseguró el músico y constructor, y detalló: “Los vecinos que viven encerrados tras las rejas, sacan su mesita y sus sillas a la vereda, abren sus casas y ven la murga pasar, mientras se comen su milanesa y toman cerveza. Ahí nos convertimos en vecinos, cuando nos vinculamos con el otro para compartir. Antes somos solo gente que vive en el mismo barrio”.

Feliz por lo que se genera desde 2015 y conciente de su crecimiento, el también constructor destacó que en cada edición nota “cómo se vinculan los pibes de todas las clases sociales. Porque acá vienen pibes del Churrasco, del Mercadito, que son muchas veces marginados, pero ese día están a pleno. Estamos todos, desde los chorros hasta los banqueros, el barrio Hipódromo se abre a la periferia también”. Si bien jura que ese encuentro “se da en armonía total” y que nunca tuvieron una pelea de borrachos “aunque terminamos todos borrachos, porque es una fiesta pagana maravillosa”, es conciente y precavido pues “este año sentimos que hay una hipersensibilidad y un resentimiento general”.

La resistencia

Son nueve los espacios culturales que se juntan en un colectivo para organizar el carnaval. Pero son innumerables las manos de los vecinos que, en los últimos días, prestan su ayuda. Está quien se encarga de las fotografías, los que aprovechan algun contacto para hacer gestiones, o quienes colaboran “con lo que sea”. Así, se han ido apropiando del carnaval y “si viene la patrulla urbana, resiste el barrio, no solo quienes organizamos”.

“Nos pasó una vez (la presencia de una patrulla), el año pasado. Desde que cambió el gobierno tuvimos una baja del apoyo en todos los aspectos, pero eso nos hace resistir más, porque necesitas los espacios de expresión y un micrófono abierto, más que nunca”, relató Alejo, con su remera gastada de Peñarol y una bandera uruguaya detrás, flameando en el fondo del patio. Y agregó: “Si clausuran la cultura, clausuran la diversión, la risa, lo que uno necesita para paliar esta situación tan desdichada. Se genera dignidad en ese momento, cuando aparece la murga de protesta, la cumbia, cuando los tambores suenan y la gente llega bailando detrás. O con los juegos, los pibes y la espuma. Hay una alegría universal que parecería enmascarar a ese arlequín con su lágrima y su sonrisa a la vez. Por eso, el carnaval es un fenómeno cultural que no tiene que claudicar, pasen los gobiernos que pasen. Hay que resistir”.


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