Una escuela platense alza la voz: “Más tizas y menos balas”

Fotos Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)

Los docentes de la Escuela Media Nº25 trabajan con muchos jóvenes en situación de vulnerabilidad y ven cómo se derrumban diariamente las políticas de Estado que deberían posibilitarles una mínima contención y perspectiva de futuro. El segundo día de 2019 tres balas policiales terminaron con la vida de uno de sus alumnos. Las consecuencias de la “doctrina Chocobar”, el intento de bajar la edad de imputabilidad y el discurso de odio sobre la población juvenil

Por David Barresi

“Matías camina con las manos, igual que el Gaspar del cuento. El Gaspar que, cansado de gastarse los pies caminando con su valija a cuestas para vender manteles, se dispuso un día a mirar el mundo desde una perspectiva distinta: caminando con las manos. A Gaspar le cayó la ‘gorra’, y mientras intentaba mantener el equilibrio y lo hostigaban, unos ladrones aprovechaban para robar un banco.

Matías es asesinado por la Policía de tres tiros, en el mismo momento en que grandes ladrones destructores de la vida, endeudan el país, achican al Estado, desfinancian la escuela, aumentan la desocupación y la pobreza, disminuyen las posibilidades, los proyectos, la inclusión, los planes sociales, los programas juveniles, las políticas destinadas a la niñez y a la adolescencia, y recrudecen sus políticas represivas, mientras lxs pibxs intentan encontrar un equilibrio”

Así comienza el texto que publicaron los trabajadores y trabajadoras de la Escuela Media Nº 25 “Alicia Moreau de Justo” el pasado 5 de enero. Tres días antes había muerto un alumno del colegio: Matías Marincovich, de 18 años, a causa de tres disparos por la espalda efectuados por un capitán de la Policía Bonaerense que en ese momento estaba fuera de servicio.

El año pasado durante una actividad cultural en el Galpón de La Grieta (18 y 71) a la que asistieron estudiantes y docentes del colegio, Matías había caminado con las manos -así, con los pies para arriba- por todo el salón mientras alguien leía en voz alta el cuento de Elsa Bornemann El caso Gaspar, ante los ojos azorados de todos los presentes. No es algo que cualquiera pueda hacer con facilidad. Si se trataba de un artista o profesional de la acrobacia en potencia, no lo sabremos, porque su vida, como la de muchos y muchas jóvenes en situación vulnerabilidad, terminó cortada abruptamente por el disparo de un uniformado.

El esfuerzo de un colegio

La Escuela Nº 25, ubicada en 2 y 54, nació en 1991 por un convenio entre lo que en ese momento era el Consejo Provincial del Menor y la Dirección General de Cultura y Educación, ante la necesidad de crear un establecimiento educativo en el que el personal que trabajaba en ese organismo pudiera terminar el secundario .

Por esta razón, el colegio tiene una modalidad de cuatro años, en la que se cursa tres veces por semana, siete horas por día, distribuidos en dos turnos (mañana y tarde). Es una escuela de enseñanza media para adultos, pero con el paso de los años, se abrió el ingreso a la comunidad. Entre 2012 y 2013, de la mano de la creación del Plan Fines, empezaron a entrar a cursar adolescentes, desde los 15 años (que es el tope mínimo de edad para ingresar).

La elección de los y las docentes que dan clases en la escuela se realiza a través de proyectos que se presentan en un concurso, modalidad que permite al establecimiento tener una mirada común sobre cómo abordar la enseñanza, que en este caso se realiza desde una perspectiva de “educación popular”.

A la Media Nº 25 asisten jóvenes que vienen de experiencias de deserción escolar, que han estado en situación de calle, que viven en hogares convivenciales, que están judicializados en institutos de menores, que atravesaron situaciones de violencia familiar, de medios a bajos recursos económicos. Es decir, de alguna forma el plantel de trabajadores -docentes y auxiliares- se especializa en el abordaje educativo de situaciones de vulnerabilidad, y su principal desafío es que los chicos y chicas no dejen el colegio.     

“La identidad principal del grupo de trabajadores de la Media Nº 25, es ser una escuela inclusiva. Nos importa del joven su persona, sus intereses, sus malestares, para a partir de allí construir en conjunto el valor de la herramienta educativa. Se trata de la construcción de proyectos de vida”, explicó Carina Equivar, integrante del Equipo de Orientación Escolar del colegio.

