“No es solo un nuevo gobierno, es un nuevo régimen político”

A horas de la asunción de Jair Bolsonaro como presidente, Pulso Noticias dialogó con Darío Pignotti, periodista argentino radicado en Brasil, sobre la nueva etapa que se avecina en el gigante latinoamericano. Un futuro signado por el poder militarizado, el ajuste económico y una relación bilateral con la Argentina fría como nunca antes   

Por Lautaro Castro

Llegó el “Día B”. Jair Bolsonaro asumirá este martes la presidencia de Brasil e inaugurará en el país un período de características inéditas en 34 años de vida democrática. Es que el ex capitán de paracaidistas del ejército llega al Palácio Do Planalto con una fuerte presencia militar en altas esferas del gobierno, nuevas prioridades en el plano internacional y un discurso de extrema dureza contra las minorías.

Bolsonaro, de 63 años, alcanzó la jefatura de estado tras vencer el 28 de octubre pasado en segunda vuelta al candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, con poco más del 55% de los votos. A partir de ese día, se encargó de diagramar los principales lineamientos de su gestión y, fundamentalmente, su equipo de trabajo.

“El nuevo presidente llega con una agenda muy fundacional. No es solo un traspaso de gobierno, sino probablemente la inauguración de otro régimen político. Hay algo que él ha dicho durante toda su biografía política e inclusive durante la campaña electoral: desprecia el orden democrático, no tiene compromiso institucional y reivindica a la dictadura militar [1964-1985]. Por tanto, este gobierno tendrá características, no diría dictatoriales, pero sí de un régimen fuertemente militarizado”, asegura a Pulso Noticias Darío Pignotti, corresponsal en Brasil del diario Página12 y un experto en materia política del país vecino.

A fin de explicar la impronta de la nueva gestión, Pignotti enumera algunos de los nombres que eligió Bolsonaro para ocupar los cargos más estratégicos. “El General Augusto Heleno es quien va a controlar el Gabinete de Seguridad institucional, una suerte de superministerio de inteligencia. El vicepresidente será el General Hamilton Mourao, quien actuará como una especie de delegado de las fuerzas armadas en el Palácio do Planalto. Carlos Alberto Dos Santos Cruz, también militar, comandará la Secretaría de Gobierno, que tiene rango de ministerio”.

¿Cómo transitará Bolsonaro sus primeras horas al frente de la presidencia?

—Los días previos a la asunción han sido marcados por una denuncia que involucra a su hijo, el electo senador federal Flávio Bolsonaro, quien estaría envuelto en una cadena de pagos ilegales de dinero en su despacho de la Cámara de Diputados estaduales de Río de Janeiro. Este caso, que surgió prácticamente como una noticia inadvertida, ha salpicado al presidente, quien es amigo de larga data de la persona cuyas cuentas están bajo sospecha. Se trata de un militar y policía retirado llamado Fabrício Queiroz. Bolsonaro va a asumir con esa sombra, con ese escándalo que hoy ya se conoce en Brasilia como el “Bolsogate”.

Pignotti cree que, si bien el caso permanecerá en la opinión pública en las próximas semanas, no es seguro que pueda prosperar en la justicia y que esto está íntimamente ligado a la figura de Sergio Moro, futuro ministro de Justicia y Seguridad Pública, y ex juez de la causa Lava Jato que condenó a Lula. “Con la influencia que Moro habrá de ejercer en el poder judicial, no sé si esto tendrá una repercusión como la que merecería. Por lo pronto, se observa el intento de los magistrados de primera instancia de quitarle el cuerpo a la causa. Queiroz fue citado dos veces y en ambas no se presentó, ante lo cual la justicia en lugar de ordenar que sea trasladado coercitivamente, lo ha convidado a que se presente voluntariamente cuando pueda. Hay cierta benevolencia respecto de este episodio frente a otros en los que la justicia se ha conducido de manera muy severa y acelerada”.

Primeros desafíos de gobierno

En el tramo inicial de su gestión, Bolsonaro intentará avanzar con algunas medidas que considera imprescindibles. En lo económico, por caso, salir de la recesión e implementar un ajuste fiscal, a través de privatizaciones y reformas previsional y tributaria. En materia de inseguridad, liberalizar la posesión de armas de fuego para aquellos que no tengan antecedentes penales.

Claro que para poder llevar adelante estas políticas deberá negociar con un Congreso fragmentado, en el que su Partido Social Liberal no tiene mayoría. “El PSL tendrá un peso legislativo bastante endeble, con 52 diputados sobre 513 en la Cámara Baja y una situación aún más adversa en el Senado. De todas formas, ya existe un pacto para que se sumen a Bolsonaro otros partidos conservadores y de centroderecha, lo que permitiría aprobar varias iniciativas”, señala Pignotti.

Asimismo, la nueva administración se embarcará en lo que Bolsonaro definió como “La Batalla Cultural”, que supone una imposición de nuevos valores sociales. El periodista lo explica: “La pastora evangélica Damares Alves, futura ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, ha prometido una especie de guerra santa no solo contra las minorías sexuales sino también contra el movimiento feminista que en Brasil es muy importante. Por ejemplo, anticipó que no solo se va a agravar la legislación contra las mujeres que decidan interrumpir el embarazo, sino que se va a instituir una beca para aquellas que garanticen que van a permanecer embarazadas luego de haber sido violadas”.

Nueva agenda internacional y relación distante con Argentina

La llegada de Bolsonaro al poder supone no solo un nuevo orden político a nivel nacional sino también una reconfiguración del país en el campo de las relaciones exteriores. En este sentido, la Argentina –histórico socio comercial y regional- no parece estar dentro de las prioridades del nuevo gobierno. “Bolsonaro, a través de algunos de sus ministros, ya anticipó que no va a darle a Argentina el lugar que tuvo históricamente y que el Mercosur no será prioritario en la nueva época que se avecina. Tampoco los gobiernos conservadores de Europa, como Francia y Alemania. Los países que han expresado afinidad hasta el momento se resumen básicamente a dos: Estados Unidos, a través de Donald Trump, y la Italia del Primer Ministro del Interior de ultraderecha, Matteo Salvini”.

¿Qué lectura se hace en nuestro país sobre este nuevo rumbo que toma Brasil?

— El presidente Macri está bastante preocupado porque en términos diplomáticos ya hubo dos desplantes de Bolsonaro. Primero, esto que se instaló a horas de su victoria electoral, de que Buenos Aires no habría de tener prioridad y que, además, la primera agenda de viajes internacionales incluiría Chile, Estados Unidos e Israel y no la Argentina. En segundo lugar, la negativa de Bolsonaro de viajar a Buenos Aires para la Cumbre del G-20. Se tendieron puentes para que, si él daba una señal positiva, Macri le hiciera una invitación como convidado especial, acompañando a Michel Temer. Pero esa señal nunca llegó.

¿Cómo será la relación entre ambos países en estos primeros meses del año?—Fría, al menos al inicio. A raíz de los últimos desaires, el presidente Macri decidió no participar de la ceremonia de asunción de Bolsonaro y sí hacer una visita el 16 de enero, algo que tiene en términos políticos y diplomáticos una connotación muy especial. La de que por primera vez desde que la democracia volvió a Brasil y que hubo asunciones de gobierno, las cancillerías de Buenos Aires y Brasilia se encuentran en un momento, no lo llamaría de tensión, pero sí de una frialdad inédita.

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