El año del vóley argentino

El ciclo de Julio Velasco, quien llegaba marcado como el salvador al equipo masculino, terminó lejos de cumplir con las expectativas. Si bien se conquistaron muchos triunfos ante potencias y el equipo dejó buenas imágenes a lo largo de su gestión de cuatro años, faltó el salto de calidad para estar mano a mano con todas las potencias y poder pelear por un podio.

El último Campeonato del Mundo en Italia y Bulgaria fue la fiel representación de este panorama. La gran victoria ante Polonia, luego bicampeón del mundo, contra groseros errores arbitrales, fue un impulso importante, pero se pagaron caras las derrotas ante Bélgica y Japón de la primera rueda que complicaron la historia por el sistema de arrastre de resultados.

Luego, ante Serbia y Francia hubo poco por hacer y el 15º puesto dejó un sabor amargo en un ambiente caldeado con el DT, que marchó a Modena tras dejar afuera en buena parte del torneo a Luciano De Cecco, el mejor armador del mundo, y se fue con una lista negra de disputas y renuncias importantes (como la de Nicolás Uriarte en su momento) en su mochila. Como si sobrara talento…

Ahora, el nuevo camino que iniciará Marcelo Méndez al frente de la Selección trae una bocanada de aire fresco en un 2019 que será clave para abrochar uno de los 12 lugares en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. El ex-River, campeón de absolutamente todo con el Sada Cruzeiro -donde seguirá con sus tareas-, tendrá la oportunidad que tanto se reclamaba para él en el mundo del vóley. Ojalá sea con éxito.

Si bien no había tantas grandes expectativas a su alrededor, la Selección femenina viajó a Japón con un problemón innecesario: el técnico Guillermo Orduna no se bancó una autocrítica de la capitana Yamila Nizetich, la mejor atacante del país y con mucho rodaje en el competitivo vóley italiano, y la separó del plantel. Un caso similar al de De Cecco: al Mundial con el mejor viendo desde afuera.

Los resultados no acompañaron a Las Panteras, que solamente festejaron ante Camerún, y la era de Orduna, que quedará en la historia por haber llevado al equipo a Río 2016, llegó a su fin. Su lugar lo ocupará un histórico de la celeste y blanca como Hernán Ferraro, probado con éxito en la rama masculina -fue ayudante de Velasco y lleva una buena gestión en Ciudad-, quien tendrá el difícil desafío de acertar con el recambio generacional para pelear por un lugar en los Juegos Olímpicos que vienen.

No todas son pálidas: la Liga Argentina mantiene su buen nivel, con extranjeros de renombre a pesar de la crisis económica, y es el semillero que la Selección necesita. Un UPCN arrasador, con una renovación que dio sus frutos, recuperó la gloria perdida en la temporada pasada, sumó su séptima corona para igualar al Celeste y dejó a Bolívar con mucha sed de revancha (viene invicto en la actual) para 2019.

El dominio de los dos más grandes se mantiene y ambos se perfilan nuevamente para luchar mano a mano por el título. Sin embargo, ahora tienen otro desafío que le dará más jerarquía al vóley nacional: la Copa Libertadores, en la que se miden los equipos argentinos contra las estrellas brasileñas. Obtener resultados allí no será nada fácil, pero el crecimiento y el fogueo con conjuntos de semejante nivel es muy valioso.

Fuente: TyC Sports

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