La crisis también “golpea” a los millonarios

Eudardo Constantini, dueño de Nordelta, criticó la gestión de Mauricio Macri y aseguró que dejó de ser billonario. Por otra parte, empleadas del barrio denuncian discriminación

Los millonarios no suelen sincerarse ante los medios. En realidad, de alguna u otra manera nunca son sinceros. Pero Eduardo Costantini, fundador del Malba y de Nordelta, entre otros emprendimientos, planteó que durante el 2018 “ha habido una enorme pérdida patrimonial en Argentina” y se quejó: “Muchos dejamos de ser billonarios”.  El curioso argumento se dio en Radio Led quien le preguntó si se sentía la crisis en el barrio de zona norte y le recordó el ranking de millonarios de la revista Forbes, de la cual el magnate inmobiliario forma parte. Al respecto, Costantini dijo que él “cayó en el ranking” de los multimillonarios porque se “valúan el precio de las acciones” y las de su empresa Consultatio valen hoy en día “más o menos el 30 por ciento de lo que valían”.

Por otra parte, el empresario rechazó la especulación de que la Argentina podría ir al default: “No creo, me parece un disparate”, planteó y señaló que el país “va a tener que hacer los deberes” para afrontar los pagos del fuerte endeudamiento. Las casas abandonadas de los narcos que vivían en Nordelta. Costantini explicó además que en Nordelta la crisis económica “se siente pero es más leve que en otros lugares” y consideró que el gobierno de Macri pudo controlar el “lío financiero”. “Ahora tenemos la crisis y los desequilibrios de los precios relativos”, analizó.

Empleadas denuncian discriminación

Una muralla invisible se instaló en las últimas horas dentro del complejo privado Nordelta después de que un grupo de empleadas domésticas denunciara que sus patrones habían juntado firmas para que la empresa de combis que realiza los traslados les impidiera viajar con ellos.

Las dificultades para viajar empezaron hace unos dos meses. “Pasan y levantan a los propietarios sin problemas. A nosotras, las empleadas domésticas, no nos dejan viajar”, señaló Sandra, una de las empleadas damnificadas. Empezaron entonces a hacer preguntas, pero las respuestas que consiguieron las preocuparon todavía más.

“Nos enteramos de que en una reunión algunos dueños dijeron que no querían compartir el transporte con nosotras porque ‘hablábamos mucho, estábamos transpiradas y porque tenemos mal olor’”, sostuvo. Las mujeres decidieron hacer un corte de calles para protestar por la  discriminación.

“Al principio, los propietarios que viajaban en la combi colocaban bolsos ocupando más de un asiento para no tenernos al lado. Eso ya no estaba bueno, pero lo tolerábamos. Después, pusieron la excusa de que no podíamos viajar paradas y así no nos dejaron subir más. En un momento comenzamos a ver pasar combis casi vacías en las que tampoco nos hacían lugar”, agregó la mujer.

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