Cuesta arriba

Sin embargo, las cada vez menores políticas de Estado que asisten a este segmento de la población ponen al equipo docente de esta escuela -y al de muchas otras de la ciudad- a hacer malabares para contener situaciones de todo tipo.

Elena Sahade desde hace cuatro años es docente de Biología en el primer año de este establecimiento. Fue profesora de Matías ni bien él ingresó a la escuela, y es una de las que escribió el mencionado comunicado. Revisando la encuesta que les hace hacer a los alumnos cuando empiezan el año, recordó que el joven había tenido un excelente primer período, con asistencia casi perfecta y un desempeño óptimo. Luego, la falta de políticas estatales para contener problemáticas complejas hizo lo suyo.

De todas formas, la docente señala: “Desde el año que viene ya no vamos a poder ingresar más Matías (quien había entrado al colegio con 16 años)”. Esto debido a los cambios introducidos por la gestión de la gobernadora María Eugenia Vidal en el sistema educativo para adultos, que transformaron a la Media Nº 25 en un Centro Educativo de Nivel Secundario (CENS), específicamente para mayores de 18 años.   

“Para los casos de menores de 18 años lo que el gobierno implementó desde el año pasado, son las llamadas ‘aulas de aceleración’, modificando así los bachilleratos nocturnos que funcionaban en escuelas secundarias. Ahora los docentes tienen que hacerle un plan a cada alumno en particular para que sólo en un año, hagan tres. Después de aprobar eso pasarían al cuarto año de una escuela secundaria común”, detalló Sahade.

El argumento oficial, remarcó, es que esta modalidad será “para chicos de entre 15 y 17 años que no han podido ingresar a la escuela secundaria o que no han aprobado el año. Pero cuando vos tenés alumnos de esa edad como nosotros tenemos te das cuenta que el problema, sobre todo, no es que no ingresaron o que no aprobaron, es que dejaron. Eso es totalmente distinto”.

Ante el interrogante de “por qué dejan”, la profesora describe: “Porque tienen que cuidar a los hermanos, o porque les salió un trabajo, que a veces les sale en la mitad del año y les dura dos o tres meses y les coincide con el horario escolar, y después volver es muy difícil. O tienen un conflicto en la casa y dejan de tener ganas de estar en la escuela; o porque muchas chicas quedan embarazadas y si la escuela no contiene esa situación no pueden seguir. Son miles las situaciones que hacen que dejen”.

Todos los ciclos lectivos, Sahade observa que la cantidad de estudiantes que dejan la escuela son casi la misma cantidad que los que aprueban el primer año, y este número asciende a prácticamente a la mitad. Por eso el colegio tiene tres cursos en el primer año, y luego en los siguientes se reduce a dos: hay uno que “se pierde en el camino”.

Dar clase en el primer año de cursada le permite pronosticar el fracaso de las aulas de aceleración. “Te lleva un año fijarte en cómo está esa persona, en cuanto a lecto-escritura, comprensión de texto, entre otras cosas. Por ejemplo, hay estudiantes que escriben mal palabras de uso cotidiano, no por faltas de ortografía, sino porque no conocen la palabra. ¿Entonces cómo pueden comprender luego la explicación del docente? El enorme esfuerzo que le significa a muchos de los estudiantes comprender al docente y las tareas que deben hacer, muchas veces les impide realizarlas. Todas estas situaciones no se están contemplando con las aulas de aceleración. Tienen que hacer en un año, tres, sin este tipo de contención. Nosotros nos pasamos el primer año intentando que no dejen”, explica la docente.

Políticas de Estado

La declaración que escribió el equipo docente nombra una serie de políticas de contención que son imprescindibles para poder llevar adelante la tarea educativa en la población juvenil de cualquier barrio de una ciudad como la nuestra: que tiene índices de pobreza que alcanzan el 28% y de desocupación que rondan 10,3%, con porcentajes más elevados entre los jóvenes.

“Hace más o menos 3 o 4 años tenemos Equipo de Orientación Escolar (EOE). Se empezó a pedir justamente porque teníamos esta complejidad de que empezaron a ingresar alumnos jóvenes con un montón de situaciones conflictivas: desde violencia familiar, embarazos adolescentes, adicciones, violencia dentro de la escuela, chicos que empiezan a faltar y no se sabe qué pasa. Había que abordarlo de alguna manera”, remarcó Sahade.

