Tristeza y desazón entre los canillitas del diario Hoy

Foto: Hernán Fouillet

Les avisaron vía WhatsApp que ya no tenían más trabajo. Ninguno de los máximos responsables de la cadena de distribución dio la cara ni se reunió con ellos y la empresa no pretende darles ningún tipo de indemnización. Otra consecuencia del derrumbe del clan Balcedo

Por David Barresi

“Buenas a todos, paso a informarles que en el día de ayer sábado 3 de noviembre el diario cerró sus puertas. Lamentablemente y con todo el dolor tengo que decirles que la presión Judicial que se ejerció con saña contra este diario hace que se llegue a esta situación!!!! Cualquier otra novedad se las comunicaré!!! Desde ya agradezco el aguante que muchos de ustedes ha puesto para seguir bancando durante tantos años y en especial este último año que se complicó todo!!! Gracias y saludos (sic.)”

Ese fue el mensaje de WhatsApp que ayer recibieron los más de cien canillitas que todos los días repartían el diario Hoy en los puestos verdes ubicados a lo largo y ancho de la ciudad. Nadie dio la cara ante ellos. Ningún supervisor buscó reunirse para explicarles qué sucedía. La causa del cierre es disfrazada como una “presión judicial” contra el medio, cuando en realidad el motivo es el procesamiento con prisión preventiva de sus dueños, la familia Balcedo, por estar acusados de integrar una asociación ilícita que -como mínimo- realizó un millonario vaciamiento de un sindicato.

Tampoco hubo un solo directivo de la supuesta cooperativa RedCoop, a la que los canillitas pertenecían, que les aclarara a los repartidores si habría alguna indemnización para quienes le pusieron el cuerpo a la red de distribución del segundo diario más importante de la región.

Hoy, la mayoría de los puestos verdes de chapa amanecieron cerrados, en el primer día en el que el matutino no estuvo en la calle después del anuncio del cierre definitivo. Algunos de los canillitas decidieron ir a abrirlos, para buscar sus cosas, llorar un poco. Los más antiguos sienten una mezcla de tristeza y desazón, propia de quienes tenían un enorme sentido de pertenencia con el medio.

La historia de la red de reparto propia está vinculada a los inicios del diario, cuando la empresa de la familia Balcedo denunciaba que en los puestos amarillos de la Cooperativa Vendedores de Diarios Revistas y Afines -la única habilitada para el reparto de medios gráficos- no se permitía la circulación del periódico.

En 1994, un año después de su nacimiento, el diario Hoy creaba RedCoop, una supuesta cooperativa de canillitas, que en realidad era una red de distribución al mando de los dueños de la empresa y que nunca tuvo un funcionamiento cooperativo. Tres años después se inauguraron los puestos verdes, que fueron clausurados por la Municipalidad ni bien fueron instalados por no estar habilitados pero, gracias a un fallo judicial favorable, lograron establecerse para siempre y formar parte del paisaje permanente de la ciudad.

El trabajo de los canillitas del diario Hoy siempre fue precario. Salarios bajos, controles permanentes y ningún tipo de derecho laboral. Mientras el diario se distribuía gratis, cobraban un salario de 300 pesos por día, por trabajar de lunes a viernes. En los últimos meses, cuando el matutino se volvió a cobrar, iban a porcentaje: cuando salía $10, se quedaban con $7, y la “cooperativa” se llevaba $3; cuando se vendía a $15, se quedaban con $10.

Aún así, el diario supo construir su legitimidad entre los repartidores, otorgándoles todos los jueves una bolsa de mercadería, casi como si fuera una organización social. Para buena parte de los canillitas, el magro ingreso generado por el reparto del periódico era fundamental en su economía e incluso varios pudieron incorporar a sus familiares al reparto. Para quienes realizaron esa actividad durante años, el agradecimiento con la empresa siempre estuvo presente, pero la forma en la que se dio el desenlace, con ese frío mensaje, disparó comentarios de bronca.

“Ahora me duele el alma”

María Estela Natividad Romero, más conocida como “Nati”, comenzó a trabajar en el reparto del diario Hoy el 3 de septiembre de 2002. Nada será lo mismo ahora en la esquina de 12 y 53, a la sombra de la Torre II, que ella supo ocupar durante 16 años soportando cualquier inclemencia climática. El reparto para ella siempre fue una prioridad.

Al hablar del diario se emociona, no puede creer que se haya acabado, que no haya vuelta atrás. Sueña con que alguien se haga cargo de la empresa para poder seguir abriendo el puesto todos los días desde las 6 de la mañana hasta pasado el mediodía. Hoy, a pesar de que sabía que no iba a tener diarios para vender, fue igual hasta a su puesto. Necesitaba retirar sus cosas, saludar a los vendedores ambulantes que fueron sus compinches durante años y a la gente que le compraba el matutino.

El trabajo le servía para tener otro ingreso además de su jubilación, pero para ella era mucho más que eso.“Para mí era como un entretenimiento, ahora me duele el alma”, dijo y remarcó: “Siempre estuve acá, nunca falté, aunque llueva, haya viento, estando engripada incluso. Hasta hoy vine, que sabía que no había diario”.

Fanática de Estudiantes, solía llevarse un ejemplar del suplemento deportivo y recortar la formación de los equipos a los que enfrentaba el Pincha para mufarlos. Cuando llegaba a su casa ponía el recorte dentro del freezer y algunos de los puesteros que comparten esquina con ella aseguran que el “gualicho” solía funcionar.  

“La remera me la llevo”, dice en referencia a la indumentaria con el logo del diario. “Las banderas se las dejo”, aclara. Asegura que en los últimos meses, cuando el diario entró en la más franca decadencia, apenas le llevaban para repartir entre 25 y 30 ejemplares. Aún así, nunca aflojó. Para Nati, hoy no hay consuelo que valga, no puede disimular la tristeza de que se termine un trabajo para el que puso el cuerpo como pocas. Todo a cambio de apenas un frío mensaje: “Gracias y saludos”.

 

Comentarios