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sábado 03-12-2022

Los libros, el tránsito por el Hospital de Niños y la “legitimación de un espacio”

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El Hospital Sor María Ludovica anunció hace algunas semanas la adquisición de un novedoso producto: un esterilizador de libros para la Biblioteca Ambulante. Charlamos con el diseñador industrial Rodolfo Rodríguez, desarrollador de esta original propuesta que atravesó la crisis económica y la pandemia para llevar una solución a las infancias del nosocomio platense

Por Walter Amori

El tránsito por una pandemia generó para el conjunto de los distintos pueblos del mundo un momento de reflexión. Puso en valor prácticas, relaciones, hábitos que de pronto se vieron interrumpidos y, sobre todo, marcó a las claras la vulnerabilidad de nuestra salud. Por caso, empezamos a utilizar la categoría “población de riesgo”.

El pasado 15 de octubre el Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata anunciaba una nueva adquisición, un equipo esterilizador de libros destinado a la Biblioteca Ambulante del nosocomio. “El equipamiento mejora la higiene de los materiales y es una ayuda para continuar promoviendo la lectura”, expresaron en su redes sociales.

El esterilizador de libros llegó de la mano del diseñador industrial Rodolfo Rodriguez y la empresa local ION Superficies Sólidas, quienes desarrollaron el producto y lo donaron a la institución. La aventura de este particular producto tiene puntos de coincidencia con lo que nos pasó a partir de la pandemia. Aunque empezó a tomar forma tiempo antes de la llegada del coronavirus, su relevancia fue aún mayor con la llegada de la “nueva normalidad” y el aprendizaje de otras formas del cuidado de la salud.

La historia comenzó mientras Rodolfo transitaba la carrera de diseñador industrial en la Facultad de Artes de la UNLP y decidió sumarse a participar del voluntariado en la Biblioteca Ambulante del Hospital de Niños, en 2018. Allí descubrió la importancia de ese espacio lúdico, donde los pequeños que permanecen internados allí, y sus familias, encuentran un momento de alivio a través de la lectura y el juego.

Después de un tiempo de estar allí también reconoció una problemática y se interrogó si podía hacer algo para que eso cambiara. Su preocupación tenía que ver con la higiene de los objetos del lugar, con cómo desinfectar los juguetes y los libros que están en circulación.

“El hecho de no garantizar una buena higiene hacía que no se puedan expandir más allá los beneficios que tiene la biblioteca. Si bien la biblioteca tiene un sistema de desinfección y limpieza a través de desinfectante y paño, no había una garantía de que funcione en su totalidad. A partir de ahí decidí involucrarme para ver qué propuesta se podía generar”, cuenta a Pulso Noticias, Rodolfo.

Una idea que se transformó en desafío

El primer paso tuvo que ver con la investigación, en el ámbito de la facultad. “El problema principal radicaba en el grosor de los libros y la cantidad de hojas, por eso empecé a investigar desde la facultad un método para poder resolverlo. Ahí descubrí que inyectar gases era la solución más eficiente, porque permite una mayor penetración en los materiales, y después fui encontrando que una solución se podía dar a través de la luz UV”, detalla.

El desafío se tornó más serio luego de que compartiera con su compañeras de voluntariado que había una solución posible. ‘¿Te animás a hacerlo?’ le preguntaron a Rodolfo, y más que una pregunta fue un disparador para que el joven estudiante siga adelante con su proyecto.

“A partir de ahí empezó la parte más compleja porque no tenía la infraestructura para desarrollar un producto”, cuenta Rodolfo, quien comenzó a pensar la manera de poder avanzar con la iniciativa y materializar su idea. Allí fue cuando se puso en contacto, con Fernando Carnevale y Bernardo Gregori, de la empresa platense ION Superficies Sólidas, quienes inmediatamente se sumaron a la propuesta.

“En ese momento comenzó el desarrollo, yo como ideador y diseñador del proyecto y ellos aportando con los materiales y el financiamiento. Ahí sentí que el proyecto cobraba sentido, porque se daba una tríada perfecta entre la educación pública, la salud pública y la industria”, señala Rodriguez.

A partir de allí se inició un período de prueba y error para poder darle forma a la propuesta. En ese contexto, Rodolfo señala que fue importante el aporte de la bacterióloga e investigadora del Conicet, Laura Madueño, a quien recurrió para conocer más sobre los tiempos de radiación. Determinar cuánto tiempo se necesita de luz UV en un determinado espacio era fundamental para definir el volumen principal de la máquina.

“Es una máquina que funciona por períodos de 45 segundos, y se basa en tres ejes, la luz UV, la estructura de aluminio y la electrónica. La luz UV lo que hace es desactivar a los virus y las bacterias, evitar su reproducción”, explica el diseñador.

Al principio nadie me entendía”

Como ocurre con todo desarrollo, y más cuando se trata de un voluntariado, no faltaron los obstáculos en el camino. Hubo una crisis económica, con sus consecuentes disparadas del dólar, y una pandemia mundial, que complicaron mucho la posibilidad de avanzar rápidamente.

“Al principio yo comentaba el proyecto y nadie me entendía, lo he presentado en la facultad y también me han rechazado, no le encontraban el sentido. Tuvimos que luchar con muchas de estas cuestiones y además con los vaivenes de la economía”, expresa Rodolfo Rodriguez.

Así como se cruzaron los obstáculos también apareció la oportunidad en medio de la crisis. Si bien la pandemia obligó a postergar los tiempos, en ese contexto también se convencieron de que “lo que estábamos haciendo era viable”. “Cuando se pudieron flexibilizar un poco las medidas es cuando le pudimos dar la forma definitiva. En el transcurso de la pandemia pudimos tener el primer prototipo”, cuenta.

El producto logró cerrarse definitivamente a principios de 2022, pero por los protocolos sanitarios en relación al covid no se podía acceder al hospital libremente y la biblioteca pasó a ser un espacio cerrado. Por ello la entrega también debió esperar y recién pudo concretarse a mediados de octubre pasado.

“La máquina viene a suplir una situación específica, en cuanto a lo que tiene que ver con las bacterias y los virus, viene a asistir a las personas que trabajan en la biblioteca, pero también viene a legitimar un espacio. No es el objeto cumpliendo una función y listo, también legitima el espacio”, resalta Rodolfo.

“Fue un largo camino e implicó un esfuerzo muy grande de cada una de las partes”, agrega, con la satisfacción de haber concretado el objetivo que se habían propuesto.

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