¿Ciencia para quién?

Por Matías Blaustein* especial para Pulso Noticias

En los últimos meses podemos encontrar una serie de titulares, en medios tales como Página12 o Diario Registrado, refiriendo, señalando y alertando sobre la profunda preocupación por el desfinanciamiento de la ciencia, por la desaparición del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MinCyT) y en relación a la génesis de una nueva fuga de cerebros. Y si se habla de una “nueva” fuga de cerebros es, justamente, porque el fenómeno no es novedoso. De original tiene poco. Cualquier parecido con el éxodo que prosiguió a la tristemente célebre “Noche de los Bastones Largos” en el año 66, claro está, no es pura casualidad. Cualquier parecido con la “Fuga de cerebros” de la cual informaba Clarín[1] un 31 de julio de 2002, durante el gobierno de Duhalde y luego de años de menemismo y del gobierno de la Alianza, no es pura casualidad. Dicen que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa. Nada dicen, sin embargo, acerca de la tercera, mucho menos de la cuarta o quinta iteración.

Más cerca aún en el tiempo, este 23 de octubre, Página12 vuelve a cubrir el tema: “Un sistema que no crece y va al colapso” en referencia a la carta abierta a Mauricio Macri que escribieron más de 1.200 “investigadores y académicos de renombre, entre ellos once premios Nobel”, quienes advirtieron sobre un “nuevo éxodo de científicos altamente capacitados”. En el texto se señalan los “doce años de continuo crecimiento y expansión”, relacionados con el periodo de las presidencias de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner en los que se creó el MinCyT, se aumentó la inversión en Ciencia y Técnica (CyT) y en los que creció el número de becas e ingresos a Carrera del Investigador Científico del Conicet (CIC).

No se menciona, sin embargo, que dicha inversión comenzó a mermar en 2013 (casi 3 años antes de comenzado el gobierno de Macri) ni que la inflación comenzó a superar holgadamente los aumentos salariales en los últimos años de la gestión kirchnerista (Fig. 1). Tampoco se menciona que la profundización del deterioro salarial, de la reducción del presupuesto en CyT y otra serie de medidas que afectaron fuertemente la situación de lxs trabajadorxs de CyT durante el gobierno de Macri no hubieran sido posibles si no fuera por la connivencia en el parlamento de otros bloques, incluyendo a sectores del peronismo y del kirchnerismo, así como por el rol que jugaron firmando paritarias a la baja y aceptando mecanismos de disciplinamiento -como los controles biométricos y el presentismo- importantes sectores del sindicalismo peronista como UPCN (en el caso de CyT).

Según informa Página12, lxs investigadorxs de renombre advierten, en la misma carta abierta, sobre el incumplimiento por parte del gobierno de los compromisos relacionados con subsidios y planes de mejora en infraestructura. Sólo más adelante se especifica, además, “que peligran los puestos de trabajo de 10.000 científicos, 10.000 becarios doctorales y posdoctorales y casi 3.000 técnicos”. Es importante enfatizar dos cosas. La primera, porque ha sido una constante en todo el conflicto de CyT. Lxs investigadorxs de renombre han jerarquizado, han estado siempre más preocupadxs por sus subsidios e infraestructura, por “la ciencia”, que por lxs trabajadorxs de la ciencia que se quedaban fuera del sistema o que no llegaban a fin de mes. Así es que en las ocupaciones pacíficas del Conicet de 2016 y 2017 en que se reclamaba la reincorporación de lxs investigadorxs en formación despedidxs, era más probable encontrar la
presencia y solidaridad de trabajadorxs de otros sectores que la de muchxs investigadorxs de jerarquía (fue particularmente emocionante, por ejemplo, cuando compañerxs de movimientos sociales, de desocupadxs y cooperativistas como el FOL o el MPLD acercaron gran cantidad de alimento para apoyar el reclamo). La segunda, y relacionada con la primera, se desprende del párrafo anterior: para quienes escriben la carta, están los científicos y están los que no lo son: “los becarios doctorales, posdoctorales y los técnicos”. El obrero que lee, ese obrero de Berthold Brecht, se preguntaba:

“¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas? En los libros aparecen los nombres de los reyes. ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra? Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los constructores? ¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla China? La gran Roma está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?”.

Toma del Ministerio – diciembre de 2017

Esto, que pudiera parecer una cuestión menor o un detalle no lo es. La carne de cañón de las políticas ajustadoras del actual gobierno son lxs trabajadorxs en negro, lxs contratadxs, lxs planta transitoria, lxs becarixs, lxs ninguneadxs, lxs invisibles del sistema de CyT. Es decir, lxs que el sistema de CyT considera “no científicxs”. Es justamente esta planta la que aumentó más fuertemente durante los “doce años de continuo crecimiento y expansión”, evidenciando que buena parte del desarrollo se promovió sobre la base de incrementar una mano de obra precarizada que trabaja en negro para el Estado y que resulta particularmente vulnerable ante las políticas de desguace del sector público. De 2003 a 2016, y según datos de Conicet en cifras, el número de becarixs doctorales, posdoctorales y de personal administrativo (mucho del cual no está en planta permanente) aumentó, mientras que la proporción de personal de apoyo, investigadorxs adjuntxs, independientes, principales y superiores (planta permanente y en blanco), disminuyó. Hay que enfatizar también que, si bien aumentó el número de becas internas doctorales en dicho período, también es cierto que desaparecieron las becas doctorales externas. Tomado todo esto en su conjunto, es importante destacar que no por casualidad surge en 2005 el movimiento de becarixs “Jóvenes Científicxs Precarizadxs” (JCP), reclamando derechos laborales, salario acorde a la canasta familiar y democratización de los órganos de gobierno del sistema científico. Y si se habla de democratización de la CyT es bueno aclarar que el directorio del Conicet está conformado y votado únicamente por investigadorxs, dejando afuera de las decisiones a toda la base del sistema de CyT (becarixs, administrativxs, personal de apoyo). Sin embargo, dicho directorio sí incluye miembros elegidos por sectores de la industria (como la UIA), del agro (como la Sociedad Rural) y del gobierno de turno.

