Cuando 38 senadores negaron el derecho de decidir de las mujeres

Foto archivo María Paula Ávila (Pulso Noticias)

El 8 de agosto de 2018 quedará registrado en la historia de nuestro país, señalado como una restricción de algunos pocos “representantes” parlamentarios y, por otro lado, por la fuerza de millones de personas movilizadas en las calles de la Capital Federal

Los pañuelos verdes se empezaron a ver por las calles, en los vagones de los trenes, en los asientos de los micros y autos, en las mochilas, en los brazos, se inundaron las ciudades por la ola verde que salió masivamente a exigir un derecho fundamental de las mujeres como lo es decidir por su propio cuerpo y dejar de ser una “incubadora” de manera obligatoria.

A las 9.30 se había adelantado la sesión en la Cámara de Senadores de la Nación, más temprano las organizaciones sociales, gremiales y políticas ya estaban preparando las carpas, las ollas, las banderas y los abrigos para resistir a una jornada extensa. Los medios de comunicación hegemónicos apuntaban a la desmovilización, sobreinformando los horarios, las disposiciones y la seguridad del lugar. Las redes sociales también marcaron la decisión de las pibas inundándolas con sus consignas: #SeráLey #EsHoy #AbortoLegalYa.

La plaza nuevamente estuvo dividida por vallas, encerrando un espacio público, para dispersar la marea verde, sin embargo, hubo tal nivel de organización que las personas que se acercaron a las inmediaciones del Congreso sabían de las actividades que se desplegaron entre las avenidas 9 de julio, Callo, Corrientes y Avenida de Mayo. Cánticos, tambores, rap, cumbia, y muchos otros sonidos ambientaron esas calles, en las que a pesar del frío y viento reinaba un clima cálido con muchos brillos y abrazos.

Los bares, hoteles y cooperativas que tenían sus locales en la zona fueron copados por la marea verde. Algunas personas buscaban un pequeño refugio para comer pero no querían perderse el debate que se llevó a cabo adentro del Congreso por más de 14 horas,

entonces pedían a los dueños de esos lugares la transmisión en los televisores. “Aborto legal… en el hospital…”, fue el estribillo que más resonó durante todo el día.

Por momentos no importaba lo que sucedía adentro del Congreso, en las calles ya se ganó el aborto legal. Hubo un crecimiento en la conciencia de millones de argentinos, y de muchos otros lugares del mundo. Sin embargo, los supuestos representantes del pueblo, elegidos en las urnas, priorizaron sus creencias religiosas sin importarles la decisión de la mayoría de los ciudadanos del país. “Abortá por si te sale senador”, decía un cartel entre tantos otros. Los argumentos de quienes votaron en contra sólo fueron sustentados por la religiosidad y lo filosófico sin entender que cientos de miles de mujeres se mueren en abortos clandestinos, que un pequeño grupo de médicos lucra con la salud de las mujeres y las personas gestantes, que los abortos clandestinos existen, que las mujeres y las personas gestantes deben decidir sobre su cuerpo.

La hipocresía sobrevoló. ¿Cuántos legisladores han acompañado, o hasta obligado, a sus novias y/o amantes a que se hagan un aborto?, ¿cuántas personas que tenían su pañuelo celeste a favor de “las dos vidas” tienen un familiar que se hizo un aborto, o conoce a un primo, tío que obligó a la esposa a realizarse un aborto? Hasta esos curas pedófilos que violan a niños dicen querer “salvar las dos vidas”.

Sobre la avenida Entre Ríos pusieron un escenario vestido de telas celestes. Allí había algunas monjas, curas, jóvenes rugbiers, gente perteneciente a la sociedad rural y hasta militantes que exhibían buzos de la organización nazi “Bandera Vecinal”. Esa clase de gente es la que apoyó a los 38 senadores que votaron en contra de la interrupción voluntaria del embarazo. “Sí a la vida, no al aborto”, gritaban.

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