Cine: la sangre, el monte y la resistencia campesina

El jueves se estrena en el Cine Select el documental Toda esta sangre en el monte y Pulso Noticias habló con su director, Martín Céspedes. El avance del agronegocio, la muerte de Cristian Ferreyra y la brutalidad extrema

Desalojo en el monte: llegan bandas armadas a los tiros. Prenden fuego las casas, envenenan los pozos de agua, matan a todos los animales y rompen todos los alambrados. Les gatillan en la cabeza a los campesinos: han asesinado a dos. Lejos de las grandes ciudades, con sus medios y sus Derechos Humanos, la brutalidad es extrema. La lógica de acumulación de riquezas, a partir de las rentas y la extensión del negocio agrícola, arrasa los territorios campesinos en Santiago del Estero. Hay violencia, pero también hay resistencia.

Todo eso vivió Martín Céspedes cuando llegó al monte en 2012 para conocer la experiencia del MoCaSe, movimiento campesino con años de lucha y más de 10.000 integrantes. Seis años después, el director estrena en nuestra ciudad Toda esta sangre en el monte, un documental que aborda la usurpación violenta de tierras en el norte del país por el avance del agronegocio. Será este jueves a las 19.30, en el cine Select del pasaje Dardo Rocha (50 entre 6 y 7).

Hay mucha tela para cortar y mucha historia por contar, por eso, antes de la proyección, promovida por el Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) y la CTEP, se realizará una charla debate con la participación de una integrante del MoCaSe. Pulso Noticias se comunicó con Céspedes para hablar del documental, pero también para charlar sobre la lucha campesina, tan romántica en el mito, tan cruda en la realidad.

– ¿Qué te pasó cuando llegaste a Santiago del Estero?

– Fue shockeante. En las ciudades vivimos una violencia generalizada, un poco sublimada. Pero en los territorios campesinos, que están en los márgenes y ahora son puestos en foco por el agronegocio, esa violencia se intensifica. La represión, los desalojos, las muertes, forman parte de un paisaje que se destruye. La violencia se vive en carne propia. Eso me impactó y me llevó a hacer el documental.

– ¿Cómo fue la experiencia de filmar con los campesinos?

– Fueron muchos años de rodaje, filmé de 2012 a 2015, compartí mucho con ellos. En el documental me quería salir del lugar del porteño que va al campo a filmar a los campesinos. No hay entrevistas ni voz en off, la cámara forma parte del paisaje, la película logra mostrar bastante fielmente lo que es la lucha, la organización y el día a día de los campesinos.

– ¿Cómo sigue su lucha?, ¿cuál es la situación?

– Está difícil, no sólo para el Mocase, sino en todos los ámbitos de la lucha popular. Es complicado sostener una lucha que se recrudece cuando tenés zonas liberadas para que hagan cualquier cosa. Pero también hay una organización muy fuerte, de la que en las ciudades no tenemos noción porque son diferentes modos de vivir y organizarse. Ningún empresario logró hasta ahora apropiarse de un terreno, y a los pocos que entraron, a las semanas los campesinos se organizaron y los sacaron. El movimiento de Santiago del Estero no perdió un solo metro de territorio. Los han matado, les han hecho de todo, pero siempre lograron frenarlos con organización. Hay una potencia política descomunal para poder luchar contra el avance del agronegocio.

– ¿Desde la ciudad deberíamos mirar más y revalorizar esas luchas?

– Siento que acá no hay una resistencia eficaz, algo se nos está escapando, porque Macri sigue avanzando en contra de los intereses populares. Tendríamos que ver qué está pasando con otras formas de resistencia, con otras formas de vida, que de alguna manera logran más eficacia. Tal vez nos sirva.

Sinopsis:

La película hace foco sobre el asesinato de Cristian Ferreyra, un referente del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MoCaSE Vía Campesina) acribillado el 16 de noviembre de 2011 por los guardias privados de un terrateniente de la zona, Jorge Ciccioli. Cristian estaba al frente de la defensa de 2.000 hectáreas habitadas por la comunidad indígena Lule Vilela, que resistía el desmonte y hacía más de dos años que recibía amenazas de los empleados del empresario. Su crimen se inscribe en una secuencia más extensa que muestra las consecuencias del avance del modelo de producción sojera.

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