En este contexto, la reciente degradación a Secretaría del MinCyT no sólo representa “una gran carga simbólica negativa”, al decir de quienes firman la carta abierta, sino que prevé -lejos de un simbolismo-, futuros recortes y despidos más que concretos en el sector.

Por otro lado, y completamente ausente del análisis de quienes firman la carta, aparece la cuestión del contenido de la CyT que se financia. El exministro de CyT, Lino Barañao, hoy degradado a secretario, fue el principal impulsor durante el gobierno kirchnerista de una CyT mercantilizada y orientada hacia la empresa y en particular hacia la producción de ganancia en base a políticas extractivistas tales como la megaminería y el agronegocio, base de la economía menemista, kirchnerista y macrista. Hoy por hoy, esas políticas no son algo nuevo, sino que por el contrario se profundizan a través del eufemismo de priorizar “temas estratégicos”.

¿Por qué no tenemos ciencia?, se preguntaba en su momento el renombrado médico e investigador Marcelino Cereijido. Sus respuestas apuntaban a que nuestros gobernantes, los gobernantes de los países tercermundistas, no comprenden, a diferencia de los estadistas de los países desarrollados, la importancia de la ciencia. En esta misma línea de pensamiento es que circulan eslogans, como aquél que reza que “los países que más crecen son los que invierten en ciencia”. En términos lógicos, pareciera ser, según estas apreciaciones que, independientemente del país, de la región del mundo o del tipo de ciencia, “dame ciencia y yo te daré crecimiento, te daré desarrollo y te daré prosperidad”. Pero… detengámonos acá por un instante. La ciencia que hacemos, ¿a quién beneficia? ¿Quién la financia y por qué? ¿Quién se beneficia -en última instancia- de los aumentos y de los recortes en ciencia? ¿Es realmente la ignorancia de los funcionarios de turno lo que dictamina los avatares, los ciclos de inversión y desinversión en ciencia en la Argentina? ¿O influyen los ciclos macroeconómicos, las agendas de los países centrales y los intereses privados de empresas y políticos locales de turno? Lino Barañao, el único ministro de Ciencia y Técnica (CyT) que existió en toda la historia de nuestro país, decía en 2009 que el deber moral del científico es transferir su conocimiento a la empresa. ¿Será entonces que cuando se beneficia la empresa y sus empresarios nos beneficiamos todxs? ¿Será quizás por eso que hacemos el salvataje de Metrogas, de bancas privadas así como antes estatizábamos deuda privada con Cavallo o con Martínez de Hoz?

¿Cómo y por qué “crecieron” históricamente los países centrales que son también los que hoy, efectivamente, invierten en ciencia? ¿Merced a qué ingenios y a costa de qué miserias, de qué ultrajes y de qué efectos colaterales? ¿A qué, a quién o a quiénes defendemos cuando decimos defender la ciencia? ¿Pero, qué ciencia defendemos? ¿Defendemos la producción pública de medicamentos y vacunas, la soberanía energética e informática, el acceso al agua potable y a la educación? ¿O defendemos, muy por el contrario, el monocultivo de soja, el glifosato y los pibes bandera; la megaminería y el cianuro; el fracking y el extractivismo pesquero; el negocio de las farmacéuticas; el lucro privado? ¿O será que viene todo en un mismo paquete?

¿Ciencia para qué? ¿Ciencia para quién? Preguntas que insisten. Son épocas en que se hace más que necesaria la unidad y la conciencia para defender el presupuesto y los salarios en CyT, para defender la educación pública. Pero sabemos que ni la educación ni la CyT son neutrales. Nunca debería ser mal momento para problematizar el contenido de nuestra educación, de nuestra ciencia. Y mucho menos para comprender que, al igual que en el resto de los sectores y lejos del presunto pedestal inmaculado en el que se pretende erigir la ciencia, lo que existe en su base -al igual que en el resto de los sectores- es un conjunto de laburantes de carne y hueso que al terminar el día necesitan pagar las cuentas y darle de comer a sus pibes.

*Doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Conicet. Docente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

Fuentes:

https://www.pagina12.com.ar/142958-una-carta-de-alarma

https://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-311474-2016-10-16.html

https://www.diarioregistrado.com/sociedad/fuga-de-cerebros–el-dolor-de-una-madre-al-despedir-a-su-hija-cientifica-que-se-va-del-pais-_a5b8e95508baea437d2f17a94

https://www.diarioregistrado.com/politica/argentina-se-enfrenta-a-una-nueva-fuga-de-cerebros-ante-el-desfinanciamiento-de-la-ciencia_a5989f2eba9b2d97288404fd4

https://www.clarin.com/sociedad/fuga-cerebros_0_B1wG8LNeCFx.html

https://www.pagina12.com.ar/150627-un-sistema-que-no-crece-y-va-al-colapso

https://cifras.conicet.gov.ar/publica/

[1] Clarín, el “Gran diario argentino”, el mismo que pocos días antes de aquella nota aseveraba que “la crisis causó dos nuevas muertes” en referencia al asesinato de Darío Santillán y Maximilano Kosteki por parte de la Policía. Hoy por hoy, Clarín ya no publica notas sobre la crisis en CyT ni sobre ninguna fuga de cerebros.

[2] JCP, luego junto a ATE-Conicet, es el movimiento que, más cerca en el tiempo, protagonizará las más importantes luchas del sector de Conicet contra el ajuste del actual gobierno.

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