#LibrosDeVacaciones: Historia de una hora y otros cuentos

Continúan las reseñas veraniegas en Pulso Noticias. Esta semana leemos este libro publicado por la editorial platense Erizo con relatos de Kate Chopin, una de las precursoras de la literatura feminista en lengua inglesa de fines del siglo XIX y comienzos del XX

Por Juan L. Delaygue

Athénaïse no era esa clase de persona capaz de aceptar lo inevitable con paciente resignación, talento nato para muchas mujeres

La editorial platense Erizo publicó sobre fines del año pasado el volumen de relatos Historia de una hora y otros cuentos, de la autora estadounidense Kate Chopin (1950-1904). Se trata de seis narraciones que retratan la vida en las grandes estancias del sur de los Estados Unidos tras el fin de la guerra de secesión, particularmente las condiciones de opresión a las que estaban sometidos tanto las mujeres blancas como los esclavos y esclavas negras; el punto donde -más que cruzarse- estas cuestiones se encuentran y conversan sobre las distintas formas en que los cuerpos experimentan esa opresión. Historias mínimas, casi invisibles: un amorío de una noche oculto por la tormenta, la alegría íntima por la muerte del marido, retratos del rechazo del otro y de Lo Otro, vidas en las que el amor se presenta como una posibilidad más bien remota.

El libro está compuesto por cinco cuentos breves y una narración más extensa cuyas protagonistas son mujeres que intentan de alguna forma encontrar una salida a la opresión a la que están sometidas, damas blancas de los estados del sur que buscan un respiro al suplicio del matrimonio: “No, no lo odio -reflexionó, agregando con un súbito impulso-: solo odio, aborrezco estar casada. Odio ser la Señora Cazeau y preferiría ser Athénaïse Miché otra vez. No tolero vivir con un hombre; tenerlo ahí siempre; sus chaquetas y pantalones colgados en mi habitación; sus horribles pies descalzos” (“Athénaïse”). Resulta curioso que, salvo alguna excepción (pienso en el cuento “La tormenta”), las mujeres que desatienden sus obligaciones (y la obediencia es una de ellas) terminan siendo alleccionadas por las buenas o por las malas, con un aprendizaje moral (“Un par de medias de seda”), un aprendizaje del cuerpo (“Historia de una hora”) o de ambos tipos (“Athénaïse”).

También, en segundo plano, se puede leer una mirada crítica hacia la institución de la esclavitud, que cuestiona varios preconceptos sobre los afroamericanos. En la escritura de Chopin aparece en germen un reconocimiento de los afroamericanos como sujetos con las mismas aptitudes que los blancos, lo cual es novedoso en la literatura de esta época, pero aún así persisten ciertos prejuicios. Por ejemplo, acerca de Sylvie -una negra libre que es la casera del lugar donde Athénaïse se aloja en el último relato del libro- se anima a decir que “era muy sabia”, frente a una dama blanca que es “muy ignorante”. Sin embargo, deja en claro que Sylvie no aceptaría ser llamada madame por ninguna persona blanca. Esta caracterización presupone la idea de que existe una serie de comportamientos adecuados que los afroamericanos no debían transgredir. Una idea similar se percibe con respecto a las mujeres: “Todavía no había llegado el día en que una joven pudiera pedir permiso de la corte para volver con su mamá aduciendo que su constitución sencillamente no era la indicada para el matrimonio” (“Athénaïse”). Hay, entonces, una mirada crítica de las instituciones (la esclavitud, el matrimonio), pero aún se aceptan como naturales los sesgos de la época, se los entiende como carencias de los individuos, verdades irrefutables: sumisión, dependencia e inferioridad intelectual.

Se trata, en última instancia, de la cuestión de autonomía lo que vincula la vida de las mujeres blancas y los esclavos negros. El retrato de la época evidencia que en ambos casos los sujetos eran tratados como entes que debían estar siempre en relación de dependencia con un hombre: amo o marido (o, cuando aún no era el tiempo de esto último, un padre). Así, en el último relato del libro, la mención de la vida en el convento ofrece, más allá de la aparente reclusión, una relativa autonomía de la mujer: “De a ratos había contemplado seriamente internarse en un convento, dispuesta a aceptar los votos de pobreza y castidad; ¿pero qué pasaría con el voto de obediencia?”. Por otra parte, en “Más allá del pantano”, la institución de la locura le otorga la misma módica libertad a La Folle (literalmente, “La Loca”). Por todo esto es que la literatura de Kate Chopin resulta indispensable como punta de lanza de un período de transformación de paradigmas culturales y sociales.

Comentarios