Devotos del merchandising de San Cayetano

Foto: Hernán Fouillet

Como cada 7 de agosto, algunos platenses se acercaron al templo de calle 44 entre 29 y 30 para pedir trabajo, otros pocos para agradecer y todos para comprar algún producto con la imagen de San Cayetano

Por Ezequiel Franzino
Con la malaria que hay, antes de llegar al templo ubicado en avenida 44 entre 29 y 30, pensé que el lugar iba a estar colmado de gente. Pero aunque Control Urbano haya cortado la calle, en el día de San Cayetano acá no hay más de 200 personas. Muchos por trabajo, algunos para agradecer que lo conservan, otros pidiendo por algún familiar y todos comprando productos con la imagen del santo.

El merchandising de la fe está a full: vendedores ambulantes ofrecen estampitas a 10 pesos, rosarios a 50, velitas por 5 pesos, rosarios y espigas con la imagen del santo. Hay para todos los gustos y de todos los precios. Lo único gratis acá es el mate cocido que algunos colaboradores sirven en jarras de plástico a los que están formando la fila para ingresar a la iglesia.

Más allá de la venta informal, el marketing oficial del patrono del pan y del trabajo tiene su rincón en una especie de miniferia, con gazebos instalados sobre la vereda de la 44 casi esquina 29. Allí todos los productos son alegóricos a la imagen del santo: “Delicias San Cayetano” y “Santería San Cayetano” son las vedettes de este paseo de compras. Al lado de estos puestos, a un valor de 30 pesos, un joven vende pañuelos celestes con la insignia “salvemos las dos vidas”.

En el medio de la calle, una capilla itinerante: diez bancos de iglesia colocados sobre el asfalto apuntan hacia un altar que tiene un sistema de iluminación similar al de un escenario de rock. Detrás del cura que está brindando una de las nueve misas que sucederán aquí hoy, una bandera blanca gigante con letras celestes reza: “Somos pueblo que abraza la vida”.

Foto: Hernán Fouillet

Este 7 de agosto cayó justo un día antes de que se debata en el Senado de la Nación la ley de la legalización del aborto. Por eso, en este lugar la fecha religiosa sirve también para bajar línea. Los únicos pañuelos verdes que aparecen lo llevan en sus palos un par de Boy Scouts. A pesar de que esos pañuelos sean parte de sus insignias, resulta simbólico que sean ellos los que pongan este color en la escena, teniendo en cuenta que la agrupación juvenil el año pasado rompió lazos con la Iglesia Católica a partir de haberse pronunciado a favor del matrimonio igualitario.

Más allá de estos jóvenes, la mayoría de los presentes son jubilados. Entre ellos pasa un cura bañándolos de agua bendita. El párroco también la moja a Lidia, una señora que lleva gafas negras y el pelo teñido de rubio Koleston 81, que dice que vino “a pedir trabajo para todos los argentinos porque estamos muy mal. En este país se están choreando todo y eso lo paga el pueblo”.

Mientras escucho la misa callejera busco en Google algo sobre la vida de San Cayetano. Me entero de que nació en Venecia en el seno de una familia acomodada, que estudió derecho civil y canónico, filosofía y teología y que se hizo cura para realizar obras de asistencia para los más pobres. Por defender a ultranza el lema “nada para sí, todo para el prójimo”, fue nombrado patrono del pan y del trabajo.

Ahora que conozco su historia, me pregunto qué pensaría el santo si viera que en la iglesia que lleva su nombre en La Plata están comercializando “los siete panes de San Cayetano”, que de hecho deben ser muy buenos, porque hay media cuadra de cola esperando abonar 40 pesos para probarlos. “Estamos con mucha demanda. Hay más gente para comprar el pan que para entrar al templo”, dice con orgullo el hombre que está del otro lado del mostrador.

– ¿Qué son los sietes panes de San Cayetano? – pregunto.
– Son pancitos. Les pusimos así porque es el patrono del pan y por la fecha, ¿viste?

Foto: Hernán Fouillet

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