Sin embargo, la situación desborda a diario a las únicas dos profesionales que integran el EOE de la escuela, las mismas que al enterarse de lo sucedido con Matías cortaron sus vacaciones, se contactaron con su familia, estuvieron en el velorio y se comunicaron con su novia para acompañarla. ¿Qué hubiera pasado si avanzaba el año pasado el intento de la Gobernación bonaerense de recortar estos equipos y la Media Nº 25 se quedaba sin esa herramienta?

A su vez, los trabajadores y trabajadoras de la Escuela Nº 25 siguen de cerca y con preocupación la situación de precarización laboral que viven los empleados de la Dirección de Niñez y Adolescencia de la Municipalidad de La Plata, que desde principio de año pelean además por la reincorporación de seis despedidos.

“Muchos de nuestros alumnos estuvieron en situación de calle, y tal vez después volvieron a sus casas y retomaron la escuela. O varios viven en hogares y a partir de ahí ingresan a la escuela. Otros están en Institutos de Menores, judicializados. Y en estos casos los servicios locales y el área de Niñez del Municipio juegan un rol muy importante con esas personas”, expresó Sahade.

“Se necesitan un montón de lugares del Estado para poder abordar estas diferentes situaciones. O sea, si un alumno está dejando la escuela porque está en situación de calle, porque tiene problemas en la casa o por lo que fuere, ¿qué solución podés darle sólo desde la escuela?”, se preguntó.

Hay políticas que antes ayudaban a que los y las jóvenes pudieran seguir sus estudios, pero sin embargo hoy son insuficientes. “El Plan Progresar, que muchos de ellos cobraban, está totalmente desfinanciado, la Asignación Universal también, están tan desfinanciados que no logran cumplir su función”, indicó.

A su vez, algunas iniciativas estatales parecen una burla. El lanzamiento del programa Adultos 3.0, realizado con bombos y platillos por el Director General de Cultura y Educación bonaerense, Gabriel Sánchez Zinny, para finalizar los estudios secundarios a distancia, por medio de “un campus virtual”, parece no cuadrar con la realidad. “Cuando veo eso, es como que están pensando en otro tipo de personas, totalmente distintas. Estas situaciones no están contempladas por este Gobierno. Y lamentablemente cada vez son más los que están en estas situaciones”, insistió Sahade.

Las políticas económicas tampoco ayudan. “Cuando empieza a caer el empleo y sube la inflación y las tarifas, los padres necesitan que los chicos trabajen. No los sostienen en la escuela”, afirmó la docente, y agregó que incluso los propios estudiantes terminan priorizando subsistir a estudiar.

Por su parte, Equivar remarcó: “La 25 tiene una postura crítica y política acerca de la vulnerabilidad  que atraviesan nuestros jóvenes en lo cotidiano. Nos encontramos totalmente en contra de las políticas de ajuste de este Gobierno, que desconoce que es responsable del desmembramiento social por la destrucción de los recursos estatales y esenciales como son la educación, las políticas de niñez y adolescencia, la salud. En este contexto de vaciamiento y destrucción social somos los trabajadores con una postura crítica quienes debemos levantar la voz. Pretendemos y queremos una niñez y adolescencia que piense, construya, elabore su futuro”.

Los profesores y profesoras ven ingresar alumnos, como Matías, con ideas, sueños y ganas, pero terminan dejando por laburo, embarazos, adicciones, conflictos en sus casas, en sus barrios, situaciones que los llevan a pensar que “el estudio” no es para ellos o ellas. Y para peor, todo en medio de un discurso promovido desde las esferas gubernamentales y amplificado por algunos medios de comunicación de gran alcance, que pone como enemigo interno a los y las jóvenes de bajos recursos económicos, buscando bajar la edad de imputabilidad o avalando la llamada “doctrina Chocobar” que justifica el gatillo fácil.

“Nosotros sabemos que con las políticas represivas, muchos de los alumnos de la Escuela Nº 25 son carne de cañón”, expresó Sahade, y lo sucedido con Matías es la lamentable comprobación de eso. Aún así, en este colegio no se resignan, y resumen en una consigna sencilla la base que debieran tener las políticas públicas: “Más tizas y menos balas”.

Matías caminando con las manos

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