Efecto Moreno: la Escuela de Danzas también suspendió sus clases

Fotos: Nicolás Braicovich

En la sede central de calle 54 no hay cursos hasta nuevo aviso. Es por la pérdida de gas en una de las aulas y por la falta de calefacción en otras. Una institución que ya lleva varios años reclamando un edificio con espacios acordes para la actividad que desarrollan, con una matrícula de alrededor de 900 estudiantes

Por David Barresi

La tragedia sucedida en la Escuela Nº 49 de Moreno desnudó los múltiples problemas edilicios que existen en los establecimientos educativos de toda la Provincia, desoídos durante años por las autoridades gubernamentales ante los innumerables reclamos realizados por los gremios docentes.

En la ciudad no menos de diez colegios no abrieron sus puertas a comienzos de la semana por distintos inconvenientes que ponen en riesgo la salud o la vida de estudiantes, maestros y auxiliares, y que de no haber sucedido una catástrofe de este tipo posiblemente hubieran desarrollado sus actividades de manera habitual, aún con el riesgo que ello implica.

En este marco, hubo una institución cuyos directivos decidieron suspender por toda la semana el dictado de clases en su sede central de calle 54: la Escuela de Danzas. Allí, tal como sucedió en otros establecimientos, hay olor a gas en una de las aulas, y en otras dos directamente no funcionan las estufas desde hace meses.

Por esta razón, al menos hasta nuevo aviso, sólo se tomarán las mesas de exámenes en el único salón habilitado: el que se encuentra justo en el medio, y que si bien no cuenta con ningún tipo de calefacción, al no tener salida al patio es uno de los espacios donde el frío no se sufre de forma aguda.

“Ya antes de las vacaciones reclamábamos que estábamos muertas de frío, y después cuando bajó más la temperatura, peor”, explicó a Pulso Noticias Adriana Falkengberg, profesora y delegada gremial de la institución. Sin embargo, los arreglos de las estufas ni siquiera se habían iniciado, hasta ahora. “La medida que se tomó es correcta, pero esto tendría que haber pasado antes”, dijo en referencia a la suspensión de las clases, y agregó: “Es como pasa en otras escuelas, si se les estaba cayendo el techo ahora no dan clases hasta que lo arreglen, o eso esperamos”.

Si bien una pequeña pérdida de gas no necesariamente tiene que asociarse a un peligro de gravedad, en este caso merece otra consideración. “Es una situación distinta a la que tienen otras escuelas comunes, porque todas nuestras actividades son corporales. Entonces, el olor a gas, por más que sea una pérdida chiquita, al estar nosotras trabajando con el cuerpo y necesitar un montón de oxígeno, puede ser que eso haga que se descomponga una alumna”, detalló.

El reclamo de la Escuela por un edificio acorde a las necesidades de la misma es histórico. En este establecimiento cursan alrededor de 900 estudiantes, pero no entran todos en la sede de 54 entre 7 y 8. Existen seis extensiones ubicadas en la Primaria Nº 1, el Normal Nº 1, Amemop, el Centro Cultural “El Sótano”, el Pasaje Dardo Rocha, y la Estación Provincial (donde previo al receso invernal se habían suspendido dos meses las actividades ahí, por refacciones). El año pasado incluso se estuvo a punto de no poder empezar el dictado de clases por la falta de soluciones a la emergencia edilicia en la que se encontraba la Escuela.

Allí se dictan cinco carreras: la Tecnicatura de Danza Clásica, el Profesorado de Danza con Orientación en Danza Clásica, la Tecnicatura de Danza Contemporánea, el Profesorado de Danza con Orientación en Danza Contemporánea, y el Profesorado de Danza con Orientación en Expresión Corporal.

“Cuando nosotros decimos que necesitamos espacio, lo decimos porque no estamos pudiendo realizar nuestras actividades de forma correcta. Necesitamos lugares mucho más grandes y más espacios, para no estar en seis extensiones. Las docentes y los chicos, que algunos son menores, tienen que andar circulando por todos lados, y eso hace que se pierda tiempo de clases, entre otros trastornos”, afirmó Falkengberg y remarcó que además muchos de los salones en los que dan clases “no son adecuados por la calidad de los pisos, o son muy chiquitos. Por ahí tenemos 30 nenas en un espacio de dos por dos. Eso no está bueno que suceda”.

Por lo pronto, esperan que al menos ahora puedan tener respuestas a algunos de los problemas edilicios que se venían registrando tanto en la sede central como en las extensiones. Ahora cuentan con la fuerza de los hechos para exigir que las clases se dicten en las mínimas condiciones necesarias para no afectar la salud de docentes, auxiliares y estudiantes. Pero de todas formas, mantienen vigente el reclamo histórico por un edificio con espacios acordes a la actividad que desarrollan y una matrícula de ese tipo.