Sábado de feria en la rambla de 13 y 59, muestra de fotos, lectura de poesía, dos escenarios, artistas invitadxs y una sola misión: festejar en la calle que uno de los espacios culturales de la ciudad cumplió tres años de organización autogestiva, colectiva y disidente
“A los tres años te vestís y desvestís solitx, a los tres ya aprendiste el nombre de la mayoría de las cosas que conocés. Laberinto Casa Club cumple tres años. Un proyecto independiente colectivo y autogestivo con el solo objetivo: que las personas, nosotris y ustedes, todz la pasemos bien mientras nos toque estar en este plano”, decía la invitación del festejo que empezó a la tarde del sábado con feria y lectura de poesía y terminó cerca de las doce de la noche después de varixs djs con el Bloco Das Pibas acompañando a la comparsa Las Chicas Prohibidas.
“Me parece que defender el espacio público es muy importante”, dijo Salvador Lovo, parte de la organización. “Estas celebraciones son generadas colectivamente. Para los espacios culturales, sobrevivir uno o veinte años es igual de difícil. La organización colectiva de los espacios culturales es hacia el interior y hacia afuera; es la configuración de formas diferentes en las que intentamos vivir, construir maneras más amables”, agregó. Durante toda la tarde estuvieron Bocha de Info, Puto y rubia, Las nunca bien ponderadas, Chapi Chap y Agus Amar y La Levon.

Fiesta pospandémica
El año pasado, el 14 de noviembre, cuando muchos bares de la ciudad ya estaban habilitados para empezar a funcionar con protocolos, en Laberinto se había organizado una muestra de talleres como para empezar la vuelta a las actividades de la casa. Durante toda la pandemia habían funcionado como un espacio de distribución de alimentos para la población travesti-trans. Pero cerca de las ocho de la noche y sin orden del juez, Control Urbano quiso clausurar.
“Amenazaban con entrar. Les facilitamos la documentación en formato digital que requerían y nos ofrecimos a ir a buscarla en forma física. Después de una larga discusión, siguieron amenazando con entrar -lo cual no pueden hacer- y siguieron metiéndose en la casa generando una situación tensa. Plantearon irregularidades con el buffet, cuando la Ordenanza plantea que se puede tener un porcentaje del espacio destinado a un buffet. Nosotros conocemos la Ordenanza y estamos en regla. Después procedieron de manera irregular y, contrario al modo en que se maneja Control Urbano según lo estipulado y la forma habitual de proceder, les pedimos que se vayan porque no es esa la forma correcta de actuar, pero no nos permitieron la posibilidad de dialogar”, dijeron desde la organización del centro cultural.
“Buscaban argumentos para demostrar que incumplíamos la habilitación del permiso ReBA. Revisaron matafuegos y protocolos de seguridad que tenemos en la casa y que están bien. Después inspeccionaron las habitaciones donde estaba la gente que había asistido a la actividad. Después de 3 horas de hostigamiento, nos labraron un acta en la que plantearon que la persona que firma es propietaria, lo cual es un error porque alquilamos el lugar y alegaron que estamos incumpliendo las normas de la cuarentena de la manera en que está planteada en este momento, lo cual también es un error. En el medio de la discusión habíamos ido a buscar la habilitación provisoria (en papel físico que reclamaban caprichosamente cuando las digitalizaciones hoy tienen la misma validez legal) y se las mostramos, pero el acta la hicieron de la misma manera, sin tener en cuenta la predisposición por parte de la casa”, agregaron.
Debido a la pandemia, Laberinto Casa Club, como muchos otros espacios culturales de la ciudad, tuvo que detener la organización de distintas actividades culturales, sociales, talleres, muestras y eventos. Modificó su dinámica y funcionó, cumpliendo con los protocolos, como un espacio de organización solidaria para recibir y distribuir alimentos y productos de limpieza e higiene personal al colectivo travesti trans, que viene denunciando desde el inicio del ASPO múltiples violaciones a sus derechos: falta de acceso a los alimentos y ayuda económica y social por no poder trabajar en pandemia, desalojos, falta de acceso a la atención de salud y medicamentos, así como también el incremento de ataques travaodiantes que se dieron en los últimos meses.
Laberinto es un espacio que se autogestiona y propone una organización solidaria y un espacio para que habiten las identidades sexuales disidentes. Tiene una proyección social y territorial, profundizada en la cuarentena en articulación con colectivos, como Venganza Afectiva, en coordinación con otros espacios culturales dentro de Fugitiva. Y esta primavera cumplió 3 años.

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