La historia del librero que intercambia cultura por solidaridad

Sólo se suspende por lluvia. La cita es en el centro de la plaza / Fotos: Hernán Fouillet

Todos los miércoles de 15 a 18, un joven se sienta en Plaza Moreno para llevar adelante una acción solidaria: cambia libros por alimentos no perecederos destinados a personas en situación de calle

Por Paulina Tarantino

En unas pocas horas más, cuando el sol empiece a calentar las baldosas de Plaza Moreno y la temperatura agradable afiance la primavera, Federico Delpino llegará a la Piedra Fundamental con una caja de libros y su mate. Después, colgará un cartel hecho a mano en uno de los laterales del monumento, mirará a las ojos a las personas que se detengan a husmear los ejemplares y esperará a que le pregunten por qué.

“Es una manera de colaborar con gente amiga en situación de calle que no la está pasando nada bien”, explicará. “El Negro Fede” -así lo llaman- pertenecía a la Fundación Sí y por más de dos años se la pasó conversando con personas que vivían a la intemperie, tiradas en un colchón, con un abanico de necesidades por cubrir.

“Cuando te empapás de lo que verdaderamente es la marginalidad no podés escaparle a esa responsabilidad. La gente está alienada y sola”, recalca. Como Fede no pudo continuar con la actividad en la ONG porque se le complicaban los horarios, se las rebuscó para ayudar a sus amigos de la calle de otra manera. Por eso creó esta cita de los miércoles en Plaza Moreno para los amantes de la lectura, intercambiándoles un libro por un alimento no perecedero. Las cosas que recolecta van directamente a esos amigos que siguen vulnerados y al hogar “Todo por los chicos”, cuya sede de acopio funciona en 1 y 60. Los productos más necesitados son la leche larga vida, los fideos, la yerba, las galletitas y también las frazadas.

¿Por qué los libros son el camino para generar conciencia social? “Amo los libros, a mí me cambiaron la vida. Creo que muchas de las preguntas más importantes que tenemos que hacernos como sociedad están dentro de los libros”, dice Federico, que trabaja como empleado de una librería desde hace muchos años, pero cuenta que la provisión del intercambio proviene de su propia biblioteca: “En un momento tenía muchos para sostener la actividad, tantos que pensé que no se iban a acabar nunca”.

El emprendimiento solidario tiene tres meses de vida y, según contó Federico a Pulso Noticias, aún no cuenta con el merchandaising de la promoción. “Tengo este cartelito pero soy pésimo para el diseño; tampoco tengo nombre – ríe- así que si alguien quisiera colaborar con un poco de creatividad, sería genial. Igual lo que más me importa es que se acerquen a entender”, concluye.

Cae la tarde del miércoles. Una chica se ve interesada en un ejemplar de Tolkien y hace unas consultas al Negro Fede.

-¿Dejo el arroz y me llevo el libro?.

-Así es.

-Joya. Golazo porque está re caro en la librería.

El Negro Fede sonríe y piensa que, a esta altura y por cómo está el engranaje, no sabe quién está ayudando a quién.

 

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