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martes 18-06-2024

A 4 años de la muerte de Nisman: una gran contradicción

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El 18 de enero de 2015 se daba uno de los hechos más trascendentes de los últimos años en Argentina: la muerte del fiscal que investigaba la presunta “traición a la Patria” del gobierno de Cristina Fernández por encubrir a Irán de su responsabilidad en el atentado a la AMIA. Al día de hoy, hay quienes conviven con la duda de si se suicidó o lo mataron

Este viernes 18 de enero se cumple el cuarto aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman, un hecho que sacudiría la escena política en el arranque de aquel año electoral. Todos los medios nacionales e internacionales se hicieron eco de la noticia: el cadáver fue encontrado en el baño de su lujoso departamento de Puerto Madero, con un disparo en la cabeza. Ninguna cámara de seguridad había captado movimientos sospechosos, algunas directamente no funcionaban y, rápidamente, comenzó una larga carrera para averiguar qué había sucedido.

Lo concreto es que el hecho significaba un fuerte impacto a nivel social y político, teniendo en cuenta que se trataba del fiscal que semanas antes había denunciado públicamente a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, de haber formado parte de un plan criminal que buscaba encubrir a los supuestos responsables iraníes del atentado a la AMIA, que dejó 85 muertos en 1994.

Pero más impactante aún: los detalles de la investigación y la presentación oficial de aquella acusación se iban a realizar al día siguiente en el Congreso. Pero Nisman murió la noche anterior, y a partir de entonces fueron creciendo las hipótesis y las especulaciones. Durante dos años el “caso Nisman” fue un misterio, y gran parte de los ciudadanos se posicionaron convencidos de que el fiscal no apretó el gatillo que le produjo la muerte, sino que lo mataron. Aunque, claro, nunca se pudo corroborar quién o quienes lo habrían realizado.

Su muerte motivó numerosas marchas para exigir verdad y justicia, e incontables debates televisivos que especularon alrededor de cientas de hipótesis. “Yo soy Nisman” se convirtió en una leyenda multitudinaria en los meses que transcurrieron después de su dudosa muerte. Y todo aquel que se oponía al gobierno kirchnerista encontró en la causa un motivo más importante para sospechar.

En septiembre de 2018, 24 expertos coordinados por la Gendarmería, y un organismo dependiente del propio Gobierno presentaron un informe que aseguraba que Nisman no se suicidó. El resultado significó una contradicción para los peritos que habían estudiado el caso dos años atrás y hablaban de suicidio, y supuso un giro en la investigación.

Sandra Arroyo Delgado, la mujer del fiscal Nisman, decidió retirarse de la parte querellante de la causa que lleva adelante la Justicia, y fue siempre la principal defensora de la hipótesis que planteaba el homicidio del fiscal, pista que siguió la justicia federal y que ratificó la Cámara de Apelaciones. Su madre, Sara Garfunkel, afirmó que “sabe” que a su hijo fue asesinado. “Para mí lo mataron y punto. Lo que digan los demás no me importa, desde el primer momento. Por mí pueden hablar, pero sé que lo mataron”, declaró en una reciente entrevista.

Sin embargo, hay muchas pruebas científicas que sostienen que Nisman sí se suicidó. Por ejemplo, una exhaustiva pericia que se realizó en Salta y que determinó que sobre su mano se hallaron restos de pólvora, algo central para determinar si fue él mismo el que efectuó el disparo. Además, del total de 101 cámaras que enfocaban a la Torre de su departamento y el resto de las zonas comunes, andaban 80 y no funcionaban 21, por lo que difícilmente ninguna de ellas hubiera podido captar si alguien ingresó al lugar para cometer el presunto crimen. Ese estudio fue realizado por la Dirección de Operaciones Técnicas Especiales (DOTE) de la Policía Federal.

Como esas, muchas otras hipótesis que se fueron creando alrededor del caso –sobre todo mediáticamente- y que apuntaron siempre a promover la idea del asesinato, se fueron derrumbando por su propio peso. Hoy por hoy, la causa judicial es toda una contradicción: los jueces consideraron que fue un asesinato, pero buscan a un comando que nunca existió y asesinos que, por ahora, solo son un invento.

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