El tomate platense, una tradición en peligro de extinción

Este sábado se realiza la 15° Feria del tomate platense en Los Hornos. Los productores de la región están preocupados por un legado que puede perderse. “Buscamos gente joven que comience a producir”, dijeron a Pulso Noticias

El tomate como hecho cultural, como tradición, como historia de nuestra tierra. Así lo ven Isabel Palomo y el grupo de diez productores de nuestra región que mañana sábado, desde las 10 hasta las 20, estarán realizando la 15° Feria del Tomate Platense, en la Estación Experimental Julio Hirschhorn de Los Hornos (66 y 168), donde habrá shows, actividades recreativas, cocina de autor, degustaciones y radio abierto. Todo con entrada libre y gratuita.

De yapa, quienes asistan podrán conocer un tomate de verdad, el famoso, casi mítico, tomate platense.

En primer lugar, Isabel respondió a Pulso Noticias sobre las diferencias que existen con los tomates que se venden en las verdulerías: “Es totalmente diferente, si vas a la feria vas a entrar y sentir el perfume del tomate a la distancia”. La particularidad de este fruto del cordón verde de La Plata, que se cultiva en quintas de Colonia Urquiza, Hernández, Echeverry, Olmos, Abasto y Arana, es que nace de una semilla en estado natural, que nunca ha sido mejorada. La productora lo explica así: “Es un tomate muy rústico, que nace de una planta salvaje, y tiene su sabor original, con un dulzor y una acidez justa. Es jugoso, madura naturalmente y es de venta directa, del productor al consumidor, porque al no tener conservantes no puede estar mucho tiempo en el cajón.

Apenas comienza a clarear, Isabel se despierta para trabajar la tierra. Estos días de verano, a las 4.30 está arriba para ganarle al sol y el calor. Desde 1999, cuando el ingeniero agrónomo Juan José Garat (“Lolo para nosotros”) descubrió las semillas de la fruta autóctona y comenzó a acompañarlos, Palomo y su grupo de productores intentan mantener la producción pese a las dificultades económicas, y hoy es parte fundamental de su forma de vida.

Lo vemos como algo cultural, no comercial. Las semillas las guardaron los italianos y portugueses que cultivaban esta zona con sus familias, hace muchísimos años, cuando todavía no existía el híbrido que hoy compramos en las verdulerías, y que por sus conservantes son redondos perfectos, pero cuyo gusto no tiene nada que ver”, señala esta salteña de 60 años que llegó a la región en los 80, se enamoró de un plantese y se quedó para continuar con un legado que conoció allá en el norte, de chica: el conocimiento está en la tierra, y de ella se aprende. Pero es una tradición que también puede perderse.

“Buscamos gente joven que empiece a producir, porque nos encanta cultivar la tierra, es lo mejor que uno puede tener, pero es un trabajo pesado y yo ya tengo 60 años”, reflexiona Isabel.

Por último dejó un mensaje sobre el miedo que genera que se pierda la tradición: “Es algo que pensamos mucho. Cuando seamos más grandes no se quién va a continuarla. A los jóvenes no les interesa mucho, pero la culpa es de nosotros, los mayores, que no hemos sabido transmitir su importancia. Yo llevo a mis nietos, aunque sean muy chicos, para que conozcan el cultivo. Tal vez ellos adquieran nuestra mirada, y quieran seguir la tradición del tomate platense”.


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