Chile: las mujeres toman las universidades

En el vecino país, el feminismo estalló en los centros de estudio, junto a denuncias de acoso y abuso sexual que hacen temblar a las autoridades. Pulso Noticias se contactó con una de las organizadoras para contarte el conflicto por dentro

Más de 20 facultades a lo largo de todo Chile permanecen en estado de toma feminista o en paro de sus actividades, en un conflicto que se extiende desde hace casi dos meses y que, pese a la renuncia de algunas autoridades y el desgaste de las movilizaciones, parece lejos de solucionarse. Las mujeres organizadas exigen cambios en la universidad para prevenir y sancionar el acoso y el abuso sexual, pero además reclaman una educación no sexista, que aborde de raíz el problema de la violencia y la desigualdad de género. El gobierno de Sebastián Piñera y algunos decanos han ofrecido mesas de diálogo, sin mayores resultados, y la sociedad se divide entre quienes sostienen un fuerte apoyo al movimiento y los que señalan a las feministas como “demasiado radicales”.

En abril se tomaron las primeras facultades por denuncias contra algunos académicos. Como el acoso no está tipificado en el código penal chileno, las sanciones fueron administrativas, y las mujeres se rebelaron contra ello. Las situaciones de violencia comenzaron a visibilizarse, los casos se multiplicaron y el avispero se agitó, generando una verdadera revuelta. La Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, por caso, lleva 50 días tomada, y su rector, Davor Harasic, renunció el pasado lunes. El conflicto es inédito, y hasta la Sede Central de la Pontificia Universidad Católica estuvo tomada por sus estudiantes, algo que no sucedía desde 1967. Ramas tan diversas como la Escuela de Gobierno y Administración Pública, el Instituto de Comunicación e Imagen, Derecho y Ciencias Sociales; en lugares tan disímiles como Valdivia, Puerto Montt, Valparaíso, Temucho y por supuesto Santiago, son parte de un mapa que se pinta de violeta.

En este escenario, Pulso Noticias se comunicó con Catalina Fuentes, una de las tantas organizadoras del movimiento, para entender la génesis del conflicto, conocer cómo son las tomas de facultades por dentro y cuáles son las perspectivas para ganar esta lucha. La ola feminista, pareciera, barre las geografías y atraviesa la cordillera con la fuerza del Pacífico.

El movimiento, por dentro

“Nuestra toma no es separatista: pueden entrar hombres, pero ayudan con el aseo, la cocina, tienen un rol de compañeros, no de liderazgo. Las decisiones se toman en asambleas de mujeres, y se comunican. Hay varones vetados, cuyas fotos están en un computador, y se les prohíbe el ingreso para mantener el espacio seguro. Pero también para que las mujeres podamos dar nuestra opinión libremente y alzar la voz” dijo Catalina, 21 años, al otro lado del teléfono. Reflexiva, confesó que “al principio estaba todo bien organizado, teníamos muchas donaciones, estábamos bien pobres pero nos llegaba comida de compañeras egresadas y profesoras. Ahora hay un cierto desgaste”.

“Ser feminista es liberador, pero también te caga la vida”

Estudiante de cuarto año de la carrera de Administración Pública, Fuentes es parte de la Secretaría de Sexualidades y Géneros, e integra una comisión interestamental contra el acoso y el abuso sexual, donde acompaña las denuncias de sus compañeras. Desde ese lugar, vivió en su cuerpo los relatos de la violencia patriarcal. “Ser feminista es liberador, pero también te caga la vida, porque te das cuenta de la opresión a la que somos sometidas a diario, y ves cómo gente a la que admiras y quieres mucho perpetúa esas violencias a cada rato”, dijo. En esa dualidad, en ese mar de emociones, viven hoy miles de jóvenes chilenas. Para Catalina, “es bacán darme cuenta de que hay tantas mujeres que se organizan con la convicción de decir basta, ya no toleramos más las humillaciones. Pero también es triste ver hasta dónde tenemos que llegar, qué tan radicales tenemos que ser para que te escuchen, y que lo único que les importe (a las autoridades) no sean sus estudiantes, sino su poder, que no se vea dañado el prestigio de sus puestos”.

A las jóvenes universitarias también les han gritado: “A mí no me representan”. Están en el ojo de la tormenta, y la tormenta son ellas mismas. Muchas y muchos cuestionan que pierdan tantas clases, pero otras, sus profesoras, se han organizado en una red para apoyar las tomas, porque “ellas se dieron cuenta de que también estudiaron en un ambiente de violencia, y les parece bien que no lo toleremos más”. A nivel político, Piñera inauguró una agenda de género, “porque algo tenía que decir”, y en la televisión, hasta los programas de farándula, como aquí pasa con Jorge Rial en Intrusos, se han puesto a hablar del acoso con una seriedad que a Catalina y sus amigas las ha sorprendido.

A nivel nacional, el movimiento feminista exige que se revisen los programas curriculares, que se implementen protocolos en las universidades, paridad de género en los claustros, acompañamiento en las denuncias de acoso y abuso (“nos hemos tenido que hacer cargo solas de todo el proceso”) y, principalmente, se reclama una transformación en el sistema porque, dicen, en la educación sexista “está el germen de la violencia”.

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