Rodrigo de la Serna y el Yotivenco: la tradición está de fiesta

El actor se presenta este sábado en nuestra ciudad con su banda de milongas, tangos y estilos criollos. Pulso Noticias vivió un adelanto entre risas, política y guitarras, y te lo cuenta acá

A Rodrigo de la Serna le gusta jugar al galán de barrio, carismático, típico tanguero. Llega y encanta. Estamos en el Teatro Metro, en la conferencia de prensa del Yotivenco, el grupo de milongas y música criolla que lidera desde hace ya casi dos décadas y que este sábado se presentará a partir de las 21:00. Hace chistes, intenta relajar a la prensa platense, expectante, tan cauta que ni se anima a probar las medialunas o los manjares con dulce de leche que aguardan en una mesa, intactos, a que alguien rompa el hielo. “Vamos, pregunten”, dice Rodrigo, recién llegado, actuando como anfitrión. Su fama lo empodera, pero él da la palabra a sus compañeros de la música y la vida.

Flavio Bramuglia, el más joven y el más tímido, a su derecha, y Juan Hermelo, pelo largo, conceptos precisos, a su izquierda. Falta Blas Alberti, que se suma después porque “quedó atrapado en un piquete, por una desinteligencia entre nuestro querido guitarrista y el gobierno de la ciudad de Buenos Aires”, según desliza con sutileza De la Serna. En el histórico intersticio entre los artistas y su realidad social, entre el arte y la política, no se les pasa por alto que están en La Plata, donde la Universidad se abraza y los trabajadores del Astillero resisten la represión.

“Este gobierno reprimió hasta a los docentes. El diálogo no es su fuerte, la sensibilidad social tampoco, y eso es preocupante”, dice el cantante, cuidando los modos, levemente incómodo. Sin embargo, profundiza: “Si recortan en salud y educación, imaginate en arte y cultura. Como actor te lo puedo decir: más allá de las problemáticas que tuvimos con el gobierno anterior, se producían 300 películas al año, y en este 2018 van 20. Hay problemas por todos lados”. Juan Hermele, a su lado, concluye: “Lo más triste es ver la gente que está encarando para Ezeiza. Volver a vivir eso es un garrón, la peor derrota como sociedad, para todos”.

Dice Ezeiza y resuena en las cabezas de los presentes el tango de Jorge Alorza y su Guardia Hereje. Estamos en La Plata, tal vez por eso lo mencionan. Cantaba el gordo: “Dicen que existe un país al sur del mundo, atado a la cola del barrilete americano. Un país mágico y extraño donde se mezclan la alegría de carnavales paganos y la tristeza de madres gringas que agitan pañuelos frente a barcos que zarpan”.

Pero volvamos a Rodrigo de la Serna y el Yotivenco, que bastante mérito han hecho. Mezclando géneros y estilos criollos, retomando milongas, chamarritas y hasta los tambores del candombe, llenaron el Teatro Opera de Buenos Aires y se convirtieron en un fenómeno atípico, convirtiendo en fiesta la tradición. Terminan su show en las calles, puertas afuera, después de recorrer la geografía musical de Argentina y el Río de La Plata. Son un éxito apto para todo público, pero no siempre fue así.

“Cuando empezamos no nos iba a ver nadie, lo hacíamos a la gorra. los jóvenes nos miraban raro, y los viejos decían ¡cómo vamos a ir a ver a estos imberbes!”, dice Rodrigo y se ríe. Eran tiempos difíciles. “Yo soy del Bajo Belgrano, ahí había conventillos (Yotivenco es, de hecho, un juego letras y palabras con la cuna de la milonga) en los años 70, pero ya para los noventa hubo un gran vacío cultural. En el barrio se escuchaba mucho tango, había una atmósfera muy presente, más allá de que iba a contramano de lo que imponía la industria cultural de ese momento”, agrega el intérprete.

Hermele, por su parte, tenía “una comparsa de candombe en la puerta de casa”. Después agarró una guitarra y esa combinación de historias y estilos explica la mixtura del grupo actual. “Cuando empezamos hacíamos algo más tradicional, después metimos percusión, contrabajo y algo más moderno. Era un cocoliche”, agrega. Desde el 2005, cuando fundaron formalmente la banda, la propuesta fue ganando en repercusión y profesionalismo. Dice Rodrigo: “Ahora los señores nos respetan, hay un laburo innegable de 15 años. Y los jóvenes se empezaron a volcar por la joda y el quilombo hermoso que es esto. Siempre hay alguien filmando, ganamos visibilidad, hicimos cosas como ir a lo de Mirtha Legrand”. Se ríe, pero todo lo que dice es cierto. Y la banda es extraordinaria sobre el escenario.

Así definen su actualidad, de cara al show del sábado: “Estamos en un momento de mucha madurez artística, más allá del rescate de la música y una identidad cultural que está un poquito en extinción, intentamos conectar con lo sagrado de esas tradiciones. La fiesta criolla es un quilombo hermoso. Es un tesoro que heredamos culturalmente, nos da un sentido de pertenencia y una identidiad, y soslayarla sería un pecado imperdonable en tiempos de la volatilidad y el vértigo que proponen los dispositivos de dominación, las redes sociales y la nada imperante”.

 

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