El drama de vivir en el Gigante del Oeste

Las 432 familias que viven en este barrio de Olmos que nació con el Procrear, vienen sufriendo una ola de robos que cada vez se tornan más violentos. Cortaron la avenida 44 para visibilizar la problemática

Por Ezequiel Franzino

Los robos en el Gigante del Oeste no son cosa nueva. Allá por 2015, cuando todavía era un inmenso lote que empezaba a tomar forma de barrio, comenzaron a faltar materiales, carpinterías de las casas en construcción y alguna que otra herramienta. Dentro de lo malo, hasta ahí estaba todo bien. Incluso, mientras las casas continuaban en obra, para resguardar los materiales, los vecinos se turnaban para ir a dormir en sus autos al predio. Y hasta ahí todo bien. Pero desde un tiempo a esta parte, el clima se puso espeso. Lo que eran escamoteos menores y esporádicos, ahora se convirtieron en sistemáticos y violentos, en los que no faltan entraderas, ataques con armas, hogares desvalijados y un miedo permanente.

El más grave fue el de hace unos quince días, cuando dos hombres le apuntaron con un revólver a un nene, exigiéndole a su madre todas las pertenencias del hogar. En este barrio (ubicado entre las calles 173 y 177 y de 47 a 52) en donde la Policía no aparece ni por asomo, también barretean puertas, e interceptan a los vecinos a cualquier hora del día. A una familia le desvalijaron la casa, quitándole el sueldo y hasta la comida del freezer.

En este escenario, bajo el lema #LaPlataInsegura #ElGiganteEnAlerta, los vecinos decidieron realizar una asamblea que incluyó un corte parcial de la avenida 44. Esta acción ya la habían realizado la semana pasada, pero al otro día de la manifestación, mientras sucedía el Boca-River, dos tipos en una moto se llevaron un televisor de una casa. 

“Estos robos tan fuertes fueron la gota que colmó el vaso, pero no es el único reclamo que tenemos. No queremos que nos blinden el barrio, ni tener un mangrullo en la entrada. Queremos que las condiciones de habitabilidad estén dadas. Inseguridad es falta de iluminación. Inseguridad es que no entre el micro”, explicó a Pulso Noticias Marisa Carr, vecina del Gigante del Oeste.

Sin alumbrado público, y con un micro que no ingresa al barrio, en esas cuadras que los vecinos tienen que caminar a oscuras para llegar hasta sus casas se vuelven carne de cañón. La semana pasada tres mujeres corrían desesperadas hasta la 44 intentando zafar de una moto que las perseguía para robarles. Todavía al trote, una de ellas tiró su cartera a un descampado para que no se la quitaran. “Es como que salen a cazar. Y uno anda con la sensación de que lo están esperando agazapados”, explicó Marisa Carr.

El motivo por el cual el micro no llega resulta absurdo. Para que el OESTE pudiera ingresar en el Gigante a completar el recorrido, el municipio asfaltó las ocho cuadras de acceso al barrio. La noticia se celebró con bombos y platillos, antes de enterarse que el mismo no era apto para resistir el peso de los colectivos.

Según un relevamiento informal hecho por los mismos vecinos, entre 4 y 5 habitantes de cada una de las 22 manzanas que componen el barrio sufrieron algún hecho delictivo. Al voleo, el número ya supera los 100 casos. “La Policía dice que no hay suficientes móviles, que no hay infraestructura para brindar un servicio de patrullaje, que los móviles están en mal estado”, explicó Marisa, quien agregó que “los robos son cada vez más virulentos y más seguidos”.

Sin embargo ellos saben que no son los únicos. En las asambleas de la calle 44, se sumaron vecinos de toda la periferia, incluidos los del barrio Centinela, La Nueva Esperanza y de toda la zona de Olmos en general.  “Uno no puede perder de vista que es la realidad de todos lados. El tema es que tenemos mucha comunicación entre nosotros y sabemos lo que pasa. Pero si uno agarra 22 manzanas de La Plata, seguramente los índices de robos sean parecidos”, dijo Marisa.

Ante la falta de presencia policial, entre los vecinos armaron grupos de WhatsApp en los que se avisan las emergencias o urgencias. “Cuando nos enteramos de algo salimos todos los que estamos cerca, activamos para cuidarnos entre nosotros”, dijo Marisa.

Sobre esta acción particular del corte de la 44, Marissa aseguró que “muy pocas veces nos dan bola. Ni con las cloacas, ni con la plaza del barrio, que ha sido promesa de cinco delegados de Olmos. Como se agotan estas vías, el reclamo lo queremos hacer más visible, y además trabajar en conjunto con otros barrios pegaditos al nuestro, que tienen la misma problemática y menos organización”.

 

 

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