Un platense ganó el premio más importante de fotoperiodismo de habla hispana

Se trata de Leo Vaca, que con su trabajo “Memoria, verdad y justicia para las pibas”, realizado en la marcha Ni Una Menos, acaba de conseguir el Premio García Márquez  en la categoría imagen. Conozca la historia de este talento que vende flores para sobrevivir en tiempos de crisis del periodismo

Por Ezequiel Franzino

Son las 7 de la mañana del miércoles 10 de octubre de 2018. Leo Vaca, el consagrado fotoperiodista que acaba de ganar el Premio García Márquez en la categoría Imagen, arranca su viaje desde El Pato hacia Colonia Urquiza. Allí no dará entrevistas, ni lo esperarán las cámaras de televisión para que cuente lo que se siente el hecho de haber llegado a la cima. Está viajando por Ruta 11 para comprar flores que más tarde venderá en negocios de City Bell.  Ocho horas más tarde, con el auto todavía cargado hasta el techo de fresias, jazmines y aromáticas, este platense de 45 años y fotógrafo desde hace más de 25, viaja por la autopista La Plata – Buenos Aires, camino a la redacción del diario La Nación, donde se encuentra haciendo una suplencia.

“Cuando vi que no había laburo de fotografía, me puse con lo otro que amo que son las flores. Me divierte, y con eso me pago el combustible del auto”, dice Leo desde una estación de servicio donde se encuentra cargando gas.

El detalle del fotógrafo devenido florista es una muestra fiel de la crisis que afecta al  periodismo en estos tiempos: para cualquier persona vinculada a este oficio, el Premio García Márquez, ese que le entregaron en Medellín a Leo Vaca la semana pasada, es el equivalente al Oscar para los actores. Sin embargo él apenas puede disfrutar del respiro económico que le trajo el galardón: “hace unos meses atrás estaba muy complicado. Con este premio, de golpe, mientras el mundo se derrumba, estoy flotando en un bote con una sonrisa”, dice el flamante ganador de este concurso anual que convoca a los mejores periodistas, fotógrafos y realizadores de Iberoamérica.

Se le dio ahora, pero hacía rato que venía pegando en el palo. Con un trabajo realizado sobre la Esma, en 2013 ya había sido seleccionado entre los finalistas del Premio García Márquez al Periodismo. También podría haber sido elegido por alguna de sus tantas obras que están en la memoria colectiva de todos los platenses: es el autor de la foto en la que Miguel Etchecolatz sostiene con la mano un papel con el nombre de Jorge Julio López, también retrató el primer abrazo en público de Estela de Carlotto con su nieto, y mostró la inundación de 2013 a través del retrato de Clementina, una anciana víctima de este desastre.

Pero se coronó ahora, gracias a la producción “Memoria, verdad y justicia para las pibas”, realizada en el marco de la marcha Ni Una Menos del año 2017. Aquella vez, los editores de la Revista Anfibia le encomendaron una cobertura distinta, que pudiera apelar a la creatividad, algo que Leo entendió al instante: con un vidrio esmerilado que encontró tirado en la puerta de una vidriería –  y que su esposa lo cortó a la medida de un marco – se fue hasta la Plaza de Mayo para retratar la manifestación desde un lado artístico, esfumando con una sutileza exquisita la imagen de las mujeres retratadas.

A este padre de tres hijos, que jura que este trabajo no lo hizo para ganar ningún premio  y que la motivación que encontró fue solamente la de querer hacer bien su laburo, le cuesta explicar lo que buscó con esta innovación: “con la idea de la imagen difusa quise darle una impronta poética, pero me cuesta explicar lo que estaba buscando y mal explicado  puede interpretarse mal”, dice Leo y agrega “la interpretación la termina dando el que la ve. Nunca me gustó ser literal con la fotografía”

A partir de esta saga de fotos que hoy lo consagran, Leo sufrió agravios y diversos memes de algunos grupos feministas. Incluso, en una charla que brindó hace unos meses atrás, una joven de 15 años lo increpó diciéndole que esa producción no la representaba, ni que tampoco representaba la masividad de la marcha. “El hecho de que una chica de quince años estuviera discutiendo estos temas me pareció genial, ahí la fotos ya pasaron a un segundo plano”, dice Leo. En aquella misma cita, una mujer de unos 50 años contó que había sido víctima del infierno del maltrato y los golpes, y que se veía totalmente identificada con el trabajo: “cada uno tiene su forma de verlas, pero que se genere una discusión es mejor a que no generen nada”, asegura Leo.

En lo que no se generó ninguna controversia fue durante la entrega de premios. En Medellín, el fotógrafo platense esperó el veredicto agarrado de la mano de Adriana Zehbrauskas, otras de las finalistas, que para el New York Times publicó un trabajo sobre un albergue para trabajadores sexuales de la tercera edad. La tercera candidata al gran premio fue Isabella Bernal, una colombiana que para la Revista Pacifista  trabajó la ruta oculta de la cocaína en una zona de cultivo. A pesar de la excelencia de los otros trabajos, el jurado se inclinó por el arte de Vaca.

“Sentí un poco de culpa, y por otro lado mucha alegría, mucha emoción. Miro para atrás y veo que hace 25 años que laburo con la cámara y que siempre fui el mismo tipo, respetuoso ante todo y comprometido. Esta causa la cubrí con el corazón, no quise hacer ninguna fantochada”, cuenta Leo sobre lo que sintió a la hora de escuchar su nombre.

En este cuarto de siglo retrospectivo que hace aparecen sus primeros contactos con la cámara. Cuando todavía cursaba el secundario en el Colegio Nacional Rafael Hernández, fue su tío el que le prestó la primera analógica para que empezara a descubrir este lenguaje. También  se le viene a la mente el día que con 19 años entró a trabajar en la corresponsalía de La Plata del diario La Nación, donde aprendió el revelado y el oficio, los 18 años que trabajó para Clarín, los tiempos en Infojus, su rol de editor en la revista Latido, y sus colaboraciones para revistas nacionales e internacionales como RollingStone, La Mano, Brando, Gatopardo, Viva y The Watch Gallery, entre otras.  

Conmovido por lo que acababa de suceder, Leo subió al escenario, y después de  agradecer a su mujer y a sus hijos, dijo: “quiero felicitar a las mujeres que están dando esta lucha que es maravillosa. Es raro que un hombre esté ganando un premio en nombre de ellas”.  Mientras el público se venía abajo en aplausos, Leo tragó saliva y agregó “siento que están haciendo un trabajo increíble y la revolución que están haciendo ya empezó y no tiene paso atrás. Ojalá en algún futuro las cosas cambien, y dejen de haber muertes por el hecho de ser mujer. Ni una menos, vivas las queremos, aguante”.

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