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miércoles 06-12-2023

Doradas y Pinchas

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El beach handball fue uno de los grandes protagonistas de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. A puro fly y giros en la arena del Parque Sarmiento, las Kamikazes cautivaron a un público entusiasmado que se agolpó en las puertas del Estadio para ser testigo del momento más soñado. Quince días después de tocar el cielo con las manos, Carolina Ponce y Rosario Soto, jugadoras de Estudiantes e integrantes del equipo nacional, rememoraron el histórico logro tras tres años de sacrificio, entrega y dedicación.

Por lo novedoso, dinámico y espectacular, el beach handball despertó una fiebre inesperada en miles y miles de argentinos. El deporte enamoró a todos desde el primer día y promete instalarse en nuestro país a partir de los seguidores que cosechó en la cita olímpica. “Sinceramente no tomamos dimensión de lo que vivimos y la explosión de la disciplina, pero sabemos que hay más de 800 solicitudes para practicarla y eso nos hace entender un poco lo que logramos y causamos en la gente”, señaló Soto al sitio oficial de Estudiantes, la arquera de 18 años y figura del combinado nacional. Ponce, especialista en la Selección y también jugadora de handball indoor en el club, se ilusiona con la incorporación de esta modalidad en la institución: “me encantaría que Estudiantes tenga canchas para practicar porque los chicos se re copan. Es algo muy lindo y sin dudas va a crecer mucho”.

El camino al oro

Garra, entrega, pasión y sacrificio, mucho sacrificio. Todo lo reúne un grupo de chicas que comenzó a trabajar hace tres años con Buenos Aires 2018 en el horizonte y el sueño de hacer historia. “En este último año en el que trabajamos más duro nos planteamos como objetivo llegar al podio. En el Mundial de Mauricio logramos el tercer puesto y no queríamos bajar de ese nivel”, aseguró Soto. La neuquina reconoció que “a medida que pasaron los partidos nos dimos cuenta de que estábamos cada vez más cerca. Cuando llegamos a la semifinal nos dijimos ‘es la de oro o no es nada’, ya no nos conformabanos ni con la de bronce ni con la de plata”.

El camino de Argentina hacia el oro olímpico no comenzó en el primer partido ante Turquía. Los Juegos fueron el cierre de un proceso lleno de adversidades para un grupo humano que entendió que la única receta es el entrenamiento serio y consciente. Las chicas creyeron en sí mismas, trabajaron en silencio y dejaron que el éxito haga ruido. “El día del debut entramos a la cancha y lo primero que hicimos fue llorar. Me temblaban las piernas porque había demasiada gente. La entrenadora nos pidió concentración y que empecemos a disfrutar”, recordó Ponce.

Las Kamikazes perdieron únicamente con Holanda, y entre los triunfos más resonantes están los logrados frente a Hungría, campeón del mundo. “Después de ganarle sentíamos que no nos podía parar nadie. Lo hicimos en shoot-out por diferencia de un gol. Fue una locura y una emoción increíbles. Nos sirvió mucho en lo anímico para los próximos partidos”. Después de esa victoria infartante, las energías se renovaron y no pararon hasta alcanzar el objetivo. Las expectativas también crecieron en el público, que tiñó las tribunas de celeste y blanco en un nuevo cruce con las húngaras en la instancia de semifinales.

El furor por el beach ya estaba instalado y en el último día de competencia sus viejos y nuevos seguidores brindaron un marco inmejorable. “Cuando estábamos llegando a la cancha a las 8 de la mañana vimos desde el micro a toda la gente que estaba esperando. Era una locura, algo único que nunca más vamos a vivir. Queríamos que entren todos para que puedan ver el deporte”, señaló la ensenadense, que fue reconocida por el intendente de su ciudad, Mario Secco. Tres mil personas vibraron en las tribunas del Estadio; otras mil en las puertas del Parque Sarmiento con la ilusión de poder ingresar hasta el último minuto; miles y miles vivieron la definición a través de la televisión.

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