Mamá, no sientas culpa por haberme hecho zurdo

Para ayudar a reducir las dificultades que encontramos en esta sociedad predominantemente diestra, hoy en todo el mundo se celebra el Día Internacional del Zurdo. Un relato en primera persona sobre lo que significa formar parte de este selecto grupo que representa el 10% de la población

Por Ezequiel Franzino

Hoy es el Día Internacional del Zurdo. Me enteré de la misma forma que cada 13 de agosto: mi madre me saludó, me felicitó y me mandó un video que asegura que somos los más capos, los más inteligentes y los más creativos. Qué va a decir. Es mi mamá. Y tiene culpa.

El sentimiento de culpa que la invade por mi condición de zurdo tiene sus orígenes en mis primeros años escolares. Mientras todos mis compañeros usaban los cuadernos Rivadavia, mi maestra de 2º grado le sugirió a mi madre que yo empezara usar los universitarios, para ver si podía ser un poco más prolijo: mi letra era ilegible, mis carátulas impresentables y mis dibujos desastrosos. La condición de “especial” se acentuaba todavía más. Ya no sólo era el único zurdo del grado, sino también el único que escribía en cuadernos extra large con espiral. Todo se podría haber solucionado con un pupitre adaptado, pero no: para poder escribir en esos bancos que fueron pensados únicamente para diestros uno tenía que volverse contorsionista.

A mi madre le daba lástima y por eso se recorría todas las librerías buscando el kit de útiles escolares para zurdos, nunca con suerte. Alguna vez me consiguió una tijerita, que perdí al segundo día de clases. Y pensar que ahora vienen reglas, transportadores y hasta sacapuntas para los que tenemos un mayor dominio con la parte izquierda del cuerpo. Igual no me quejo de la época en la que nací: en generaciones anteriores, al zurdo se le ataba su mano hábil detrás del pupitre para que aprendiera a la fuerza a usar la diestra.
El video que mi vieja me mandó hoy por WhatsApp para saludarme es una placa animada, medio bizarra por cierto, que dice: “Si eres zurdo tienes mucha suerte. De acuerdo a un estudio de la Universidad de St. Lawrence son más inteligentes que los diestros, pueden pensar más rápido, son menos propensos a sufrir artritis y son mejores para los videojuegos”. Qué paradoja: en tercer y cuarto grado casi repito, sufro de Gota, y nunca conseguí dar vuelta el Mario Bros. O soy un zurdo poco convencional o el vídeo es puro chamullo.

En lo único que me benefició esta condición es en haber nacido con cierta habilidad para los deportes. Es cierto, nunca llegué a jugar profesionalmente a nada, pero gracias a destellos de calidad que supe tirar en partidos amateurs de fútbol 5 me gané el apodo de “Mágico”. Claramente no soy yo el ejemplo de que los zurdos tenemos cualidades innatas en materia deportiva, pero sí podrían serlo Diego Maradona, Lionel Messi, Emanuel Ginóbili y Guillermo Vilas, todos pertenecientes a este selecto grupo que representa el 10% de la población mundial.

Siempre entre el mito y la realidad, se dicen muchas cosas de los zurdos: por ejemplo, que al ser predominante la actividad del hemisferio cerebral derecho, somos más dotados para la música y el arte, además de ser más sensibles y emotivos. Algunos aseguran que somos más creativos, que tenemos peor carácter que los diestros, pero que sabemos tomar mejores decisiones.

Como buen zurdo que soy, lo único que puedo asegurar es que tenemos un gran poder de adaptación, porque permanentemente tenemos que adecuarnos a un mundo que no fue pensado para nosotros: cuando me mandaron a básquet, empecé a picar la pelota con la mano derecha por imitación. Cuando aprendí a tocar la guitarra, lo hice como diestro porque era más fácil eso que dar vuelta el instrumento, cambiar las cuerdas y armar los acordes al revés.

Para ayudar a reducir estas dificultades que encontramos en una sociedad predominantemente diestra, desde el año 1976 es que se celebra el Día Internacional del Zurdo. El mentor fue un tal Dean Campbell, y dicen que eligió un día 13 – asociado a la mala suerte- para sacar los prejuicios y superstición que rodea a esta minoría. Una minoría de la que estoy orgulloso de formar parte, junto con David Bowie, Paul McCartney y Jimi Hendrix, Albert Einstein, Leonardo Da Vinci y Charles Chaplin, entre tantos otros. Podrán tildarme de necio, pero “yo quiero ser a la zurda más que diestro”.

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