Pedro Brieger: “La gran debilidad de Lula es no haber ido a fondo”

Pulso Noticias dialogó con el periodista sobre la disputa regional entre la derecha y los proyectos progresistas. México, la represión en Nicaragua y una mirada para entender qué se juega hoy en Brasil

Sentado a su izquierda, el periodista Eduardo Anguita lo presenta: “(…) Pedro Brieger, un periodista comprometido que alguna vez hace muchos años debió irse del país al exilio…”. “¡No, no!”, dice Pedro con la cabeza, y después con el micrófono: “Era un joven idealista y me fui por mis convicciones, ni exiliado ni nada”. Estaban en el panel de Comunicación del foro organizado por La Poderosa en Porto Alegre, ante decenas de medios comunitarios y cooperativos entre los que se encontraba este medio, y el contrapunto dejó entrever una vida de viajes, experiencias e intercambio cultural que ayudó a convertir a Brieger en el periodista sobre asuntos internacionales más prestigioso de la Argentina. Tras su presentación, Pulso Noticias habló con él para tratar de entender la crisis que se desata hoy sobre nuestra región, y esto fue lo que dijo:

¿Qué se juega en Brasil hoy, para Brasil y para América Latina?

– La elección es clave, Brasil es el país más poderoso de Latinoamérica, el más importante. Recordemos que en la era Lula pretendió tener un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como muestra de su poderío, que se extendió hacia África, Asia y el mundo árabe. En el período del expresidente se dio cuerpo a una idea que había nacido mucho antes con el expresidente Fernando Enrique Cardoso de unir América del Sur en la Unasur. Por eso derrocaron a Dilma Rousseff, el objetivo del golpe era sacar al PT del control del Estado y evitar que Lula pueda regresar a la presidencia, para tener 20 años de continuidad progresista. Tal vez no se pensaba que la única manera era meterlo preso, pero no es casual que lo esté: es una decisión política. Brasil, en manos de una derecha conservadora, le imprime un sello importante a la disputa regional que existe en este siglo, por eso es tan importante para las derechas regionales que Lula no pueda volver al poder.

– ¿Cuáles son las debilidades de estos proyectos progresistas que explican una caída tan abrupta?

– La gran debilidad de Lula (y de estos proyectos) es no haber ido a fondo. ¿Se habría podido? Queda como pregunta. Lula decidió, cuando llegó al poder, negociar con la derecha en vez de, por ejemplo, llamar a una Asamblea Nacional Constituyente y tratar de construir poder hegemónico desde otra relación de fuerzas. Fue una decisión política. Mirándolo en retrospectiva uno puede pensar que negociar con la derecha fue un error, pero no se sabe si había otra alternativa. Es fácil plantear propuestas en abstracto cuando el principal objetivo era darle de comer a la gente. Sin embargo, no se puede hablar de los países en conjunto, cada uno es diferente. Queda claro que las derechas conservadoras neoliberales tienen proyectos muy similares, pero uno de sus problemas es que la derecha no ofrece nada nuevo, es lo mismo de hace 30 años: es el consenso de Washington aggiornado, como cuando dicen que hay un nuevo FMI (en todo caso, es peor). Achicar el Estado, bajar el salario, el ajuste fiscal: igual que hace 30 años, con un discurso que ha calado muy profundo en muchos latinoamericanos.

– Macri y Temer se reunieron en Sudáfrica, ¿qué se puede esperar de ese encuentro?

– No mucho, porque no tienen un proyecto en común. Eso los diferencia de los gobiernos progresistas de la región, que han buscado articular desde las diferencias, con políticas en común. Por ejemplo, primero le dijeron que no al ALCA, se creó la Unasur, la Celac, pero no se conformó el Banco común ni hubo un proyecto comunicacional conjunto. Esas también son sus debilidades.

– ¿Es posible un proyecto de unidad latinoamericana en base a reclamos populares comunes?

– Es difícil dar una respuesta, porque hay demandas en común, pero con particularidades: no es lo mismo el altiplano que el Amazonas. Uno podría decir que lo primero que hay que hacer es darle de comer a la gente, conseguirle una vivienda digna, agua potable; pero las sociedades son mucho más complejas hoy en día.

– ¿Qué importancia tiene el triunfo de López Obrador en México?

– Su triunfo derriba el discurso de las derechas de que se volvió a la normalidad y que los proyectos progresistas se habían acabado. La elección de AMLO fue arrasadora, en un país donde el elogio de los organismos internacionales a las políticas económicas fue constante, pese a que el 60% es pobre. México es el ejemplo más acabado del fracaso de las políticas neoliberales, y eso no lo dicen los gobiernos conservadores. Ahora, el desafío será ver si el país se acerca al sur, porque su gran problema es y siempre ha sido el norte, su relación con Estados Unidos.

– ¿Cuánto mal le hace Daniel Ortega, de origen sandinista, y la represión en Nicaragua, a los discursos de izquierda?

– El problema más grande que tienen los gobiernos progresistas surge cuando reprimen. Un gobierno popular no tiene que tener muertos. Puede haber circunstancias excepcionales, pero si siempre criticás la represión de los gobiernos conservadores tenés que manejarte de manera diferente. Y esto cabe para Nicaragua, Venezuela, Bolivia… Eso hay que destacar: Néstor Kirchner dijo que había que desarmar a la Policía en las movilizaciones, no se puede reprimir.

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