Argentina Olímpica: una búsqueda que llevó más de 80 años

Después de numerosas candidaturas, el país consiguió albergar una competencia de esta magnitud. Una historia que finalmente tiene premio para una tierra con una rica trayectoria olímpica

Por Juan Caamaño, especial para Pulso Noticias

Una fecha: jueves 4 de julio de 2013. Ese día en Lausanne (Suiza), hogar del Comité Olímpico Internacional, Buenos Aires superaba en votos a las candidaturas de Glasgow (Escocia) en primera instancia, y a la ciudad colombiana de Medellín, la cual tres años antes había recibido con éxito a los Juegos Sudamericanos. Era oficial: por primera vez, la Argentina albergaría una competencia olímpica.

Fueron anteriormente seis los intentos en los cuales la capital nacional se presentó para ser sede de unos Juegos Olímpicos. Desde esa primera vez para la edición de 1936, donde la elegida terminó siendo Berlín; pasando por la designación de los Juegos de 1956, la que más cerca se estuvo, perdiendo por solo un voto ante Melbourne; hasta la recordada candidatura de fines de los años 90, donde fue Atenas la que finalmente ganó el derecho de realizar la competencia en 2004.

Si bien ahora será la versión juvenil, posiblemente estemos refiriéndonos al evento polideportivo más importante de la historia a realizarse en nuestras tierras. Buenos Aires albergó los primeros Panamericanos de 1951 y más acá en el tiempo los Sudamericanos de 2006 (también Mar del Plata fue sede de los Panamericanos de 1995), pero en este caso es el mismísimo COI el que permite que la Argentina sea el centro del deporte mundial por 12 días.

Si bien esta elección no se justifica en el poderío deportivo de nuestro país, ya que si se observa el medallero general de los tradicionales Juegos Olímpicos, las 21 medallas doradas, 25 plateadas y 28 de bronce, lo ubican en el puesto número 33, lejos de las potencias, la importancia regional es relevante ya que después de Cuba y Brasil es la tercera nación latinoamericana con mejores resultados en este tipo de competencias.

A su vez, desde la primera delegación oficial para París 1924 (con algunas participaciones aisladas anteriormente) y con excepción de la ausencia a Moscú 1980, plegándose al boicot norteamericano para esa ocasión, la Argentina siempre estuvo presente en los Juegos.

De hecho la relación entre nuestro país y el mundo olímpico no está solamente ligada a los resultados y a las asistencias, y eso se ve reflejado en que fue la única nación iberoamericana que tuvo representación entre los doce miembros iniciales del COI en 1894, a través del entrerriano José Benjamín Zubiaur.

Por supuesto que todo este recorrido histórico es destacable, pero por si solo no significa mucho. La presentación de la candidatura nacional para estos juegos juveniles tenía como punto fuerte la proyección del Corredor Olímpico, el cual preveía que la mayor parte de los escenarios deportivos se encontrarían sobre la zona ribereña de la Ciudad de Buenos Aires. A pesar del valor de esta propuesta, hoy todo cambió y se dejó de lado esa idea inicial desarrollándose cuatro Parques Olímpicos, distribuidos en la Capital Federal.

Pero también hay que resaltar la figura del presidente del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein, quien ha crecido en protagonismo entre la cúpula dirigencial del COI, por lo cual el trabajo de lobby de la comitiva nacional en esta ocasión tuvo mayores posibilidades de juego que en otras oportunidades.

En definitiva, será nuestro país la sede de la tercera edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud (la quinta si contamos las competencias invernales). Tras Singapur 2010 y Nanjing (China) 2014 los ojos del mundo estarán puestos en la capital nacional y, si bien la cantidad de atletas y de eventos es menor a la versión tradicional de mayores, no deja de ser una prueba de fuego para albergar futuras competencias internacionales de nivel, entre ellas unos futuros Juegos Olímpicos de mayores, un ambicioso objetivo que, para cumplirse, requiere de realidades diferentes a las actuales.

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