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jueves 07-07-2022

“Estoy en libertad pero mi cabeza todavía sigue encerrada”

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David Nicolás Barresi
David Nicolás Barresi
Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Sagitario en casa diez, ascendente en Piscis y luna en Capricornio. Buena mano para el mate. Trabajó en Infoanpress; diario Hoy; Agencia La Provincia; revista Avanzada Sindical; revista La Tecla y colaboró en ANRed. Escribe en secciones como Política, Derechos Humanos, Interés General y Socio Ambiental. Un poco sindicalista. No es tímido, nomás le cuesta entrar en confianza.

José Luis Zurita Delgadillo habló por primera vez públicamente tras haber permanecido privado de su libertad durante 40 días por una actividad que no es ilegal: tener hojas de coca. Relató el momento de la injusta detención, la discriminación, el maltrato dentro del penal de Marcos Paz, el empoderamiento de la comunidad boliviana y el rol clave de la UNLP en su liberación

Tener hojas de coca no es delito en Argentina y el joven platense descendiente de bolivianos José Luis Zurita Delgadillo nunca debió haber sido detenido por ello. Eso lo sabían todos. Menos el juez Marcelo Martínez Di Giorgi, que desconociendo, obviando o directamente contrariando la legislación vigente decidió procesarlo con prisión preventiva, enviándolo a la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz el pasado 25 de agosto por entender -sin ningún tipo de prueba- que guardaba “materias primas destinadas a la producción o fabricación de estupefacientes”.

Ayer este estudiante de Ingeniería Civil fue liberado por decisión de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones Criminal y Correccional Federal que revocó la resolución de primera instancia. “Yo estoy en libertad pero mi cabeza todavía sigue encerrada. Primero quiero conseguir la libertad de mi mente, y después ver lo que quiero hacer”, dijo hoy en la conferencia de prensa en referencia a si retomaría sus estudios universitarios este año o si comenzaría de nuevo el que viene. A su lado el decano de la Facultad de Ingeniería, Horacio Frene, lo animaba a no perder las cursadas y ponía a disposición todas las herramientas que la unidad académica pudiera ofrecerle.

Pero la experiencia que vivió todavía le pesa en el cuerpo y en su cabeza. “De los tres penales posibles a los que me podían mandar me mandaron al peor. Ninguno de los presos quería ir a Marcos Paz”, describió y agregó: “Me trataron mejor los presos que los guardiacárceles. Te hacen sentir una basura”.

Con palabras justas y un hablar pausado, José Luis relató lo que pasaba por su mente mientras estaba privado de su libertad. “¿Por qué a mí? Me preguntaba todos los días por qué estaba acá si no hice nada”, señaló y expresó: “Se te cruza por la cabeza, mi mamá tan grande, preocupada, tengo miedo que le pase algo. Yo no sufría tanto por mí, sufría más por mi mamá, si por algún motivo le pasaba algo a ella estando yo ahí adentro, me moría yo también”.

¿Dimensionará el juez Di Giorgi el sufrimiento que le causó a esta familia por una detención totalmente arbitraria? ¿Qué hubiera pasado si algo le sucedía a su madre, Julia? “Me gustaría poder preguntarle al fiscal y al juez por qué me habían tenido tantos días encerrado si no había cometido delito alguno”, reflexionó.

¿Y qué hubiera pasado si no se hubiera tratado de un estudiante universitario? Sin dudas su condición de alumno de la Universidad Nacional de La Plata, con el consecuente involucramiento de la casa de estudios en el reclamo por su liberación, fue clave para lograrla. En palabras de su abogado, Federico Ravina: “Lo que descolocó al denunciante fue la intervención de la UNLP. Fue la llave de la libertad, fue determinante. Va a tener un rol muy fuerte para que se cierre la causa y generar garantía de no repetición”.

La discriminación y una comunidad que se empodera

“Yo nací acá, soy legalmente argentino, pero me considero boliviano. Por mi sangre corre sangre boliviana. Me crié y vivo como un boliviano”, afirmó José Luis, y justamente ahí estaba la respuesta a su pregunta de “¿por qué a mí?”. En el país habitan más de 345.000 bolivianos según el último Censo Nacional. Es la segunda colectividad más grande después de la paraguaya, y a pesar de que hace muchos años viven en esta ciudad -y en otras del país- todavía sufren discriminación de parte de la sociedad, y como quedó claro en este hecho: de la Policía y la Justicia.

“Me querían encontrar algo. Me decían si tenía droga, marihuana. Yo no fumo, no tomo alcohol, incluso les abrí compartimentos del auto que ellos desconocían. Colaboré en todo con ellos”, explicó en referencia al momento de la detención, cuando los dos policías motorizados le revisaron el coche en Villa Lugano y al encontrar los paquetes con hojas de coca en estado natural le dijeron que si tenía más de cinco kilos era delito. Él incluso les mostró desde su celular la Ley 23.737, que indica lo contrario, y eso enfureció a los oficiales. “Te intimidan, en ese momento me sentí intimidado”, describió.

“Siempre se siente la discriminación. Nosotros los bolivianos, tal vez por la humildad que tenemos, nos sentimos discriminados. Hay gente a la que no le gusta ver el progreso que tenemos al trabajar, y poder comprarnos un auto o lo que sea y ya por eso nos discriminan. No todos obviamente”, señaló. Pero lo que no imaginó es que esa discriminación reviste también un carácter institucional. “La Justicia no puede discriminar, tiene que ser igual para todos, pero a veces no es así y duele”, admitió.

El otro factor clave en su liberación fue precisamente que su comunidad rompió el silencio y habló. Su hermana, Vilma Zurita Delgadillo, junto a las organizaciones representativas de la colectividad boliviana en la región, decidieron empoderarse y alzar la voz ante tamaña injusticia. “Somos así los bolivianos, de ocultar todo, de puertas para adentro, creer que todo lo podemos y si no podemos lo guardamos. Somos una comunidad grande acá como en todo Buenos Aires, y necesitamos ayudarnos entre todos, dejar de encerrarnos y ayudarnos”, aseguró José Luis, como una de las conclusiones que extraía de este proceso.

“Espero que esto sea de ayuda para que ya no nos discriminen, que nadie más vuelva a caer por esto. Es pedir respeto por nuestra cultura. Nosotros aceptamos a todos los europeos acá -dijo en referencia a su condición de descendiente de pueblos originarios- que ellos nos dejen vivir tranquilos con nuestra cultura”, remarcó.

Al habérsele dictado la falta de mérito, es decir, que no hay elementos para probar su culpabilidad o inocencia por el hecho que se le imputa, ahora sólo resta que su defensa presente toda la documentación para demostrar definitivamente que es inocente y no cometió delito alguno. Pero además, su abogado remarcó la necesidad que quede asentado en la Justicia algo que la Ley vigente ya dice: “que la hoja de coca nada tiene que ver con la cocaína”.

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